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Thursday, 05 November 2026
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Manuel Zamorano, del bullying infantil a peinar a Sara Montiel o Naty Abascal: "Me encontré a una Montiel muy sola"

Manuel Zamorano siempre quiso ser peluquero y cumplió su sueño cuando abrió su primer local en Madrid. Después siguieron otros hasta el día de hoy, cuando recibe a sus clientas, muchas de las cuales se han convertido, a lo largo del tiempo, en amigas. Entre estas amistades de antes y ahora se encuentran Naty Abascal, Ana Rodríguez y, sobre todo, Sara Montiel, que fue quien le dio visibilidad. La peinó en todas sus apariciones, incluida su estrambótica boda. Hasta su muerte estuvo con ella y la acompañaba casi en calidad de hijo. Recuerda cómo en su infancia y juventud no lo pasó bien. No existía la palabra bullying y sufrió por ser distinto al acudir a clases de baile y peinar a las mujeres del pueblo. Todo eso forma parte de un pasado en el que siempre tuvo el apoyo de sus padres, que entendieron que instalarse en Madrid era una buena idea. Su último proyecto ha sido crear, junto a la empresa catalana Termix, unos cepillos de pelo únicos que presentará el próximo 12 de noviembre en una gran fiesta en el Teatro Magno, con un spot divertido con protagonistas especiales que van a sorprender.

Pregunta. ¿Quién es Manuel Zamorano?

Respuesta. Soy un señor que nació en Noblejas, un pueblecito de Toledo de 3.000 habitantes, salió de su pueblo y arriesgó. Puedo decir que me he convertido en lo que quería ser desde pequeño, que era ser artista del pelo.

P. ¿Por qué saliste de Noblejas?

R. Nunca fui feliz en mi pueblo, ni cuando era pequeño ni en la adolescencia. Al final, los niños son muy crueles, pero, según fui creciendo, fue a peor la cosa. Desde pequeñito me gustaba el arte, bailar, pintar, cantar. Si había teatro, yo era el primero que me apuntaba, y lo mismo en el coro. El problema surge cuando haces todo ese tipo de cosas que no hacen los niños normales. Entonces llegaban los insultos. Mi madre me tenía que acompañar a ballet. Iba a una clase donde había cincuenta niñas y yo era el único chico. Recuerdo a mi madre preguntar a otro niño: "¿Por qué no quieres estar con Manuel?". Y el niño contestaba: "No quiero porque es mariquita". Y fui creciendo y las cosas iban a peor.

"Me hicieron la vida imposible. Pintaban en la puerta de mi casa, donde tenía la peluquería, con pintura. Mi madre se levantaba temprano para limpiarla, para que yo no lo viera"

P. ¿Y en el colegio no hacían nada?

R. Si hubiese sido ahora, creo que se habrían tomado medidas. Me hicieron la vida imposible, sobre todo porque me pintaban en la puerta de mi casa, donde tenía la peluquería, con pintura. Y mi madre se levantaba temprano para limpiarla, para que yo no lo viera. Nunca he tenido una pandilla de amigos como tal. Mi hermana siempre me defendía cuando me iban a pegar. Mi hermano, al que le saco cinco años, era el típico que a la mínima daba un guantazo al que fuera si se metían conmigo.

P. Como en las películas. Dejas tu pueblo hace veinte años para triunfar en la capital.

R. Mis padres me dicen: "Te vamos a ayudar en lo que podamos, pero económicamente es complicado". En casa solo había un sueldo y era para mantener a la familia. Yo tenía un poquito de dinero ahorrado, 600 euros. No se me puede olvidar.

P. ¿Y qué hiciste?

R. Me instalé en Madrid con Raúl, que era mi pareja. Esto también fue complicado porque mis padres no sabían nada de mi historia personal. Cuando venían a Madrid, me decían: "Pero ¿dónde te quedas? Queremos ir a ver tu casa". Y Raúl me decía: "Aquí no pueden venir porque solo hay una cama". Entonces todo era más complicado. ¿Y sabes lo que hice? Me puse a trabajar en El Corte Inglés con el grupo L’Oréal, de maquillador. Le caí muy bien a la jefa y me fue rotando por todos los centros. Y eso que ya tenía mi carrera, mi peluquería y era el peluquero de Sara Montiel, de Ana Obregón, de Ana Rodríguez, la mujer de José Bono. Pero yo no quería eso. Lo que quería era ganar dinero, que me pagaban muy bien, y trabajaba turno de mañana o de tarde para montar mi peluquería.

P. ¿Recuerdas aquel primer local?

R. Claro. Era en la calle Doce de Octubre, muy pequeñito, de cuarenta metros, y di la entrada, que eran 600 euros de alquiler, y lo pintamos Raúl y yo. Compré dos espejos, dos sillas y un lavacabezas. Solo tenía eso y estaba yo solo. Yo cortaba, yo lavaba, yo teñía, yo cogía el teléfono, yo... Y enseguida empecé a tener gente, gente, gente, gente.

"Sara me abrió muchas puertas. He sido como su hijo, que la acompañaba a los médicos. Me encontré a una Sara muy sola"

P. ¿Y cómo fue hacerte la clientela en un sitio que no conocías?

R. Sara Montiel vino a la inauguración y se enteró todo el barrio. Coloqué un vestido suyo en el escaparate y la gente preguntaba: "Pero... pero ¿esto es una peluquería o qué es?". Ya pude contratar a profesionales. Poco después me cambié a un local que había enfrente; ya era de cien metros y así empecé. Y ahora aquí, en Villanueva.

P. ¿Y tu primer encuentro con Sara Montiel?

R. Sara estaba liada con Agustín, que era el alcalde de mi pueblo y la mano derecha de José Bono. Y ella iba por toda La Mancha dando los mítines para que ganase las elecciones como presidente de Castilla-La Mancha y se enamora del alcalde. Su hija, que es una de mis mejores amigas, me llama y me dice: "Está la Montiel aquí". Fui a verla y le dije: "Mire, yo soy peluquero. Si algún día me quiere usted ver". Y ella: "¡Ah!, pues no tengo peluquero". Al día siguiente fui a su casa en Núñez de Balboa y la peiné. Desde entonces no nos separamos. Me abrió muchas puertas, porque yo trabajé para MTV, hice Vogue Joyas. He sido como su hijo, que la acompañaba a los médicos. Me encontré a una Sara muy sola.

P. ¿Crees que no se le han hecho los homenajes que se le tenían que hacer?

R. Decía que si hubiese nacido en Estados Unidos sería una Ava Gardner. Se quedó con la cosa del Goya de Honor, que nunca se lo dieron. La última vez que fue a la gala la colocaron en el gallinero y dijo: "Miradme bien porque no me vais a volver a ver nunca más". Y nos fuimos de la gala. Y no volvió en su vida.

"No he cogido un cepillo y le han puesto mi nombre. He estado en todo el proceso. Sé lo que hace falta en mi profesión porque trabajo todos los días con esas herramientas"

P. Otra mujer impactante en tu vida es Naty Abascal.

R. Estuve con ella en los premios Harper’s Bazaar y su entrada con Mario Testino fue de película. Una señora imponente con un vestido con la espalda al aire y taconazos que, a sus 83 años, superó a todas las mujeres de la fiesta.

P. ¿Qué queda de aquel chico que salió del pueblo de Toledo?

R. La ilusión de seguir con mis proyectos. He sacado mis cepillos. He creado con Termix, una marca española que tiene la fábrica en Lleida y que está en 90 países, unas herramientas de trabajo. Y digo "he creado" porque no he cogido un cepillo y le han puesto mi nombre. He estado en todo el proceso, del principio al fin. Sé lo que hace falta en mi profesión porque trabajo todos los días con esas herramientas. Son cepillos con una fibra natural y especial, los agujeros romboides para que pase más aire y seque antes el pelo, el mango de goma para que no se te escurra si tienes las manos mojadas. De momento saco tres tamaños y uno de desenredar. Y con el tiempo ampliaremos la familia. El spot es muy divertido y está inspirado en el ‘Marvellous’ de Sara Montiel para MTV. Hay muchas caras conocidas. La protagonista es Belén Esteban y están Toñi Moreno, Pilar Vidal, Valldeperas, Javi, mi pareja…

Manuel Zamorano siempre quiso ser peluquero y cumplió su sueño cuando abrió su primer local en Madrid. Después siguieron otros hasta el día de hoy, cuando recibe a sus clientas, muchas de las cuales se han convertido, a lo largo del tiempo, en amigas. Entre estas amistades de antes y ahora se encuentran Naty Abascal, Ana Rodríguez y, sobre todo, Sara Montiel, que fue quien le dio visibilidad. La peinó en todas sus apariciones, incluida su estrambótica boda. Hasta su muerte estuvo con ella y la acompañaba casi en calidad de hijo. Recuerda cómo en su infancia y juventud no lo pasó bien. No existía la palabra bullying y sufrió por ser distinto al acudir a clases de baile y peinar a las mujeres del pueblo. Todo eso forma parte de un pasado en el que siempre tuvo el apoyo de sus padres, que entendieron que instalarse en Madrid era una buena idea. Su último proyecto ha sido crear, junto a la empresa catalana Termix, unos cepillos de pelo únicos que presentará el próximo 12 de noviembre en una gran fiesta en el Teatro Magno, con un spot divertido con protagonistas especiales que van a sorprender.

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