"La guerra dei ragazzini": el contagio de las protestas llega a Italia y despierta la campaña electoral
Milán amaneció este lunes con una fila de padres preocupados frente a las puertas de la Questura (jefatura de la policía), esperando a que sus hijos menores de edad quedaran en libertad. Según las crónicas, entre los detenidos había jóvenes de entre 13 y 16 años. Sus arrestos ocurrieron durante los disturbios del fin de semana en la capital lombarda. Bastaría aguzar el oído para distinguir gran variedad de acentos en la fila. Un hombre de origen rumano entrevistado por el Corriere della Sera declaró: "Me parto el lomo en el trabajo todos los días y me da vergüenza estar aquí después de 30 años en Italia. Si mi hijo se ha equivocado, pagará. Estoy decepcionado con él".
Son las secuelas de un fin de semana de violencia. De saqueos y enfrentamientos con la Policía en Milán, Turín y Bolonia, donde las protestas estudiantiles acabaron desbordadas por grupos de encapuchados. "Que hayan robado en Foot Locker no está muy bien, pero estoy de acuerdo con ellos en armar jaleo porque, sinceramente, si sales con pancartas, no cambia nada", reconocía uno de los participantes en Milán ante las cámaras del TG3 de Lombardía, el informativo regional de la RAI.
La chispa inicial de este movimiento de protesta fue el decreto aprobado hace casi un mes por el Consejo de Ministros para establecer un límite del 30% a los estudiantes extranjeros en cada aula y el deterioro de las condiciones de los centros educativos. Sin embargo, la rabia ha sido azuzada por un nuevo actor hasta entonces desconocido: Italia in Piazza (Italia en la Plaza), un movimiento surgido en las redes sociales el pasado 4 de octubre y que se presenta como apartidista e independiente de los sindicatos.
Momenti di tensione a Milano durante il corteo indetto da 'Italia in Piazza': in via Broletto, non lontano da piazza del Duomo, la polizia in assetto antisommossa ha caricato i manifestanti che cercavano di forzare il cordone. https://t.co/TbjxMizjZf
— LaPresse (@LaPresse_news) October 17, 2026
"Sumándonos al clima de insatisfacción y valentía que parece respirarse ahora en toda Europa, entre Francia, España, Bélgica y Alemania, Italia también está preparada", proclamaba la organización al convocar una manifestación nacional para el 17 de octubre. Su llamamiento inicial se centraba en la educación y tomaba como referencia las movilizaciones francesas contra "una escuela de recortes y represión". Poco después, sus reivindicaciones se ampliaron a los servicios públicos, el encarecimiento de la energía y los productos básicos, los salarios estancados durante tres décadas y una presión fiscal que calificaban de opresiva.
El movimiento nació al margen de los partidos, pero su irrupción ha terminado por entrar de lleno en la disputa entre ellos. A un año del final de la legislatura, la oposición intenta aprovechar el descontento para desgastar al Gobierno de Giorgia Meloni, mientras el Ejecutivo responde a los disturbios con un endurecimiento de las medidas de seguridad. La escalada de las protestas está suponiendo, de facto, el inicio de una campaña electoral en la que ambos bloques buscan sacar rédito político del malestar social.
Del tema educativo en Italia se desprenden numerosas vertientes, particularmente en el norte del país —foco de estas protestas—, donde la situación podría considerarse similar a la de Francia en cuanto a la falta de maestros (este año en Lombardía quedaron 12.000 plazas vacantes para profesores) y la saturación de las aulas. La docencia en el norte ha perdido atractivo dado que el salario en Italia es el mismo independientemente de la zona donde se trabaje, y para quien reside en ciudades como Milán y Turín resulta imposible vivir con una media de 1.400 euros netos al mes.
Antonio Balestra, director del Curie-Vittorini de Grugliasco, el mayor centro educativo del área metropolitana de Turín, defendió en una entrevista con La Repubblica la necesidad de escuchar a los estudiantes. "Más allá de las infiltraciones externas y de la violencia, hay que escuchar el malestar de los chicos. Tienen razón al protestar, la escuela debe ser un tema central", afirmó desde su despacho en uno de los colegios ocupados pacíficamente por sus alumnos.
Allí, la presencia de encapuchados no desembocó en los episodios de "guerrilla urbana" descritos por la prensa italiana en otras ciudades. Pero las ocupaciones pacíficas y las reivindicaciones educativas terminaron eclipsadas por las imágenes de escaparates destrozados, piedras y gases lacrimógenos. Según la agencia ANSA, el sábado 197 personas fueron trasladadas a dependencias policiales en toda Italia y 28 acabaron detenidas, entre ellas 12 menores. Sólo en Milán, tras las protestas del domingo, la cifra de personas detenidas superó las 200, la mayoría menores de edad.
¿De izquierdas o de derechas?
Lo que el viernes figuraba como una noticia marginal en los periódicos, para el lunes ya era el encabezado de la primera plana. La "revuelta de encapuchados" pasó a ser "la guerra dei ragazzini" (la guerra de los chavales), como la denominó el periódico La Repubblica. Y estas protestas han encontrado en la clase política una respuesta muy diferente a la francesa.
A diferencia de en Francia, donde el presidente Emmanuel Macron ha definido a los responsables de los disturbios en su país como "grupúsculos facciosos de ultraizquierda a los que se sumaron numerosos delincuentes", ni Meloni ha identificado a los manifestantes como militantes de ultraizquierda ni sus adversarios han tratado de presentarlos como grupos de ultraderecha. La primera ministra se limitó a expresar su solidaridad con las fuerzas del orden y exigió a la oposición de centroizquierda que no fuera "ambigua" ante los violentos, porque "cualquier reticencia es justificación".
Pero no significa que los disturbios hayan quedado al margen de la confrontación partidista. Elly Schlein, líder del progresista Partido Democrático, aseguró ayer durante la asamblea de su formación estar "lista para guiar esta comunidad como candidata a la presidencia del Consejo de Ministros". La política trató de conectar su discurso con las reivindicaciones de los jóvenes movilizados y acusó al Ejecutivo de desoírlas. "El Gobierno ignora estas voces. Han tenido una mayoría enorme, se vanaglorian de ser el Gobierno más longevo. El más longevo y el más inútil", afirmó.
Giuseppe Conte, líder del Movimiento Cinco Estrellas, condenó los episodios de violencia y acusó al Ejecutivo de ignorar las causas del descontento. "Ante las protestas y algún episodio de violencia que condenamos firmemente, el Gobierno no puede atreverse a negar la raíz del malestar: la imposibilidad para adultos, jóvenes, familias y empresas de llegar a fin de mes o ver garantizados derechos esenciales. Pensemos en el derecho a la sanidad, al estudio, a un salario digno para quien tiene familia", declaró.
Angelo Bonelli, de Alianza Verdes e Izquierda, también rechazó los disturbios. "No nos corresponde a nosotros identificar a los criminales, en esto debe pensar el ministro del Interior, pero quiero decir algo muy claro: nosotros la violencia la condenamos. Quienes cometen estos actos son nuestros enemigos y adversarios porque no sólo ponen en segundo plano las protestas legítimas, sino que las borran por completo. En estas horas estamos viendo cómo una derecha innoble está instrumentalizando lo que ocurrió", afirmó.
El Gobierno también está moviendo ficha. El vicepresidente Matteo Salvini anunció el despliegue de 500 soldados adicionales en Milán para reforzar la seguridad tras dos noches de disturbios y saqueos. Meloni reunió también a los responsables de Interior, de las fuerzas del orden y de los servicios de inteligencia para preparar un paquete de medidas que el Consejo de Ministros prevé aprobar este martes. Entre las propuestas de la Liga, socio de coalición de Meloni, figura ampliar la presencia militar en las zonas más conflictivas del país y extender hasta un máximo de 24 horas la denominada "retención preventiva", que permite a las autoridades detener temporalmente a personas consideradas una amenaza antes de una manifestación.
Pero detrás de las imágenes de escaparates destrozados y jóvenes encapuchados persiste una cuestión que trasciende la respuesta policial: la creciente distancia entre una parte de la juventud italiana y sus representantes políticos. Mario Capanna, histórico líder estudiantil de mayo del 68, exdiputado y exeurodiputado de Democracia Proletaria, ofreció en Rai1 una interpretación especialmente pesimista de ese desencanto. "Estos jóvenes, además de que por su edad todavía no pueden votar, cuando puedan, cerca del 90% no lo hará. Se abstendrán. Sienten la política tan lejana, tan insensible a sus necesidades que dicen: 'Si esta es la política, yo no voy a perder tiempo'. La motivación es el sentido profundísimo de frustración que tienen estos jóvenes", aseguró.
Milán amaneció este lunes con una fila de padres preocupados frente a las puertas de la Questura (jefatura de la policía), esperando a que sus hijos menores de edad quedaran en libertad. Según las crónicas, entre los detenidos había jóvenes de entre 13 y 16 años. Sus arrestos ocurrieron durante los disturbios del fin de semana en la capital lombarda. Bastaría aguzar el oído para distinguir gran variedad de acentos en la fila. Un hombre de origen rumano entrevistado por el Corriere della Sera declaró: "Me parto el lomo en el trabajo todos los días y me da vergüenza estar aquí después de 30 años en Italia. Si mi hijo se ha equivocado, pagará. Estoy decepcionado con él".
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