Cuatro claves (y una reflexión) que debes conocer sobre la vacuna del melanoma
Después de extirpar un melanoma, hay una pregunta que nos hacemos los médicos y los pacientes: "¿Y si vuelve?" La cirugía puede eliminar toda la patología visible, pero en ciertos pacientes continúa el riesgo de que queden células tumorales microscópicas capaces de provocar una recaída. Precisamente, ahí pretende actuar una vacuna personalizada, cuyos resultados se han presentado estos días en el congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica, celebrado en Madrid.
El propósito de esta vacuna es claro: enseñar al sistema inmunitario a reconocer las particularidades del tumor de una persona para ayudarle a combatir las células cancerosas que puedan permanecer después de la cirugía.
La noticia merece entusiasmo, pero también una explicación cuidadosa. La presentación en Madrid se produjo unos días después de una caída de las acciones de Moderna y Merck, las farmacéuticas que están detrás de este estudio.
Estas son las 4 claves para entender qué supone este avance.
1. No sirve para evitar que aparezca un melanoma
La palabra vacuna puede llevar a engaño. Cuando la escuchamos, solemos pensar en una inyección que recibe una persona sana para prevenir una enfermedad. Aquí hablamos de una vacuna terapéutica: se administra cuando el cáncer ya se ha desarrollado. En este ensayo se ha utilizado solo en pacientes con melanoma cutáneo de alto riesgo después de extirpar completamente la enfermedad mediante cirugía. No es una vacuna para tratar el melanoma con múltiples metástasis, ni tampoco para prevenirlo en personas de riesgo.
2. Cada paciente recibe una vacuna diferente
Dos personas pueden tener un melanoma y, sin embargo, sus tumores presentar mutaciones distintas. Esta vacuna aprovecha esas diferencias. Tras analizar material genético del tumor y compararlo con el del paciente, se fabrica una vacuna de ARN mensajero con instrucciones para que el sistema inmunitario ataque a las células cancerosas. Este proceso lleva varias semanas.
3. Reduce recaídas, pero no sabemos si aumenta la esperanza de vida
Los resultados anunciados por Moderna y Merck son interesantes, pero conviene ponerlos en contexto. El ensayo de fase III incluyó a 1.137 pacientes. Comparó una inmunoterapia ya utilizada, el anticuerpo pembrolizumab, con ese mismo medicamento acompañado de la vacuna personalizada. A los dos años, el 88,5% de los pacientes que habían recibido la vacuna junto con pembrolizumab no había sufrido metástasis a distancia, frente al 80,2% del grupo tratado únicamente con el anticuerpo. Lamentablemente, todavía no sabemos si esa mejoría se traducirá en una mayor supervivencia global. Para responder, hace falta más seguimiento. Evitar o retrasar una recaída tiene un valor enorme, pero aún no podemos precisar cuántas vidas adicionales salvará este tratamiento.
4. El estudio plantea nuevos interrogantes
Un estudio clínico de este tipo en fase III ofrece esperanza, pero también plantea muchos interrogantes. ¿Cuánto durará el beneficio? ¿Funcionará en pacientes con múltiples metástasis de melanoma? ¿Funcionará igual en otros tumores como el de pulmón o páncreas? Cada cáncer presenta mutaciones diferentes y desarrolla estrategias específicas para escapar del sistema inmunitario.
También quedan por resolver cuestiones prácticas. Fabricar una vacuna diferente para cada paciente plantea un desafío considerable: analizar el tumor, seleccionar sus señales y elaborar el producto a tiempo para administrarlo. También está en discusión el posible beneficio de incluir esta vacuna antes de la cirugía (neoadyuvancia) en lugar de después (adyuvancia).
Conclusión
Como dermatólogo, considero que estos resultados ofrecen una razón sólida para ilusionarnos. Es justo reconocer la inversión de la industria farmacéutica en investigación, que, junto al trabajo de científicos, médicos y pacientes que participan en ensayos clínicos, está siendo clave en la revolución del tratamiento del cáncer que estamos viviendo. Hoy el cáncer, en muchas ocasiones, está pasando de ser una sentencia de muerte a convertirse en una enfermedad crónica.
Pero conviene recordar que, a veces, la máxima sofisticación está en lo sencillo. Evitar las quemaduras solares y consultar cuando un lunar cambia o aparece una lesión sospechosa son medidas al alcance de todos que pueden marcar una diferencia enorme. Una revisión dermatológica periódica y un mapa de lunares cuando esté indicado son inversiones valiosas en salud. Porque prevenir y detectar un melanoma a tiempo puede evitar mucho sufrimiento y suele ser mucho menos costoso, tanto para el paciente como para el sistema sanitario, que tratar una enfermedad avanzada.
Después de extirpar un melanoma, hay una pregunta que nos hacemos los médicos y los pacientes: "¿Y si vuelve?" La cirugía puede eliminar toda la patología visible, pero en ciertos pacientes continúa el riesgo de que queden células tumorales microscópicas capaces de provocar una recaída. Precisamente, ahí pretende actuar una vacuna personalizada, cuyos resultados se han presentado estos días en el congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica, celebrado en Madrid.
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