Premio Nacional de las Letras 2026 para Enrique Vila-Matas como gran hito en la tradición de Borges y Cervantes
El jurado ensalza «su influencia decisiva en la narrativa contemporánea» y el modo magistral en que encarna «los principios medulares de la ficción posmoderna»
28 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.No enmienda el error pero endulza la desazón. Después de que este mismo año se haya quedado en el camino en las carreras finales del premio del millón de euros de Aena y del Nobel de literatura —con una bolsa similar—, y del Cervantes, Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) fue bendecido este martes con el prestigioso Premio Nacional de las Letras Españolas, que otorga el Ministerio de Cultura y comporta una recompensa económica de 50.000 euros. Aunque no es una cuestión de dinero, se trata de que ha faltado generosidad en este país para reconocer el talento único e indiscernible del creador de obras como Doctor Pasavento (2005). Porque lo que aquí es un autor de culto, un secreto a voces, que, sí, nunca venderá lo que Arturo Pérez-Reverte e Isabel Allende, más allá de los Pirineos goza de indiscutible reputación. Dice el cineasta Andrés di Tella que si uno pregunta en Argentina cuál es el más grande escritor español vivo, la respuesta señalará a Vila-Matas, porque allí, subraya, la literatura es un asunto pasional casi como el fútbol, y da igual los ejemplares que despache en librerías. Aquende el Atlántico pareciera que pesan aún las envidias y el recelo —o las malditas capillas—, lo mismo que quizá dejó a Javier Marías también sin el Cervantes y el Princesa de Asturias.
Sea como fuere, el jurado del Premio Nacional de las Letras hizo su trabajo al distinguirlo por «su influencia decisiva en la narrativa contemporánea, su aportación a la tradición borgiana en lengua española, así como por una originalidad formal y fidelidad al espíritu metaficcional de Cervantes desde una dilatada y ejemplar trayectoria». Según elogia el fallo, Vila-Matas encarna de modo magistral «los principios medulares de la ficción posmoderna a través de un estilo particular donde las fronteras entre realidad y fabulación se difuminan y entremezclan con absoluta fluidez, construyendo un universo literario que dialoga con la tradición mientras la reinventa». E incide de forma certera: «Al convertir la duda en método y la lectura en aventura, reivindica la creación literaria como un arte de la inteligencia y del placer».
El jurado argumenta además que «su cuestionamiento de la autoridad narrativa, sumado a su agudeza y un humor que raya en el laconismo y la ironía», lo erige en uno de los escritores más subversivos del panorama de la lengua castellana. Su obra, profundiza el dictamen, sustenta un proyecto creativo y arriesgado en el marco de las letras hispánicas, que, «a través de un viaje metaliterario apoyado en la cita, el mestizaje y el juego ensayístico, investiga a fondo el género de la novela, la autoría, la identidad personal y el porvenir de la escritura».
«A través de un viaje metaliterario apoyado en la cita, el mestizaje y el juego ensayístico —reza el fallo—, [Enrique Vila-Matas] investiga a fondo el género de la novela, la autoría, la identidad personal y el porvenir de la escritura».
Asimismo, el jurado —que integraron, entre otros, los gallegos Víctor F. Freixanes, representando a la Real Academia Galega, y Ángel Basanta Folgueira, a la Asociación Española de Críticos Literarios— recordó que su creación, en su carácter profundamente filosófico, poética y libérrima, «reflexiona sobre el papel de la literatura en el mundo actual y dialoga con la de otros autores —inconformistas y arriesgados, capaces de enfrentarse al fracaso en una especie de abismo propio—, erigiendo con ello todo un canon particular que nos conecta de forma imperecedera con los valores más esenciales de lo humano». Maestro del quiebro y especialista en abrir nuevos frentes, concluye el fallo, Vila-Matas es un autor inclasificable y sorprendente, cuya pasión por la literatura lo ha llevado a ser uno de los autores españoles más reconocidos en la escena internacional.
Es con esa capacidad para el quiebro que su literatura ha hecho de la incapacidad para escribir y del fracaso uno de sus grandes temas, en un universo en que el Bartleby de Herman Melville —y su «preferiría no hacerlo»— actúa casi como demiurgo de un prometedor viaje en que las próximas estaciones de su peculiar Ulises son la decisión de plantarse y dejar de escribir, la huida o directamente la disolución de ese mal imitador de Robert Walser y de Thomas Pynchon que es el doctor Pasavento.
«Siempre desconfío de lo que escribo y de la realidad», dice el premiado
En un tono irónico presente en sus novelas, Enrique Vila-Matas agradeció ayer el galardón: «Que me premien donde sea, hasta en un campeonato de natación; también me animaría, así que todo se agradece y estimula», añadió el autor desde la librería barcelonesa +Bernat, donde había quedado por la mañana con el escritor asturiano Alejandro Basteiro. «Tenía previsto hablar con él, tener una conversación entre escritores, pero nada más empezar ha habido una llamada al móvil que me ha parecido que no era de fiar, porque cuando no conozco a la persona que me llama, no me pongo. Era María José Gálvez, de la Dirección General del Libro», para comunicarle el premio.
Sobre el veredicto, incidió en que, pese a ser «muy acertado», rectificaría la «manía» de decir que escribe metaliteratura. «La metaliteratura no es más que una reflexión sobre la escritura. En el Quijote se habla de libros de caballerías y ya hay una reflexión sobre lo que se escribe, pero eso no es metaliterario. No lo hace Cervantes y no lo hago yo», añadió el autor de Montevideo (2022), que denunció que «son etiquetas que se ponen». «La otra muy repetida —insistió— es la de autoficción, aunque casi ya no me la ponen. No existe, solo hay ficción y eso es a lo que me dedico, a la ficción literaria. La no ficción es una etiqueta comercial; los hechos reales son hechos reales, pero cuando escribimos, sin querer, deformamos lo que explicamos».
En cuanto a su ocupación actual, confesó que está escribiendo sobre una mala experiencia que vivió el año pasado. «Más allá de expresar el terror vivido, me es imposible trasladarlo a la escritura, así que realmente es la reflexión sobre la imposibilidad de expresarse literariamente», adelantó. También repasó su visión de la literatura, «la de un juego, lúdica», que ejemplificó con los artículos dirigidos a sus «supuestos rivales al Nobel», textos en los que «los alababa muchísimo, pero al tiempo les dedicaba una línea para decir que eran muy pesados».
Habló sobre su relación con la IA, a la que hace «preguntas muy difíciles» y vuelve «loca». «Me llega a decir cosas imposibles. La usé para el prólogo que estoy escribiendo y me llegó a decir que hay una calle en Barcelona que lleva mi nombre», rio. «Marsé me acusaba de leer la realidad como si fuera fraudulenta y me encanta —proclamó—. Siempre desconfío de lo que escribo y de la realidad, pero no de este premio», concluyó.