La gran industria, en estado de alarma por los precios de la energía y la parálisis por el 29-N
Las grandes empresas industriales españolas empiezan a estar contra las cuerdas. Desde el pasado mes de marzo, y una vez que se enquistó el conflicto en Oriente Próximo, los precios de la energía se han disparado. Primero el petróleo, luego el gas natural y, finalmente, ... se ha contagiado a la electricidad. Esto supone un problema para la gran industria para la que, en muchos casos, los costes energéticos suponen una de las partidas de gasto más grandes. La situación ha ido empeorando porque no se han ofrecido alternativas concretas y, lo peor de todo, las elecciones generales del próximo 29 de noviembre amenazan con una parálisis que se puede alargar hasta primavera. Entonces, quizá sea tarde para muchas empresas.
De la cerámica al papel, pasando por los productos químicos, la siderurgia o el cemento, estas industrias han tenido un comportamiento muy tímido en el primer semestre del año. Incluso, en algunos casos ha habido descenso de la producción. Esto se debe, en gran medida, a ese problema de costes derivado de los altos precios energéticos.
En este contexto, según explican a este periódico desde diversas industrias afectadas, lo que antes eran anuncios sin aparente recorrido, en relación a la deslocalización de fábricas, ahora sí ha empezado a convertirse en una realidad. Si otros países ofrecen mayores coberturas a nivel energético, por ejemplo con una fiscalidad finalista menos exigente, algunas empresas que quieran abrir nuevas líneas de producción empezarán a pensar en otras regiones. Sobre todo, si se alarga en el tiempo la crisis global sin que en España se tomen medidas.
De forma pragmática, según el Barómetro de AEGE, considerando las medidas de apoyo existentes en cada país, un consumidor electrointensivo equivalente afronta en Francia un precio final de la electricidad un 34% inferior al español. En Alemania, el coste sería un 12% menor. Esta situación la expone la industria como un problema para el que nadie parece tener respuesta.
Sin respuesta política
En lo que va de octubre, solo ha habido un día con el precio de la electricidad en el mercado mayorista por debajo de los 100 euros el megavatio. Por contra, hasta dos jornadas se han superado los 200 €/MWh. El resto, siempre en umbrales anormalmente altos.
Bajo este escenario, surgen voces que recriminan a la industria no haber aprendido nada de la crisis vivida durante la guerra de Ucrania, y que ahora tengan mayores coberturas energéticas a nivel de precio, por ejemplo, con contratos a largo plazo. Sin embargo, desde el sector industrial defienden que si el mercado ofrece ventajas yendo al ‘pool’ diario cuando los precios son más bajos, no van a desaprovechar esa oportunidad y plantean el debate de quién sale ganando en momentos de crisis.
Las previsiones para los próximos meses, tanto con los costes del gas como la electricidad, se mantienen parecidos a los actuales. Esto lo saben desde el Ejecutivo que, sin embargo, ha decidido no tomar cartas en el asunto, y desde la industria se lamentan de que ya no lo vaya a hacer en la actual tesitura donde no hay manera de controlar los precios de forma orgánica.
Y es que las elecciones del 29-N crean una profunda incertidumbre para la industria. Por un lado, y una vez que el Gobierno ha legislado para amortiguar el impacto de los precios de los carburantes, fuentes empresariales creen que a estas alturas no se tomarán más decisiones. Pero a medio plazo también preocupa lo que tarde en formarse nuevo gobierno una vez pasen las elecciones. Esa situación, que puede prolongarse varios meses, provocaría estar un año con los costes energéticos disparados.
Futuro peligroso
Petróleo, gasolina; gas natural y electricidad. Las materias primas y el posterior uso energético de ellas se retroalimenta para que los costes vayan a estar disparados los próximos meses. Así al menos lo reflejan las curvas de los mercados de futuros, que son las que incorporan las expectativas de los actores que participan en el mercado. No se trata de algo fijo, y muchas veces cambia de un día para otro, especialmente si hay un suceso que puede variar todo en los días venideros.
Atendiendo a lo que ahora mismo tiene presente el mercado, para los próximos meses el petróleo Brent, que ayer superó los 112 dólares por barril, continuaría estancado por encima de los 90 dólares, y mantendría una línea de precios por encima de los 85 dólares hasta final de 2027. Una situación que no solo tiene su impacto sobre la economía global sino también para los consumidores a través de la vía de contagio del precio de los combustibles.
¿Alarma justificada?
Conflicto en Ormuz
Desde hace meses se anuncia que el conflicto en Oriente Próximo está próximo a acabarse; sin embargo, el petróleo y el gas no fluyen con normalidad y eso sigue lastrando la economía mundial
Crisis energética
Ya no se puede ocultar que hay un problema de precios. El mercado eléctrico está por encima de los 100 €/MWh, y el gas se ha instalado en unos peligrosos 80 euros. Para los consumidores energéticointensivos esto es insostenible.
Parálisis política
Antes, durante y después de unas elecciones generales el país entra en una especie de siesta de la que tarda mucho en levantarse. Eso preocupa mucho a las empresas industriales que necesitan medidas urgentes.
En cuanto al gas natural, que tiene un doble uso, como fuente de calor para las empresas y como materia prima para generar electricidad, su precio está en máximos desde 2023, y no baja de los 80 €/MWh desde hace varias semanas. Y con la curva de futuros sucede lo mismo. Mientras que se tenga presente el conflicto en Oriente Próximo, los analistas no prevén que cambie nada.