Daily Times
Wednesday, 28 October 2026
Health

Alerta por ébola en África: el Congo supera los 10.000 casos y Europa envía expertos

Alerta por ébola en África: el Congo supera los 10.000 casos y Europa envía expertos

El brote de ébola declarado el 15 de mayo en la República Democrática del Congo (RDC) ha alcanzado una dimensión que supera las previsiones iniciales. Según el último balance del Instituto Nacional de Salud Pública congoleño, con datos hasta el 25 de octubre, se han confirmado 10.060 casos y 4.887 fallecimientos, con una letalidad del 48,6 %. Otras 2.684 personas han superado la enfermedad, mientras los equipos sanitarios mantienen el seguimiento de contactos para tratar de interrumpir la transmisión.

La cifra de contagios representa un punto crítico para las autoridades. El brote se ha extendido a 66 zonas de salud de ocho provincias, frente a las tres zonas afectadas al comienzo de la epidemia. Ituri y Kivu del Norte concentran buena parte de la actividad reciente, aunque la enfermedad también alcanza Tshopo, Bas-Uélé, Haut-Uélé, Kivu del Sur y las provincias de Ubangui del Norte y del Sur.

El INSP informó de nuevas infecciones en Ituri y Kivu del Norte y señaló una transmisión especialmente intensa en las zonas de salud de Beni, Mandima y Bunia. La amplitud geográfica complica las tareas de vigilancia, porque obliga a desplegar equipos, recursos de diagnóstico y capacidad de aislamiento en territorios con infraestructuras deficientes y problemas de seguridad.

La dimensión del brote también se aprecia en la proporción de casos que no proceden de contactos previamente identificados. Según los datos facilitados por equipos de respuesta y organismos sanitarios, aproximadamente el 80 % de los nuevos casos se registra fuera de las cadenas de contactos que las autoridades estaban siguiendo. El Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades considera que, para hablar de un brote ampliamente controlado, debería alcanzarse una situación en la que al menos el 95 % de los casos procediera de contactos conocidos.

Cuando una persona infectada no ha sido identificada como contacto de un caso anterior, los rastreadores deben reconstruir sus movimientos, detectar a quienes pudieron estar expuestos y localizar posibles contagios secundarios. Mientras esas cadenas permanezcan ocultas, la epidemia puede continuar avanzando incluso cuando se intensifican las medidas sanitarias.

La llegada a Nigeria activa la respuesta europea

La expansión del brote ha llevado a las instituciones europeas a reforzar la cooperación con los países africanos; en este contexto, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) ha enviado expertos para prestar asesoramiento técnico a la delegación de la Unión Europea en Abuya, la capital de Nigeria. Según la información facilitada sobre la misión, los especialistas han ofrecido apoyo en áreas clave como la vigilancia epidemiológica, la localización de contactos, la prevención y control de infecciones, así como en la preparación y respuesta sanitaria. El objetivo de este despliegue es ayudar a las autoridades nigerianas a detectar posibles nuevos casos de forma temprana, establecer con precisión los contactos de riesgo y evitar que una infección importada termine originando una cadena local de transmisión.

Nigeria confirmó un caso relacionado con la emergencia regional, el primero registrado en el país en más de una década. La paciente había llegado a Abuya el 3 de octubre desde Uganda, donde había permanecido durante dos semanas. El lugar exacto en el que se produjo el contagio no estaba aclarado en la información disponible, por lo que el itinerario de la paciente no permite atribuir automáticamente la infección a un país concreto.

El caso nigeriano ilustra una de las dificultades de las epidemias que atraviesan fronteras: el país donde se detecta la infección no siempre coincide con el lugar donde se produjo el contagio. Factores como los desplazamientos internacionales, los periodos de incubación y los síntomas iniciales —que a menudo pueden confundirse con los de otras enfermedades— hacen necesaria una investigación epidemiológica coordinada. Por este motivo, la misión europea no constituye una intervención aislada, ya que el ECDC ya había enviado personal para apoyar al Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades y había participado en evaluaciones de los controles de salida en aeropuertos de la RDC y Uganda; además, en junio, se desplazaron expertos a Sudán del Sur.

La prioridad ahora es mejorar la capacidad de detección y respuesta en Nigeria sin perder de vista el foco principal de la epidemia: el este de la República Democrática del Congo. La transmisión vinculada al brote congoleño ha afectado también a Uganda y Kenia; no obstante, aunque Uganda declaró el fin de su brote el 26 de agosto —tras confirmar dos muertes y 20 infecciones, de las cuales 15 estaban relacionadas con importaciones desde la RDC—, la consecuente ausencia de casos activos comunicados en ese momento representó un avance que no eliminó la necesidad de mantener la vigilancia.

En Kenia, las autoridades notificaron el primer caso el 6 de octubre; según la información difundida por Naciones Unidas, ocho contactos de casos confirmados desarrollaron síntomas y dieron positivo en las pruebas de laboratorio, por lo que fueron trasladados al centro de tratamiento de ébola de Nairobi, mientras otros 20 contactos terminaron su periodo de cuarentena. Aunque los balances recogidos en las informaciones disponibles también mencionan casos vinculados al brote en otros países africanos, las cifras pueden variar a medida que avanzan las investigaciones y se actualizan los registros. Por ello, es de suma importancia distinguir con precisión entre casos confirmados, infecciones importadas, contactos bajo vigilancia y brotes que las autoridades ya han declarado formalmente finalizados.

El alcance internacional de la epidemia no significa que exista el mismo nivel de riesgo en todos los territorios. El ECDC ha considerado muy bajo el riesgo de infección para la población europea en general, mientras que la evaluación para quienes viven o viajan a las zonas afectadas de Kenia y Nigeria se ha situado en un nivel bajo. Estas valoraciones dependen de la situación epidemiológica y pueden cambiar si se detectan nuevas cadenas de transmisión.

La variante Bundibugyo dificulta la respuesta médica

Una de las particularidades del brote es que está causado por el virus de Bundibugyo, una especie del género Ebolavirus distinta de la responsable de las epidemias más conocidas. Esta diferencia tiene consecuencias para la prevención y el tratamiento: las vacunas y terapias desarrolladas frente a otras especies del virus no pueden considerarse automáticamente eficaces contra Bundibugyo.

Según las informaciones aportadas sobre la epidemia, no existe por ahora una vacuna ni un tratamiento específico aprobado para esta variante. La Organización Mundial de la Salud trabaja en el desarrollo de vacunas candidatas que han iniciado ensayos clínicos iniciales en humanos. La seguridad y eficacia de estos productos deben evaluarse mediante estudios sucesivos, un proceso que requiere tiempo y cuyos resultados todavía no pueden darse por garantizados.

La RDC puso en marcha a finales de agosto una campaña de inmunización con Ervebo, una vacuna desarrollada para la especie Zaire. Su utilización en el contexto de Bundibugyo se apoya en indicios favorables observados en modelos animales, pero eso no equivale a demostrar una protección clínica eficaz en personas frente a la variante que causa el brote actual. La investigación clínica en marcha busca ampliar las opciones disponibles y aportar evidencia para orientar futuras decisiones sanitarias.

Mientras tanto, la atención temprana, el aislamiento de los casos, la protección del personal sanitario, el seguimiento de contactos y los entierros seguros continúan siendo herramientas esenciales. El ébola se transmite principalmente mediante el contacto directo con sangre y otros fluidos corporales de personas infectadas, así como con materiales contaminados. No se considera una infección que se propague de forma ordinaria por el aire como la gripe.

La evolución de la epidemia no depende únicamente de la disponibilidad de vacunas, ya que, en varias zonas congoleñas, los equipos sanitarios deben trabajar bajo la constante amenaza de ataques, enfrentando carreteras en mal estado y operando en comunidades donde persiste la desconfianza hacia las autoridades y los trabajadores de respuesta. Como reflejo de esta problemática, informaciones difundidas por Associated Press detallan que una enfermera fue asesinada y otro trabajador sanitario resultó gravemente herido mientras atendían una alerta de ébola en Bafwasende, en la provincia de Tshopo. Ante este escenario, el Instituto Nacional de Salud Pública ha señalado que la protección de estos equipos constituye una prioridad absoluta, especialmente en las áreas donde la transmisión sigue activa.

A esas dificultades se suman los retrasos en los pagos, lo que ha llevado a que algunos integrantes de los equipos de vigilancia y participación comunitaria en Nia Nia, en la provincia de Ituri, se declaren en huelga por bonificaciones pendientes desde finales de agosto. Estos paros reducen de forma drástica la capacidad de respuesta en un momento en que cada contacto sin localizar puede dificultar gravemente el control de la enfermedad.

Asimismo, la desconfianza generalizada afecta a la decisión de acudir a un centro médico; algunos familiares se resisten a entregar a sus enfermos para que sean aislados o a aceptar entierros seguros, lo que provoca que una parte de las muertes se produzca fuera de los centros de tratamiento. En estas circunstancias, la transmisión puede continuar propagándose en hogares y comunidades sin que las autoridades logren detectar inmediatamente los nuevos casos.

El brote está afectando a un sistema de salud congoleño que ya soportaba una fuerte presión. La concentración de recursos en la respuesta al ébola resta capacidad para atender otras enfermedades, entre ellas el cólera, y altera servicios ordinarios como la vacunación infantil.

Las consecuencias también alcanzan a la atención materna. Las informaciones recogidas por los equipos sanitarios apuntan a aumentos de la mortalidad materna en algunas provincias, relacionados con el temor a acudir a los hospitales y a sufrir una posible exposición al virus o un aislamiento. A ello se añaden las interrupciones escolares, el estigma hacia las familias afectadas y las pérdidas económicas de comunidades que ya afrontaban dificultades. @mundiario

Originally reported by MUNDIARIO.