Barricadas en las calles: hoy es Francia, pronto será España
Es probable que un estudiante de instituto de la empobrecida ciudad obrera de Saint-Denis que hoy se manifieste contra el Gobierno francés no conozca la frase. La dijo James Carville, que fue asesor de Bill Clinton. Si le daban a escoger en quién reencarnarse en una próxima vida, afirmó, no elegiría ser el presidente de Estados Unidos, ni el Papa, ni un deportista de élite. Pediría ser el mercado de bonos: sólo este, dijo, es capaz de acojonar a todo el mundo.
La relación entre ese estudiante y la frase de Carville es hoy evidente. Muchas escuelas francesas se caen a pedazos. Hay menos profesores de los necesarios y los estudiantes pasan horas aparcados en aulas, muchos de ellos completamente desmotivados. Desde hace unas semanas, en respuesta, están montando barricadas en la calle. Las manifestaciones estudiantiles son una arraigada tradición francesa desde 1968, y hoy como entonces los estudiantes tienen parte de razón —un porcentaje demasiado grande del presupuesto educativo, por ejemplo, va a parar a la pensión de los profesores, no a la formación de los jóvenes—, pero esta oleada es particularmente violenta. 7.000 protestantes han sido detenidos.
Muchos en el Gobierno de Emmanuel Macron reconocen que algo se ha hecho mal. Se ha invertido demasiado en pensiones, y en solventar crisis puntuales, y poco en servicios básicos. Macron llegó al poder en 2017 prometiendo una reducción del gasto público, pero durante su mandato la deuda ha aumentado un billón de euros, hasta superar el 120% del PIB, y el país lleva tres años seguidos con un déficit superior al 5%. Además, dada la fragmentación de la Asamblea, resulta imposible aprobar un presupuesto que equilibre las cuentas.
Y no ayuda nada la cercanía de las elecciones de 2027. Ni el hecho de que los dos candidatos mejor posicionados sean dos populistas, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon. La primera ha afirmado tener un plan para contener el gasto, pero este es una fantasía basada en reducir las subvenciones a los inmigrantes y los pagos a la UE pero mantener la edad de jubilación en los 62 años para la mayoría de los trabajadores. Mélenchon dice que la solución es mucho más fácil: impagar una parte sustancial de la deuda que está en las cuentas del Banco de Francia.
El mercado de bonos, ese monstruo capaz de intimidar a todo el mundo, ha respondido a todo ello poniendo el tipo de interés de la deuda francesa a diez años en el 5%, más que en Italia o Grecia. Hoy, el Gobierno central de Francia gasta más en el pago de la deuda que en educación. Y está tan temeroso que parece paralizado. ¿Dar la razón a los estudiantes y regar de dinero la educación, y preocupar más a los mercados, que pueden seguir subiendo el precio de la deuda? ¿O dar la razón a los bonistas, intentar reducir el gasto público y crear una verdadera rebelión que beneficiaría aún más a Le Pen y Mélenchon?
De Francia a Europa y España
Es muy probable que esta crisis contagie al resto de la sobreendeudada Europa. En términos relativos, España está algo mejor. Su deuda es "solo" del 100% del PIB y el coste de sus bonos está controlado. Pero en los últimos años nuestro Gobierno ha cometido el mismo pecado que el de Francia y muchos otros: dedicar mucho dinero a gastos operativos como las pensiones o nuevos subsidios y poco a inversiones en infraestructuras ferroviarias, educación, sanidad o vivienda pública. Pedro Sánchez ha sido capaz de contener las protestas con una mezcla de seducción y cinismo muy persuasiva para los votantes de izquierdas. Pero la espita se ha abierto con la vivienda. Y si en los próximos meses se constituye un Gobierno de derechas, es probable que veamos un escenario parecido al de Francia. Muchos colectivos protestarán para intentar recuperar ahora la inversión descuidada durante ocho años. El precio de la deuda se disparará en una dinámica de contagio que, aunque no tiene nada que ver con la de la crisis de 2012, estresará aún más el presupuesto. Antes, la derecha daba una importancia casi sagrada al equilibrio de las cuentas. Hoy el PP no quiere hablar mucho de ello y el programa de Vox para no disparar los déficits es aún más ridículo que el de Le Pen.
Todos dábamos por hecho que la llegada de un hipotético Gobierno de derechas a España generaría barricadas. Estudiantes, sindicatos y sectores que no han abierto la boca en ocho años se mostrarán repentinamente airados. Aún no hemos votado y ya empezamos a verlo. Lo que complica un poco más las cosas es que el próximo Gobierno, como el de Francia hoy, tendrá que moverse en el estrecho espacio que hay entre las barricadas y el mercado de bonos. Las primeras son muy llamativas en la televisión. Pero el segundo no perdona.
Es probable que un estudiante de instituto de la empobrecida ciudad obrera de Saint-Denis que hoy se manifieste contra el Gobierno francés no conozca la frase. La dijo James Carville, que fue asesor de Bill Clinton. Si le daban a escoger en quién reencarnarse en una próxima vida, afirmó, no elegiría ser el presidente de Estados Unidos, ni el Papa, ni un deportista de élite. Pediría ser el mercado de bonos: sólo este, dijo, es capaz de acojonar a todo el mundo.
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