¿Cómo gestiona la culpa la persona a la que se le atribuye el error humano? | El Correo
«Pensar que por tu culpa, que por lo que has hecho o por lo que no has hecho ha fallecido una persona es una ... carga enorme. A nivel mental es durísimo. Así que cuando hay múltiples víctimas…». Sandra Pérez es psicóloga experta en emergencias. Atendió a víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, del 11-M, de la dana de Valencia… La experta explica cómo trabajan los psicólogos con ese «otro tipo de víctimas», las persona o personas a las que se atribuye el error humano que causa una tragedia.
A falta de que la investigación clarifique lo sucedido en el accidente ferroviario de Urda que ha provocado 69 muertos, la hipótesis inicial apunta a un error humano: los operadores del centro de control de Adif de Atocha dieron al AVE la orden de reanudar «a marcha normal» pese a que el Iryo estaba detenido unos kilómetros más adelante, en la misma vía. «En estos casos, la culpa de la persona que ha sido señalada va a ocupar la parte central de la atención psicológica. Y esa culpa va a ir a más con el paso del tiempo, cuando esa persona o personas sean más conscientes de la magnitud de lo sucedido. La culpa va a ser la secuela central». Y es una emoción que, sin una asistencia cercana, puede resultar ingobernable. «La persona suele pensar: '¿qué he hecho?, 'no puedo soportar la carga de tantas víctimas'... y no es raro que aparezcan ideas suicidas».
En esta misma línea, Mónica Pereira, psicóloga experta en emergencias y victimología que trabaja estos días con supervivientes y trabajadores del Iryo accidentado, advierte que «la carga de la responsabilidad es muy punitiva, dolorosa y difícil de llevar. Si yo pienso que he podido cometer un error que ha provocado una tragedia y el entorno me señala eso es una bomba de relojería que puede llevarme a querer hacerme daño».
Por eso, coinciden las expertas, el «seguimiento a estas personas debe ser exhaustivo» y el trabajo terapeútico, articularse bajo la premisa de «no juzgar». «Los psicólogos no somos jueces. Nuestra tarea es facilitar lo que llamamos 'la ventilación emocional', facilitar el relato, que cuenten cómo se sienten, normalizar sus emociones... En esos primeros momentos, en los que todo es incertidumbre, tratamos de rebajar un poco la culpa y hablarles de lo que va a suceder: 'Vas a formar parte de una investigación', 'te van a hacer preguntas…'. Podemos anticipar esa parte administrativa, pero nada más porque no sabemos si han tenido o no la culpa, de modo que no les podemos afirmar o negar si va a ocurrir todo o nada», señala Sandra Pérez.
En esas primeras intervenciones Mónica Pereira trabaja lo que llama 'la trampa de la mente': «Tendemos a viajar a los sucesos del pasado con la información que tenemos hoy y juzgar. 'Tenía que haber hecho…'. Pero todas las personas nos movemos con la información que tenemos en el momento, no con la que tenemos después. Tener en cuenta esto es muy importante cuando uno siente esa culpabilidad, esa espada de Damocles. Porque aunque para nosotros solo sea un número, estamos hablando de una persona que siente que es el responsable del daño a muchas personas. Y eso es algo muy muy doloroso, es un precio muy alto el que paga».
- ¿Y en el caso de que se demuestre el error humano?
Mónica Pereira: Desde el inicio el trabajo con estas personas es ayudarles a centrarse en los hechos objetivos. Si se demuestra que cometieron un error trabajamos sobre el perdón a sí mismos. Al margen de que su error tenga consecuencias penales, hay que ayudarles a entender que ese error no ha sido intencionado, que en ese momento estaban haciendo las cosas lo mejor que sabían o lo mejor que creían que podía hacerlo.
«Los trabajadores del Iryo están en shock»
Mónica Pereira responde a EL CORREO pasadas las 16.15 horas. Es la primera pausa del día. Atiende a supervivientes del Iryo, el tren que sufrió la embestida del AVE. Y también trabaja con los trabajadores que estaban el día de la tragedia. «Están en shock, descolocados. Es un impacto cuando aún no se habían respuesto de la tragedia de Adamuz». Aunque nadie les señala, también afloran sentimientos de culpa: «A veces no hace falta que nadie te eche la culpa, se la atribuye uno mismo: 'Podíamos haber hecho algo diferente'». Es un sentimiento natural, como también lo es el señalamiento. «El ser humano necesita saber el por qué de las cosas porque el cerebro necesita y busca seguridad. Por eso, cuando se habla de error humano, todos tendemos a culpabilizar», advierte la psicóloga Sandra Pérez. En esta misma línea, Pereira señala que «todos estamos muy dispuestos a señalar. A veces, por quitarnos culpa; otras, para tratar de buscar una explicación a lo sucedido».