El valor de un pasacalles rockero
El Buli se agita nervioso, como Elvis Presley en Las Vegas. De hecho, es como si fuera Elvis y muchos que no le conocen le llaman Elvis. Pero es El Buli, el gran símbolo del festival Arrecife en vivo, que se celebra en Lanzarote. El Buli va vestido de Elvis, se mueve como él y lidera el pasacalles rockero de la ciudad, donde una charanga impone la marcha de un escenario a otro. Todos siguen al Buli y su orquesta del rock.
Canciones de Platero y Tú, Extremoduro, Rosendo y un largo etcétera inundan las calles de Arrecife para ir un bolo a otro entre los distintos escenarios que se integran en la misma ciudad. El Buli, que es el baterista del grupo Los Inadaptados, da los pistoletazos de salida e invita a los curiosos a sumarse a la fiesta. El pasacalles rockero recuerda a las brass bands de Nueva Orleans, esas formaciones que tienen como premisa que la música mantiene unidos y siempre debe ser callejera, como una cultura de improvisación y efusiva, donde el mensaje es “únete y trata de mantener el ritmo”.
El ritmo del Buli es lo que invita al resto. El Elvis canario, el tipo que fluye con el dedo amarillo de símbolo del festival y que llega al frente de la formación callejera improvisada. Unas 300 personas, arriba o abajo, llegan al primer escenario. Y allí, en los escenarios, la música cobra la importancia de siempre. Y otro mensaje queda claro: es un festival abierto, para todos, sin entrada, sin tornos, sin acreditaciones.
De la parte musical sobre el escenario en la última jornada de este festival tan peculiar y abierto, conviene recordar que M-Clan es una formación rock de primer nivel. Con un clasicismo agradecido y lleno de pundonor, Carlos Tarque, Ricardo Ruipérez y el resto del conjunto ejecutan canciones donde el abecedario del rock sixties & seventies se despliega con precisión. El vozarrón de Tarque se acopla sin fisuras al resto, con grandeza instrumental y un Ruipérez chispeando de lo lindo a la guitarra. Y así lo demostraron.
O’funk’illo se movían en el otro lado del espectro sonoro, con sus influencias del flamenco, el funk, el reggea y el metal. Tienen la capacidad de agitar cuerpos de una forma muy contundente, aunque rocen los aspavientos. El vocalista Andreas Lutz y el bajista Pepe Bao hacen un combo en el que los ritmos se hacen bastardos y contagiosos. Algo parecido le sucede a Vera Fauna, una de las bandas emergentes más interesantes de la última década. Con señas del rock y el folk norteamericanos del siglo XXI, entre lo indie y lo psicodélico, su música recuerda a las incursiones fascinantes de un grupo como Dr. Dog, poco conocido en estos lares, pero de una fuerza reseñable. Y también a gente como Beach Fossils. Vera Fauna suenan alternativos, frescos y ágiles, es decir, distintos a una escena indie nacional demasiado plana.
Tres conciertos que se movían en el terrero del festival de escenarios. En el concepto del festival clásico de recinto. Pero en Arrecife en vivo hay algo distintivo, casi adictivo en el pasacalles del rock, donde la charanga se mueve por las callejuelas y plazuelas con gracia y sentido del ritmo, algo muy de pueblo, muy de todos. Una charanga liderada por El Buli. Una charanga para unirlos a todos y llevarlos a más escenarios, a más música, a conciertos de toda la vida que siguen regalando momentos que merecen la pena ser vividos.