Una psicóloga, sobre los menores en Urda: «Que un niño llore por un familiar y, a los 5 minutos, pida la merienda, no significa que no sufra»
Poco o nada se ha hablado de los menores que, o bien viajaban en los trenes accidentados en Urda, y han presenciado imágenes dantescas, o los que, por desgracia, han perdido a algún familiar. Pero «llueve sobre mojado». Así lo afirma Esperanza Dongil, ... autora de la guía psicológica elaborada para los niños y adolescentes afectados por el accidente ferroviario de Adamuz que, por desgracia, vuelve a ser una herramienta útil también para acompañar a los que esta semana han perdido a un familiar en la tragedia ferroviaria de Toledo. Su objetivo ahora, explica esta psicóloga, profesora universitaria e investigadora, «vuelve a ser ayudar a que los síntomas que pueden experimentar los más pequeños disminuyan o, incluso, se consiga evitar se transformen en algo más patológico, como el estrés postraumático».
Dongil, quien formó parte durante años del Grupo de Catástrofes de la Comunidad Valenciana y ha intervenido en distintas emergencias, entre ellas el accidente de metro de Valencia de 2006, insiste en que lo más urgente es «que a los menores que han perdido a su padre, a su madre o a otro familiar cercano en esta ocasión, se les proporcione protección emocional. Necesitan sentirse muy cerca de sus seres queridos, especialmente de sus padres o de las personas con las que tienen un vínculo más estrecho. Necesitan también muestras de afecto, cariño, abrazos y acompañamiento, porque eso les proporciona estructura».
Los niños, insiste, «deben sentirse seguros, y observar que sus figuras de apego están más o menos tranquilas o más o menos reguladas, vamos a decir, en una situación que no es normal». Esto no quita para que los adultos «expresen tristeza o puedan perder momentáneamente la compostura algo que -tranquiliza- si es puntual tampoco no tendría consecuencias negativas. Es inevitable y tampoco pasa nada».
Para esta experta, curtida también en la Dana, uno de los principales retos para las familias es identificar el sufrimiento de los menores, que «no siempre saben expresar con palabras lo que sienten y que además se fatigan fácilmente a nivel cognitivo, no sólo a nivel físico». Por eso, la psicóloga recomienda «prestar atención a cualquier cambio en su comportamiento, no voy a decir anómalo, pero sí llamativo, como que no quieran jugar, no quieran estar con otros niños o se muestren más retraídos. También puede ser que experimenten regresiones, como que vuelvan a pedir cosas que ya no pedían o se aferren mucho a su madre, al padre o a un hermano mayor».
Los niños, especialmente los más pequeños, aclara, «expresan sus emociones a través del juego y del dibujo, especialmente los más pequeños. En los preadolescentes y adolescentes pueden aparecer comportamientos más agresivos, una fuerte irritabilidad y oscilaciones emocionales, que de pronto estén muy contentos y luego muy enfadados. Yo destacaría, sobre todo, la importancia de observar si se presentan este tipo de cambios de comportamiento u otras actitudes que no son frecuentes o normales en ellos», señala.
Evitar sobrecarga de imágenes
La especialista recuerda que los menores tienen más dificultades que los adultos para sostener emocionalmente el sufrimiento, pero que eso no es óbice para que estén atravesando mucho malestar. «Un niño puede estar muy afligido, aunque no entienda bien el concepto de la muerte, llorar y preguntar por un familiar desaparecido y, de pronto, a los cinco o diez minutos, pedir la merienda. Eso no significa que no le importe lo sucedido o que tenga falta de apego. Lo que demuestra es la dificultad que tiene, por su momento evolutivo, para sostener lo que está sintiendo».
Por ello, considera fundamental adaptar las explicaciones a la edad y capacidad de comprensión de cada niño. «Lo que hay que evitar, en la medida de lo posible, es una sobrecarga de imágenes o de información relacionada con la tragedia. A los niños hay que darles explicaciones sencillas, que puedan entender, sin empeñarnos en ofrecerles demasiada información que no están preparados para procesar».
El miedo a volver a viajar en tren
Porque el impacto psicológico, recalca, no se limita a quienes han perdido a un familiar. «También puede afectar a niños y adolescentes que han visto en los medios las imágenes del accidente y que, a raíz de lo sucedido, sienten miedo a volver a viajar en tren. En un primer momento, durante los primeros días y semanas, puede haber más miedo y resistencia, pero poco a poco las personas se van estabilizando y aprenden a exponerse de nuevo a esas situaciones», explica Dongil.
La psicóloga recuerda que el primer mes suele ser la fase más aguda, en la que la sintomatología puede ser más intensa. Después, tranquila, «las reacciones tienden a disminuir progresivamente y las personas van recuperando cierta seguridad y confianza. Pero cuando el miedo persiste y acaba convirtiéndose en una fobia resistente, puede ser necesaria la intervención psicológica. Y una de las técnicas utilizadas es la exposición gradual, haciendo trayectos cortos en trenes de cercanías e ir recuperando progresivamente la confianza».
«Cuando el miedo persiste y acaba convirtiéndose en una fobia resistente, puede ser necesaria la intervención psicológica»
Esperanza Dongil
Psicóloga
La especialista advierte, además, de que la sucesión de accidentes ferroviarios puede tener un efecto especialmente doloroso para quienes ya han sufrido una experiencia traumática similar. «Podemos decir que llueve sobre mojado. Es muy difícil de por sí ayudar a las víctimas a recuperar la confianza y la seguridad básica que todos necesitamos para llevar una vida normal. De hecho, -admite-, es una de las cosas que más cuesta recomponer, pero recuperar la confianza en el transporte público y en la posibilidad de continuar con normalidad actividades cotidianas de la vida, como viajar para visitar a la familia o acudir al trabajo, debería ser el objetivo». Es muy importante, insiste, «transmitir a los niños y adolescentes que, aunque hayan ocurrido dos accidentes en muy poco espacio de tiempo, eso no significa que tenga que volver a pasar».
Las guía, concluye, no está pensadas únicamente para los menores, sino también para los adultos que deben acompañarlos. «Está dirigida a los más pequeños, pero quienes tienen que leer estas páginas y poner en práctica sus consejos son los adultos, que son los que están al cargo de los niños».