Koovakad: la devoción es inseparable del cuidado del ser humano - Vatican News
Koovakad: la devoción es inseparable del cuidado del ser humano
Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano
«¡Namaste!». Con el saludo tradicional originario de la India y Nepal, el cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, inauguró el encuentro de diálogo entre sijs y cristianos titulado «Juntos para promover la solidaridad y el servicio en favor de la paz en el mundo», celebrado ayer, 21 de octubre, en el Nishkam Centre de Birmingham, Inglaterra. El purpurado se encuentra en el Reino Unido desde el 13 de octubre y permanecerá allí hasta hoy, 22 de octubre, para participar en una serie de eventos dedicados al diálogo interreligioso. Como explicó Koovakad, el encuentro ha representado un impulso adicional a los progresos realizados a lo largo de los años mediante los compromisos recíprocos de colaboración, en particular a partir del encuentro del 15 de junio de 2013, celebrado precisamente en el Nishkam Centre, en el que participó el cardenal Jean-Louis Tauran, entonces presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso.
Pensar en términos de comunidad
El cardenal se detuvo, a continuación, en la palabra «solidaridad», tema central del evento, analizando su significado etimológico como «un vínculo de responsabilidad recíproca». Como afirmaba san Juan Pablo II, cuya memoria litúrgica se celebra hoy, en la encíclica Sollicitudo rei socialis, esta interdependencia, cuando se reconoce «como actitud moral y social, como virtud», constituye precisamente la solidaridad. Por su parte, el Papa Francisco, en la Audiencia General del 2 de septiembre de 2020, deseaba una «nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos frente a la apropiación de los bienes por parte de algunos». Desde esta perspectiva, según Koovakad, la solidaridad se traduce en «compartir con los demás los recursos materiales, espirituales y humanos» y conlleva a menudo sacrificios que, sin embargo, ponen de manifiesto «lo mejor de nuestra humanidad, de nuestra bondad y de nuestra religiosidad».
La solidaridad con ocasión de catástrofes y emergencias
En el ámbito del diálogo interreligioso, el prefecto destacó la «creciente toma de conciencia» que ha madurado en los últimos tiempos, especialmente «con ocasión de catástrofes naturales o provocadas por el hombre, situaciones de emergencia y momentos críticos para el bienestar de la sociedad». En este contexto, expresó su aprecio a «nuestros hermanos sijs» por su compromiso concreto en el apoyo a las personas que sufren y a cuantos se ven afectados por las distintas crisis que se producen en el mundo.
Un testimonio que alimenta la esperanza en una sociedad en la que se extiende esa «cultura de la indiferencia» ante la que el propio Papa Francisco advertía, invitando a transformarla en compasión, encuentro y, nuevamente, solidaridad.
La vocación común al servicio desinteresado
Al pasar a los puntos de contacto entre las dos tradiciones religiosas, Koovakad identificó una vocación común al «servicio desinteresado», que en el sijismo recibe el nombre de seva y constituye uno de sus tres principios fundamentales. La manifestación concreta de este espíritu es el langar, el comedor gratuito abierto a todos en los gurdwaras, los lugares de culto sijs. «Aquí cada hombre y cada mujer, independientemente del género, del color de la piel, de la religión que profese o de la condición social, puede encontrar una comida gratuita para alimentarse», explicó el cardenal.
También el cristianismo reconoce en el servicio una «dimensión imprescindible» de su propio camino. Desde el gesto de Jesús que lava los pies a los discípulos hasta las múltiples formas de servicio que se llevan a cabo hoy, en particular por parte de sacerdotes, religiosos, religiosas y agentes eclesiales comprometidos en la asistencia y en la acción social, todo constituye «un testimonio elocuente de la vocación de los cristianos a servir, sobre todo a los pobres, a las personas vulnerables y a cuantos se encuentran en situación de necesidad».
Contra el egoísmo desenfrenado
Ambas tradiciones, observó Koovakad, «muestran, pues, de manera admirable que la verdadera devoción a lo Divino es inseparable de un cuidado activo y compasivo de la humanidad». A este respecto, el cardenal recordó la figura de santa Teresa de Calcuta, quien, en un mundo en el que «se habían globalizado la economía y el libre mercado», contribuyó a «globalizar el amor y el servicio a los más pobres entre los pobres». La santa, recordó, proclamaba con claridad: «El fruto del amor es el servicio, y el fruto del servicio es la paz».
Palabras de gran actualidad y urgencia en la sociedad actual, «materialista y consumista», constató el purpurado, en la que «el egoísmo desenfrenado, la avidez y el egocentrismo de algunos perpetúan las desigualdades, las injusticias, la violencia, los conflictos y toda forma de explotación y discriminación contra los pobres y las personas desfavorecidas».
El proyecto universal de paz
Koovakad concluyó citando nuevamente a san Juan Pablo II y su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1987: «Una vez que comprendemos verdaderamente que somos hermanos y hermanas en una humanidad común, entonces podemos modelar nuestras actitudes ante la vida a la luz de la solidaridad que nos hace uno. Esto es especialmente cierto en todo lo relacionado con el proyecto universal fundamental: la paz».
Las autoridades presentes en el encuentro
Estuvieron presentes en el encuentro, y fueron saludados al comienzo del discurso por Koovakad, Bhai Sahib Mohinder Singh Ahluwalia, mukhi-sewadar («voluntario principal») de la organización sij Guru Nanak Nishkam Sewak Jatha, con sede precisamente en Birmingham; Bernard Longley, arzobispo de la ciudad inglesa y presidente del Departamento para el Diálogo y la Unidad de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales; y Patrick McKinney, obispo de Nottingham y copresidente del mismo Departamento.