El último ataque de Rusia a Ucrania ha sido distinto. Y no pinta bien para Kiev
La noche del 13 al 14 de octubre, Rusia lanzó varias tandas de misiles contra ciudades de Ucrania. El saldo fue de 10 muertos, más de 90 heridos, varios edificios residenciales en llamas, y más de 600.000 personas sin electricidad en grandes urbes como Kiev o Járkiv. Una noche cualquiera bajo el continuo castigo de los misiles rusos. Salvo que esta vez, algo fue diferente.
Los misiles rusos vinieron en cuatro oleadas. 24 Zircon, 7 Iskander-M, 6 Oniks-M y 3 RM-48U (S-400 modificados). En una noche cualquiera, los servicios de ucranianos publican las alertas antiaéreas antes de que impacten los misiles, gracias a un engrasado sistema de aviso de los aliados, cuyos satélites de inteligencia detectan los disparos en Rusia con margen de apenas unos segundos. Esta vez, la alerta ciudadana se lanzó después: nadie avisó de la primera oleada de los S-400. "El primer aviso no recibimos información de los socios sobre el lanzamiento. En las siguientes tres oleadas, sí recibimos avisos de los socios", confirmó Yuriy Ignat, jefe de comunicaciones de la Fuerza Aérea de Ucrania. Del total de 40 misiles, Ucrania solo logró interceptar cuatro.
Al mismo tiempo, el sistema de comunicaciones de satélite que dirige y sostiene multitud de operaciones militares ucranianas (tanto defensivas como ofensivas), el Starlink de Elon Musk, empezó a registrar fallos. Sin previo aviso, drones guiados por los receptores de SpaceX perdían la conexión si superaban determinadas velocidades, según denunció Serhiy Beskrestnov, asesor presidencial de Volodímir Zelenski.
"Confirmo que, durante la noche, SpaceX impuso restricciones de velocidad a las terminales Starlink que operan en movimiento. La restricción se aplica al paquete de servicio militar StarShield, con un límite de velocidad de 100 millas [160 km] por hora", aseguró Bekrestnov. Varias unidades militares en el terreno han ido confirmando, en sus canales de Telegram y a diversos medios de comunicación de todo el mundo, pérdidas de servicio incluso a menor velocidad, como 70 km/hora.
"Nuestras fuerzas de defensa no recibieron ninguna advertencia sobre esta limitación [del servicio], lo que provocó la interrupción de varias misiones", admitía el asesor presidencial. Ucrania sufría, estupefacta, interrupciones de un servicio vital tanto para su campaña de ataques de media distancia en Rusia como, de manera más importante, en sus capacidades de interceptación antiaérea. Y sucede, justamente, en un momento de especial tensión con Donald Trump, que está renovando su presión sobre Zelenski, Ucrania y sus aliados. En la última semana, funcionarios de la Casa Blanca y el Pentágono han llamado a Ucrania y sus aliados europeos amenazándoles con limitar el intercambio de inteligencia si no desistían en sus ataques contra refinerías rusas.
Y aunque Elon Musk ha intentado defender —en un muy confuso mensaje— la posición de SpaceX en este entuerto como "empresa privada", el incidente dibuja una perspectiva poco halagüeña para Ucrania: los enormes riesgos de la dependencia militar de un sistema técnico en manos estadounidenses, sin ninguna alternativa europea, muy cercano además a un presidente Trump dispuesto a algo más que ser ecuánime entre Rusia y Ucrania.
Hay cierto nivel de confusión en cuanto al nivel de restricciones o motivación clara de las mismas. Pese a las amenazas de EEUU, parece que sigue fluyendo algún tipo de nivel de inteligencia militar hacia Kiev, aunque no tanta como antes, y los países europeos no han sido capaces de suplir completamente ese vacío.
La presión estadounidense se lee aún más en las limitaciones del servicio Starlink y, más importante, en el Starshield, equipos exclusivamente militares de gran capacidad, utilizados por Kiev para sostener su esfuerzo bélico. Se calcula que unas 3.000 unidades Starshield en Ucrania dependen directamente del Departamento de Defensa, por lo que estas limitaciones de servicio vendrían directamente de Washington, como pareció dejar caer Elon Musk. "Los sistemas Starshield son propiedad del gobierno de los Estados Unidos y están bajo su control. Cualquier límite de velocidad o uso lo deciden las fuerzas armadas estadounidenses y, en última instancia, el presidente de los Estados Unidos", defendió el magnate tecnológico, respondiendo a un mensaje de un antiguo aliado, el exministro de Defensa ucraniano, Mijailo Fedorov, quien aseguraba que el servicio había sido restituido a velocidades de más de 160 km/hora.
Starshield systems are owned and controlled by the US government. Any limits on speed or usage are decided by the US military and ultimately POTUS. Starlink is a commercial service owned and controlled by SpaceX. Usage of Starlink is limited to civilian or defensive activities and cannot be used for offensive military action, as doing so would be inappropriate for a commercial company.
— Elon Musk (@elonmusk) October 14, 2026
La de Musk no parece una respuesta suficiente a lo sucedido este 14 de octubre. Además de los sistemas Starshield, unidades militares ucranianas utilizan Starlink convencionales pero desbloqueados para incorporar funciones adicionales, como la de mantener el contacto incluso a grandes velocidades. Estos servicios también habrían sufrido restricciones, pese a no depender directamente del Departamento de Estado.
Lo pareció confirmar el ministro de Exteriores polaco, Radosław Sikorski, en un mensaje citando a Elon Musk en X: "Ey, Elon Musk, ¿estás otra vez jugando a la política con tus productos de nuevo? Como tus clientes europeos, te estamos vigilando". Polonia paga una importante porción de los terminales y servicios de Starlink que utiliza el Ejército ucraniano, y no es la primera vez que choca con Musk al respecto.
En 2025, justo después de la encerrona de Donald Trump a Zelenski en la Casa Blanca, y cuando EEUU había suspendido tanto la entrega de material militar comprometido como el intercambio de inteligencia, Musk alardeó de su capacidad de hacer colapsar el frente ucraniano con un solo botón. En un momento en el que la amenaza parecía muy real, Sikorski contestó al magnate, que en aquel momento trabajaba para la Casa Blanca: "El Ministerio de Digitalización polaco financia los satélites Starlink para Ucrania con un coste aproximado de 50 millones de dólares anuales. Más allá de la ética de amenazar a la víctima de la agresión, si SpaceX demuestra ser un proveedor poco fiable, nos veremos obligados a buscar otros proveedores".
Starlinks for Ukraine are paid for by the Polish Digitization Ministry at the cost of about $50 million per year. The ethics of threatening the victim of aggression apart, if SpaceX proves to be an unreliable provider we will be forced to look for other suppliers.
— Radosław Sikorski ???? (@sikorskiradek) March 9, 2025
A día de hoy, Alemania también paga parte de los Starlink con prestaciones militares, presuntamente bajo un contrato de velocidad ilimitada y hasta abril de 2027, según reporta RFE.
Impedir a Ucrania defenderse
La cuestión de la velocidad es clave. El actual límite que parece impuesto de 160 km/hora es insuficiente para la solución que Ucrania había encontrado para contrarrestar el rastro de destrucción que dejan los nuevos modelos de drones rusos Shahed, y que alcanzan grandísimas velocidades. Ucrania había comenzado a usar, con mucho éxito, sus drones interceptores guiados por Starlink para alcanzar y destruir en vuelo estos nuevos modelos rusos (conocidos como "de propulsión a chorro" en español, jet powered, en inglés).
Sin el contacto con los terminales, los interceptores ucranianos no son capaces de alcanzarlos, se estrellan o directamente se cancela su misión.
Es decir, restringiendo el acceso a los servicios Starlink, no se protege necesariamente las infraestructuras petrolíferas rusas (como parece tan encarecidamente querer hacer Trump), ya que la capacidad de guía de Starlink a más de 70 km/h no funciona en Rusia, sino que se está limitando la capacidad ucraniana para defenderse de los ataques con drones rusos.
"Es doloroso cuando el presidente Trump elige un bando y no el nuestro", lamentaba Zelenski en el programa Piers Morgan Uncensored, publicado la misma noche del 14 de octubre. El tono del mensaje era claro: los movimientos de Trump no son de neutralidad, sino de trabajar activamente en favor de los intereses rusos.
Especialmente cuando los últimos ataques rusos han tenido como objetivo cerca de una treintena de instalaciones eléctricas, según la presidencia ucraniana, apenas unos días después del anuncio unilateral de Trump de una "tregua energética" entre ambos países.
Rusia ha asegurado que desconoce los detalles de dicha tregua, por lo que no se ve atada a la misma. Ucrania, mientras tanto, ha sufrido amenazas directas y explícitas desde el Pentágono y la Casa Blanca de que se cortará toda cooperación en inteligencia si vuelven a atacar cualquier refinería, según reporta el Washington Post.
La posibilidad de que EEUU pueda restringir o desconectar un sistema de comunicaciones militarmente crucial, en línea con los intereses de Donald Trump, pone de manifiesto los riesgos de depender de un proveedor tecnológico privado cuyas decisiones pueden afectar directamente a las capacidades militares de un aliado. Y lo peor es que no se puede decir que pillara a nadie por sorpresa.
La noche del 13 al 14 de octubre, Rusia lanzó varias tandas de misiles contra ciudades de Ucrania. El saldo fue de 10 muertos, más de 90 heridos, varios edificios residenciales en llamas, y más de 600.000 personas sin electricidad en grandes urbes como Kiev o Járkiv. Una noche cualquiera bajo el continuo castigo de los misiles rusos. Salvo que esta vez, algo fue diferente.