Sara Zapico, gijonesa bioquímica forense: «Nueva York es una ciudad llena de oportunidades» | El Comercio: Diario de Asturias
Desde su residencia en Manhattan, la gijonesa Sara Zapico revela que llegar a ser forense era su sueño de niña. Le encantaban las novelas de ... Agatha Christie y jugar a resolver misterios con Detectinova, luego su tía le descubrió los libros de Robin Cook, escritor policiaco y médico, cuya serie ambientada en la Oficina del Forense de Nueva York la fascinó. Estaba lejos de imaginarse que ese mismo escenario u otros más 'peliculeros' como los laboratorios del FBI, la DEA y hasta el Servicio Secreto iría a frecuentarlos en visitas con sus alumnos del New Jersey Institute of Tecnology, donde imparte docencia e investiga. Tampoco pensaba, seguramente, que iba a ser reconocida, como lo ha sido recientemente, Educadora Nacional en Ciencias Forenses del Año en los Estados Unidos. Y es que hay sueños que se cumplen cuando se persiguen con voluntad, tenacidad y esfuerzo.
Su vocación por resolver misterios la llevó a cursar Biología y Bioquímica en la Universidad de Oviedo, donde investigó en el Instituto Universitario de Oncología en el grupo de Carmen Rodríguez Sánchez. Luego, su formación se orientaría al ámbito de la genética y antropología forenses. En ese campo investigó en la unidad forense del Comité Internacional de Cruz Roja en Ginebra y también con una beca postdoctoral en el Smithsonian Institute (que inspiró en la ficción el Jeffersonian Institute de la serie 'Bones').
Sobre sus líneas de investigación, la científica asturiana, explica que una de ellas partió de «la necesidad que vi en antropología forense de que cuando encuentras un esqueleto adulto resulta difícil determinar la edad que tenía cuando murió, algo crucial cuando buscas a una persona desaparecida». En el Smithsonian cuenta que trabajó «en determinar la edad mediante técnicas bioquímicas. Luego me fui a la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) y allí desarrollé una aplicación epigenética de lo que pasa más allá del ADN, para la estimación de la edad. Y es ahora la línea de investigación que estoy siguiendo, aunque también aplicamos técnicas de imagen». Otra línea de investigación en su laboratorio es «una colaboración con una empresa alemana, y es la identificación de fluidos biológicos. Y es que cuando llegamos a una escena de un crimen y vemos restos de fluidos en rojo pueden ser sangre, pero podría ser ketchup, también. Ayudamos a validar técnicas de identificación de fluidos mediante test rápidos, tipo covid, que desarrolla esa empresa. Este mismo mes hemos publicado precisamente uno de estos trabajos para detectar, en casos de violación, saliva y semen simultáneamente».
En ese sentido, Zapico no tiene dudas de que haber elegido los Estados Unidos para desarrollar su carrera de investigadora fue lo correcto, porque allí «una de las especialidades en las que más se invierte en mejorar son las ciencias forenses y los estándares en identificación». También, porque en la comparativa con España «para ser científico forense, aunque están los Institutos Toxicológicos, o te vas a la Policía o a la Guardia Civil. Aquí, por ejemplo, mis alumnos con licenciatura en ciencias forenses hacen prácticas en el FBI, y luego pasan a laboratorios criminalísticos donde adquieren la experiencia que les va a llevar a ser forenses. Es algo que veo mucho más positivo».
De la vida cotidiana, destaca poder vivir en Nueva York, «una ciudad que me encanta y llena de oportunidades a nivel cultural. Si eres residente puedes ir a la Ópera por 25 dólares y los museos son gratuitos también para los residentes. O el transporte público, que me permite ir a trabajar a New Jersey en tren, casi en el mismo tiempo que empleaba en ir de Gijón a Oviedo cuando estudiaba». Y de la tierrina, echa en falta a su familia, «aunque voy dos veces al año». Volver no es un verbo que entre en sus planes: «Sé que suena mal, pero no pienso en ello. Vamos, que no», zanja con una risa.