Carolina Malagelada, gastroenteróloga: «El sistema digestivo está conectado con el cerebro desde el embrión»
La médica del Hospital Universitario Vall d'Hebrón, de Barcelona, explica los principales trastornos relacionados con este eje
27 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La comprensión de los trastornos del eje intestino-cerebro se encuentra en pleno avance, tanto desde un punto de vista clínico como en la comunicación con los pacientes. La nueva publicación de los criterios Roma V, una referencia internacional que emplean los especialistas para el diagnóstico y tratamiento de estas patologías, es un buen ejemplo. El documento pone el foco en el propio concepto del eje intestino-cerebro, para profundizar en la base orgánica de estos diagnósticos en los que «existen alteraciones en la sensibilidad, la motilidad, la función inmunológica o la microbiota, entre otros factores», detalla la doctora Carolina Malagelada, corresponsable del Comité de nutrición de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) y especialista en aparato digestivo en el Hospital Universitario Vall d' Hebrón de Barcelona.
Un progreso nada menor, especialmente, si se tiene en cuenta su nivel de afectación. Un reciente estudio internacional sobre la prevalencia de estos trastornos encontró que están presentes en el 40 % de la población mundial. La especialista del hospital catalán analiza estos datos.
—Cuatro personas de cada diez. Vaya cifras.
—Sí, pero aquí hay que tener en cuenta dos aspectos. Primero, que este dato viene de un estudio que se realizó a partir de entrevistas telefónicas y a través de internet. Se preguntaba a una población general si tenían síntomas digestivos y luego se caracterizaban a través de las preguntas que había en la encuesta. A partir de ahí se deducía, primero, si había un probable trastorno del eje intestino-cerebro y, luego, se clasificaba en los diferentes tipos que tenemos. Con esto quiero decir que intuimos que puede ser esta cifra, pero el modelo de estudio no es el de mayor precisión.
—¿Por qué intuyen que la cifra de afectación puede ser esa?
—Sabemos que los trastornos del eje intestino-cerebro son los trastornos digestivos más frecuentes. Los padecen muchas personas de la población general en diferentes épocas de su vida; es decir, se pueden tener en un momento dado o pueden ser crónicos. Provocan esas molestias, esos síntomas relacionados con la defecación o con malas sensaciones después de las ingestas. Así que, si no afectan al 40 % de la población, sí pueden moverse entre el 30 o el 20 %. De hecho, es el motivo de consulta más frecuente a un médico digestivo.
—¿Qué factores explican su alta prevalencia?
—Realmente, no lo sabemos. Tiene un papel, sin ninguna duda, esa relación, que ya dice el nombre, del cerebro con el intestino. Hay una conexión entre nuestro sistema nervioso central, que es el cerebro, y el entérico, que es el que está en nuestro aparato digestivo. Este último tiene un sistema nervioso propio con sus neuronas, que desde el embrión, ya está conectado con ese cerebro y es una conexión que se mantiene a lo largo de la vida. Es un eje bidireccional, pero sin duda todos los factores que puedan alterarnos a nivel cerebral, también alteran el aparato digestivo, y de ahí el papel muy importante que tiene el estrés, por ejemplo, en general. No quiero dar la idea de que todo esto es estrés y ya está. Pero es cierto que el sistema nervioso no está únicamente en el cerebro, sino que está en otras partes del cuerpo, muy especialmente en el aparato digestivo. Y si seguimos un poco más en esta línea, entendemos que la base de estos trastornos son alteraciones, sobre todo, en la sensibilidad, en cómo siente nuestro aparato digestivo y en cómo se mueve. Nuestro aparato digestivo se está moviendo todo el día, tanto cuando comemos como cuando no comemos. Cuando no ingerimos, tiene una función de limpieza, de eliminar residuos que quedan de la digestión, de la evacuación. Y cuando comemos su función es triturar esa comida, mezclarla con las secreciones digestivas que son necesarias para la absorción de los nutrientes y que todo eso siga un camino a lo largo del tubo digestivo hasta llegar al final, cuando ya quedan los residuos que luego vamos a evacuar. En otras palabras, el sistema nervioso está haciendo este trabajo continuo que depende de su sistema nervioso.
—¿A qué se refiere con cómo se siente?
—Cuando comemos, por ejemplo, el sistema digestivo tiene que proporcionarnos una percepción de que hemos comido y de que estamos llenos, pero esta no debe ser ni demasiado temprana ni demasiado tardía. También nos tiene que dar señales de cuándo deseamos ir al baño o de cuándo algo nos ha sentado mal. ¿Qué ocurre en los pacientes con trastornos del eje intestino-cerebro? Que todo esto está alterado. La digestión, que tiene que ser un proceso agradable, se convierte en algo molesto, doloroso, la comida es pesada, nos produce una sensación de hinchazón, de malestar, las deposiciones se alteran y aparece el dolor. Hay toda una desregulación en esa función neuromuscular porque el aparato digestivo es neurona y músculo, y eso es lo que produce este tipo de síntomas.
—Los datos muestran que el síndrome de intestino irritable es el más frecuente. ¿Qué implica?
—Incluye todos los trastornos que tienen que ver con el intestino. Tenemos otros que se ubican en el estómago y otros que están relacionados con la función de la evacuación, por ejemplo, de la zona recto anal. El intestino irritable es, específicamente, el del intestino. Los pacientes tienen molestias abdominales relacionadas con la función intestinal, como es el caso de diarrea, estreñimiento o alternancia de episodios de un cuadro y otro.
—El segundo más común, la dispepsia funcional. ¿En qué se diferencia del intestino irritable?
—La dispepsia engloba a los trastornos del eje intestino-cerebro que provienen del estómago. Están relacionados con molestias en la zona alta del abdomen, donde nosotros localizamos el estómago y la mayoría de pacientes presentan molestias después de comer. En cuanto realizan una ingesta, o les sienta extremadamente pesada o les produce dolor, con hinchazón en la parte más alta del abdomen. Lo que pasa es que estos trastornos no son estancos. Muchos pacientes tienen intestino irritable y dispepsia; o durante una temporada de su vida puede predominar más el intestino irritable y en otra tener más sensaciones de tipo dispéptico. Se solapan.
—Destacaba, al principio, que no todos los trastornos se pueden explicar con el estrés. Pero existe la idea a nivel popular.
—Sí, eso es. Una cosa que digo mucho a mis pacientes es que ellos tienen esa susceptibilidad por la que su aparato digestivo tiene alteraciones en el aparato neuromuscular. Y con esta alteración que ellos ya tienen de base, el estrés es uno de los factores que puede hacerles empeorar. Igual que, por ejemplo, algunos pacientes perciben que determinadas comidas —como las picantes o abundantes— no las toleran bien o que la falta de sueño puede afectarles. Son aparatos digestivos más sensibles y más influenciables por los factores externos, y el estrés es uno de ellos, pero no el único. Frecuentemente, lo suelo comparar con la migraña. Al paciente le ha tocado ser migrañoso, y en períodos de mayor estrés, le aparecen, quizás, más crisis.
—En redes sociales se ha hablado mucho del eje intestino cerebro. ¿Se ha trasladado con un incremento de consultas?
—Sí, pero para mí eso es positivo. Hasta ahora, tenía la impresión de que ese eje intestino-cerebro era un concepto que no gustaba porque parecía que daba la idea de que el problema estaba en el cerebro; pero nosotros tenemos muy claro que no está ahí, sino en el aparato digestivo. Y sí que me voy dando cuenta de que cada vez se habla más de este eje y es bueno, porque algunos pacientes llegan a la consulta ya habiendo reflexionado sobre, por ejemplo, que cuando están más nerviosos se encuentran peor.
—Pero es fácil encontrarse con información contradictoria o falsa.
Desde luego. Hay mucho contenido que es falso y se da mucha información que no está bien explicada científicamente. Esto sí que es un problema porque conecta con otra cosa que nos sucede. En estos trastornos, las pruebas diagnósticas no dan alteraciones que el paciente pueda leer y que confirmen el diagnóstico. Esto genera mucha inseguridad porque a todo el mundo lo que le gustaría es un test que le diga si tiene dispepsia funcional o síndrome del intestino irritable.
—¿Cómo los diagnostican?
—Teniendo claro que no hay otra enfermedad digestiva que lo cause y también cada vez más, en base a los síntomas. Es verdad que si hay algún signo de alarma, si hay alguna cosa que nos preocupe tenemos que hacer pruebas de endoscopia o de imagen para determinar que no hay otra enfermedad digestiva que lo explique; pero los médicos digestivos sabemos reconocer perfectamente los signos de los trastornos del eje intestino-cerebro. No necesitamos tener un TAC abdominal normal para poder diagnosticar un intestino irritable.