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Friday, 16 October 2026
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La transición estética en Fundación March: el millar de hallazgos

Hasta la fecha se habían organizado exhibiciones dedicadas a décadas concretas o a aspectos específicos del arte español tras la instauración de la democracia; ahora la Fundación Juan March ha querido brindar una de sus exposiciones más ambiciosas y complejas al conjunto de ese periodo, y abordándolo en un sentido amplio: desde que era posible otearlo, porque las transformaciones sociales parecían adelantarse a las políticas -los años sesenta-, hasta nuestra época, por ser aquella etapa, aún, objeto de cuestionamiento.

José María Parreño y Germán Labrador comisarían una muestra que, además, abarca prácticamente en su cronología el desarrollo de la actividad cultural de aquella institución, que arrancó justamente en los sesenta, tiempo antes de que se levantara su sede de la calle Castelló -entre 1973 y 1985- y de que, en 1975, ofreciera su primera muestra en torno a un artista internacional, que fue Oskar Kokoschka.

Esta propuesta, que en palabras de Parreño no plantea una historia visual de la transición, sino en todo caso una transición de la historia visual, se articula justamente en décadas y a partir de casos de estudio ligados a exposiciones clave y al progreso del tejido cultural (el primero corresponde a Picasso y la construcción de su museo en la Barcelona desarrollista). Cuenta con trabajos de cerca de doscientos autores españoles y setenta extranjeros -algunos, como Duchamp, prácticamente inéditos para la mayoría hasta esas fechas- y en algunos de ellos cobra importancia el público, presente como motivo en ciertas composiciones (Elliott Erwitt, Equipo Crónica, Miguel Trillo) o en las referencias a la recepción de las muestras analizadas; así, se desean subrayar las relaciones entre la paulatina apertura política y ciudadana y la artística en el tardo, el post y el antifranquismo. Ha recalcado Labrador que, aunque estética y cultura suelen desplegarse de forma autónoma respecto a los procesos sociales, no podemos hablar en ningún caso de deshistoricidad, de una forzada desconexión.

El recorrido se abre con un quiosco de publicaciones que nos recuerda que en los últimos sesenta años se ha pasado de la escasez de prensa especializada a la relativa proliferación de ésta y la llegada a nuestro país de revistas internacionales. Una vez inmersos en las salas, de montaje abigarrado, detectaremos cómo en los años previos e inmediatamente posteriores a la muerte de Franco se cultivó un arte de resonancias políticas y, a continuación, esas inquietudes quedaron diluidas durante una larga etapa para revivir desde 2000, cuando los asuntos sociales vuelven a convertirse en eje temático.

El arte, como la literatura (sobre todo en los sesenta), la música (en los ochenta) y el cine (en los noventa), refleja la sociedad, en las tesis de esta exposición, pero también prescriben: lo que se leía y escuchaba en los sesenta y los setenta -han apuntado los comisarios- estaba muy por delante de las estructuras políticas de entonces y hasta cierto punto esbozaba una transición que, según Parreño, no llegó a darse del todo.

De Picasso a Lluis Hortalà, artífices respectivamente de la pieza más temprana y la más reciente, esta exhibición manifiesta, además, el progresivo protagonismo de las piezas de autoría colectiva y las que buscan crear situaciones o maneras de pensar, el «arte descontento» al que Parreño se refirió en el libro del mismo título.

«La transición estética», que así se llama esta muestra, abierta hasta enero de 2027, evoca cómo éste fue el momento en que, con décadas de retraso, se dieron a conocer en España autores internacionales, y en algún caso patrios en el exilio, de la talla de Kandinsky, Meret Oppenheim, Maruja Mallo, Remedios Varo, Anni Albers, Matisse, Klee, Giacometti, Motherwell, Kosuth, Cage o Ana Mendieta; en el caso de Picasso, que eligió no regresar a España, pudo saber que, en 1960, una presentación de sólo treinta de sus piezas en la Sala Gaspar barcelonesa cosechó tal éxito de visitantes que hubo que implantar controles de acceso y, también, que en 1971 su Suite Vollard despertó iras religiosas en la galería Theo. Juan Gris, en 1977, no corrió la misma suerte allí mismo, donde no vendió ni un solo trabajo.

Y no mucho después, en 1983, el pop art tomó Madrid: Andy Warhol inauguró en Fernando Vijande -retratando al galerista- y Roy Lichtenstein en la propia Fundación March. Entre uno y otro espacio mediaba apenas una calle.

La documentación que acompañará sus piezas -no sólo en la muestra, sino también online- nos ayudará a entender cómo se recibió e interpretó ese arte que se introdujo en España a través de la crítica en radio, televisión o prensa, hasta que, como apreciaremos en la última sección, la movilidad de artistas y la organización de iniciativas en colaboración hayan propiciado que el contexto cultural, al menos en Europa occidental, sea hasta cierto punto común ya en este siglo.

Completando este proyecto, la Fundación Juan March ha entrevistado a una veintena de figuras importantes del panorama artístico en la transición; sus intervenciones podrán verse en Canal March, bajo el epígrafe de Cuéntennos. Una historia oral sobre las transiciones culturales en España. Además, ya el 30 de noviembre se estrenará Autorizada para todos los públicos. Una película sobre las transiciones de la cultura en España, film que recogerá material inédito, grabaciones de la exposición y comentarios de especialistas.

«La transición estética. España, 1960-2020»

C/ Castelló, 77

Madrid

Del 16 de octubre de 2026 al 10 de enero de 2027

Originally reported by MASDEARTE.