Un año en Marte sin salir de Houston: los cuatro 'tripulantes' de la misión CHAPEA 2 'vuelven' a la Tierra
Un año en Marte sin salir de Houston: los cuatro 'tripulantes' de la misión CHAPEA 2 'vuelven' a la Tierra
Tras 378 días aislados en una base impresa en 3D en Houston, la tripulación de la misión CHAPEA 2 abandona su encierro en un experimento crucial para dar, por fin, el salto definitivo al planeta rojo
Llevan ya más de un año viviendo en Marte. O, más exactamente, en una instalación terrestre diseñada para reproducir algunas de las condiciones más difíciles de una estancia en el planeta rojo. El lugar se llama 'Crew Health and Performance Exploration Analog' (CHAPEA) ... y es un hábitat artificial de unos 158 metros cuadrados construido mediante impresión 3D en el Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston. Su nombre, 'Mars Dune Alpha', significa algo así como 'Duna Marciana Alfa'.
Dentro viven cuatro voluntarios que llevan más de un año trabajando, investigando y tratando de mantener la normalidad en un entorno cerrado, con recursos limitados y comunicaciones deliberadamente restringidas. El comandante Ross Elder, la responsable médica Ellen Ellis, el responsable científico Matthew Montgomery y el ingeniero de vuelo James Spicer no son astronautas destinados a Marte, sino participantes en un experimento científico que pretende averiguar cómo responde el ser humano cuando su hogar está a millones de kilómetros de cualquier ayuda inmediata.
Y este sábado, 31 de octubre, después de 378 días de confinamiento, los cuatro tripulantes podrán por fin salir por fin al exterior. La NASA retransmitirá en directo el momento en que abandonen el hábitat y vuelvan a encontrarse con el mundo que dejaron atrás.
Un año sin escapatoria
El experimento no reproduce exactamente las condiciones físicas de Marte: de hecho, los voluntarios siguen sometidos a la gravedad terrestre y no están expuestos a la radiación ni a la atmósfera marcianas. Pero sí recrea buena parte de los problemas cotidianos que una expedición real tendría que resolver una vez allí.
Para imitar la distancia interplanetaria, los mensajes tardan hasta 22 minutos en llegar a la Tierra, y otros 22 minutos en regresar, por lo que cualquier auxilio inmediato es materialmente imposible
Lo que es seguro es que el confinamiento ha sido absoluto, y no se trata simplemente de no poder salir a dar un paseo. La NASA ha replicado con exactitud los mismos factores de estrés que castigarán a los futuros colonos marcianos. El primero de ellos, y sin duda el peor a nivel mental, es el de las comunicaciones. Para imitar el gigantesco abismo interplanetario, la base cuenta con un retardo programado: los mensajes tardan 22 minutos en llegar a los controladores, y otros 22 minutos en regresar. Tres cuartos de hora sólo para saber si alguien 'al otro lado' ha recibido el último mensaje.
Los cuatro, además, han experimentado varias interrupciones simuladas de las comunicaciones, incluida una de aproximadamente dos semanas durante la conjunción solar de Marte. En una expedición auténtica, una tripulación tan alejada tendría que tomar muchas decisiones por sí misma, sin esperar instrucciones terrestres ni contar con un rescate rápido. Es decir, tendría que ser completamente autónoma.
De modo que si se desata un incendio, si hay una emergencia médica o colapsa el soporte vital, un rescate externo sería materialmente imposible. Estarían completamente solos. A lo cual hay que sumar un estricto racionamiento del agua, una dieta con alimentos preempaquetados y severas limitaciones de ancho de banda informático.
El recinto, construido mediante impresión en 3D con un material denominado 'lavacrete', dispone de dormitorios individuales, cocina, zonas de trabajo, espacios médicos y de ejercicio, áreas comunes y lugares para cultivar plantas. Fuera de la vivienda, pero dentro del edificio que alberga la instalación, hay un terreno preparado para realizar caminatas marcianas simuladas con trajes espaciales.
La puerta se abre este sábado
Pero toda epopeya tiene un final. Y el sábado, después de 378 interminables días, los cuatro 'tripulantes' vuelven, por fin, 'a casa'. La NASA ha organizado para este fin de semana una solemne ceremonia de 'egreso' (término con el que se conoce a la salida de las naves en el argot aeroespacial) que será retransmitida en directo a partir de las 21, hora peninsular española, por sus canales oficiales y de YouTube.
Será un momento histórico. Las compuertas se abrirán y veremos a Elder, Ellis, Spicer y Montgomery dar su primer paso al aire libre en un año y respirar de nuevo oxígeno no reciclado. La propia directora del Centro Johnson, Vanessa Wyche, junto al astronauta Jack Hathaway, presidirá el acto para recibir sus primeras declaraciones en vivo.
Pero la apertura de la puerta no será el final del trabajo. Durante las dos semanas posteriores, los investigadores realizarán evaluaciones médicas, recopilarán mediciones y entrevistarán a los participantes. La experiencia personal que relaten entonces será tan importante como los datos registrados durante el confinamiento: permitirá comparar lo que los instrumentos detectan con lo que los propios voluntarios han sentido.
Según ha explicado la investigadora principal de CHAPEA, Grace Douglas, poco antes del final de esta larga misión el equipo seguía concentrado en la misión y en apoyar a la tripulación hasta el último momento. Después, llegarán las evaluaciones y las sesiones de análisis necesarias para comprender cómo han soportado el aislamiento y las exigencias del día a día.
Los 'astronautas' comunicaban a la gente qué hacían a través del programa 'Houston We Have a Podcast', donde contaban que el hábitat les resultaba "inquietantemente silencioso"
Hasta ahora, la única vía para que el público pudiera saber cómo lo estaban pasando ha sido el podcast oficial de la agencia, 'Houston We Have a Podcast', en el que la tripulación ha ido relatando los altibajos de su aventura. A lo largo del año, los voluntarios han confesado padecer fatiga mental por la monotonía, y nostalgia por el olor del aire fresco. Pero resulta que lo más revelador no son las grandes hazañas, sino los pequeños detalles.
En el 'CHAPEA 2: Audio Log 4', publicado el 23 de octubre, por ejemplo, Ross Elder confiesa que el hábitat resulta «inquietantemente silencioso», y que, aparte del zumbido constante de los ventiladores y otros equipos, apenas hay sonidos ambientales. Echa de menos la meteorología, las calles concurridas y el bullicio de la vida cotidiana. Para llenar ese vacío, escucha música y grabaciones con auriculares.
James Spicer, por su parte, destaca una tarea que no esperaba que le ocupara tanto tiempo: redactar informes. Cada reparación, cada actividad extravehicular y cada operación, de hecho, genera registros y preguntas para el centro de control. La precisión al escribir y describir un problema se convierte así en una herramienta de supervivencia: una instrucción ambigua, con una respuesta que tarda 44 minutos en llegar, puede multiplicar las dificultades.
Lo que queda muy claro es que durante todo el tiempo la NASA no ha dado a los voluntarios ni un segundo de tregua, ni siquiera para poder comer tranquilos. El cronograma diario, en efecto, ha sido extenuante. Y es que los cuatro participantes han tenido que registrar hasta el último sorbo de agua o pizca de sal utilizada, para que la agencia pudiera relacionar su alimentación con el rendimiento. Elder reconoce que, entre las tareas físicamente exigentes y los horarios apretados, le costaba encontrar tiempo para ingerir suficientes calorías.
Cuando entraron, la tripulación había imaginado que dispondría de muchas horas libres para aprender idiomas, tocar instrumentos o leer. La realidad ha sido distinta: incluso cuando termina el trabajo oficial, siempre quedaba algún informe u obligación pendiente.
Sin embargo, y a pesar de no disponer prácticamente de tiempo libre, su principal conclusión vital, compartida en estas emisiones, es que la única forma de no volverse loco allí fue, precisamente, aferrarse a la rutina técnica y, sobre todo, desarrollar una empatía extrema con el resto de compañeros para salvaguardar la moral.
El largo camino hacia Artemis
Y no, nada de todo esto se ha hecho por mero capricho científico. Cada latido, cada hora de sueño alterada y cada caloría consumida por esta tripulación ha quedado registrada en los ordenadores de la NASA. Esta Misión 2 cabalga, de hecho, sobre los cimientos de su antecesora (la misión CHAPEA 1 liderada por Kelly Haston, que concluyó con gran éxito sus propios 378 días en julio de 2024), reafirmando hallazgos previos: la mayor amenaza en Marte no será la radiación o el frío, sino la psicología humana.
El objetivo principal, en efecto, no es probar un cohete ni demostrar que una tecnología funciona. La NASA quiere saber cómo se combinan el aislamiento, la carga de trabajo, la alimentación, el descanso y las comunicaciones demoradas, y qué medidas permitirían mantener a una tripulación sana y operativa durante una expedición prolongada.
El objetivo es convertir un año de experiencias humanas en conocimiento útil para quienes algún día tengan que vivir fuera de la Tierra
Ahora, la agencia espacial tiene a su disposición una auténtica mina de datos que le permitirá perfilar las inminentes misiones Artemis, cuyo objetivo es establecer una base permanente en la Luna en los próximos años. Antes de conquistar el espacio, nuestra especie debe demostrar que es capaz de sobrevivir a sus propios límites.
Por eso, la investigación entra ahora en una fase crucial: convertir un año de experiencias humanas en conocimiento útil para quienes algún día tengan que vivir fuera de la Tierra.