Protestas en Albania, la verdadera europeización de la sociedad albanesa
"El Gobierno presenta la integración europea como una historia de éxito, pero una parte de la sociedad comienza a preguntarse quién se está beneficiando realmente de esa modernización"La incorporación de los estudiantes a partir del 13 de octubre ha dado una nueva dimensión a las protestas. Las elevadas tasas universitarias, el deterioro de las infraestructuras educativas y las escasas oportunidades laborales han alimentado una indignación que trasciende las aulas. Las manifestaciones se han extendido a distintas ciudades y han desembocado en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, ataques contra edificios gubernamentales y numerosas detenciones. Lo que comenzó como una movilización localizada se ha convertido en una impugnación mucho más amplia del modelo político albanés.
"Los ataques contra edificios públicos no pueden justificarse, pero tampoco pueden servir para convertir un conflicto político y social en un simple problema de orden público"El problema no es que Albania se modernice, sino quién decide las prioridades de esa modernización y cómo se distribuyen sus beneficios. La transformación del territorio en un activo financiero puede mejorar determinados indicadores económicos, pero también desplazar a las comunidades locales y dificultar el acceso a la vivienda. Para muchos jóvenes, la promesa de prosperidad se ha traducido en una elección entre aceptar condiciones laborales precarias o abandonar el país. La emigración, durante décadas una válvula de escape frente a las frustraciones sociales, constituye uno de los síntomas más evidentes de los límites de este modelo.
"Rama aspira a concluir las negociaciones en 2027 y ha convertido la adhesión a la UE en 2030 en una de sus principales promesas políticas"Durante demasiado tiempo, la política europea hacia los Balcanes occidentales ha privilegiado la estabilidad de determinados interlocutores gubernamentales frente a una evaluación más exigente de la calidad democrática. Es lo que la literatura académica ha identificado como 'estabilitocracia', un modelo en el que dirigentes con tendencias autoritarias o prácticas clientelares obtienen legitimidad internacional a cambio de garantizar estabilidad y cooperación estratégica. Serbia constituye probablemente su ejemplo más conocido, pero Albania obliga a plantear preguntas similares, aunque sus circunstancias y su trayectoria europea sean diferentes.
"La cooperación con Bruselas no debería funcionar como un salvoconducto frente a las exigencias democráticas internas"No es la primera vez, pero sería un error interpretar las protestas albanesas como una excepcionalidad balcánica. Las preocupaciones que expresa la sociedad albanesa conectan con las que atraviesan otras sociedades europeas, donde la vivienda, la educación, los salarios y el deterioro de los servicios públicos se han convertido en cuestiones centrales de la contestación social. Las movilizaciones recientes en Francia, Bélgica o España responden a contextos políticos diferentes, pero revelan una angustia generacional compartida ante la precariedad, el debilitamiento del Estado social y la incertidumbre sobre el futuro. Una incertidumbre agravada por las transformaciones tecnológicas, la inteligencia artificial y un contexto geopolítico cada vez más inestable. También las respuestas que están dando los gobiernos a esas protestas coinciden en sus niveles de represión y criminalización. La diferencia es que, en Albania, esas preocupaciones se expresan en una sociedad que todavía espera que la integración europea contribuya a resolverlas. La convergencia con Europa no consiste únicamente en adoptar sus normas, sino también en compartir sus contradicciones, y ahí sí Albania está totalmente europeizada, tanto en su ciudadanía como en sus élites.