Las mujeres experimentan más dolor que los hombres en todas las regiones del cuerpo, según un estudio internacional - Infocop
Las mujeres presentan una mayor prevalencia de dolor que los hombres en todas las regiones del cuerpo, especialmente, en la cabeza, la cara y el abdomen. Esta diferencia se observa en 11 zonas anatómicas analizadas. Asimismo, el dolor aumenta de forma especialmente pronunciada antes de los 55 años, lo que indica que una parte importante de su carga se desarrolla durante la edad laboral. Existen, además, importantes desigualdades socioeconómicas y geográficas, con una mayor prevalencia de dolor en edades avanzadas entre las poblaciones de países con menor nivel de desarrollo humano.
Así lo pone de manifiesto un estudio internacional publicado en la revista Nature Medicine, bajo el título “Global and regional reference curves for pain across the lifespan in 6.1 million individuals in 118 countries” (Curvas de referencia globales y regionales del dolor a lo largo de la vida en 6,1 millones de personas de 118 países). La investigación, liderada por un equipo de la Universidad McGill (Canadá), analiza los datos de 6.125.459 personas de entre 5 y más de 100 años, procedentes de 902 fuentes de información poblacional de 118 países y territorios, recopiladas entre 1990 y 2025. Del total de participantes, el 55% eran mujeres.
El objetivo es analizar cómo varía la prevalencia del dolor a lo largo de la vida según el género, la edad, la región geográfica y diferentes factores socioeconómicos. Para ello, se han utilizado datos sobre el dolor comunicado directamente por las personas, independientemente de la existencia de un diagnóstico clínico, dado que éste puede no reflejar adecuadamente la situación de quienes tienen dificultades para acceder a los servicios sanitarios.
Las mujeres presentan mayor prevalencia de dolor en las 11 zonas del cuerpo analizadas.
Uno de los principales hallazgos es que las mujeres presentan mayor prevalencia de dolor que los hombres en todas las áreas anatómicas estudiadas. Las diferencias más pronunciadas se observan en el dolor facial, de cabeza y abdominal.
Concretamente, las mujeres presentan una probabilidad relativa de experimentar dolor facial un 83% superior a la de los hombres, mientras que, en el caso del dolor de cabeza, es un 74% superior y, en el dolor estomacal o abdominal, un 60% superior.
Estas diferencias también aparecen al considerar otras manifestaciones del dolor. Así, en comparación con los hombres, las mujeres presentan una probabilidad relativa un 16% superior de experimentar dolor en alguna parte del cuerpo, un 52% superior de presentar dolor de alta intensidad y un 50% superior de experimentar dolor generalizado.
Los resultados muestran, por tanto, que las desigualdades entre mujeres y hombres no se limitan a determinadas dolencias, sino que constituyen un patrón consistente en las distintas manifestaciones del dolor analizadas.
No obstante, la investigación no establece las causas de estas diferencias, por lo que sus resultados no permiten determinar en qué medida intervienen factores biológicos, psicológicos o sociales.
El dolor de espalda es el más frecuente, aunque su evolución varía a lo largo de la vida.
La prevalencia varía considerablemente según la región corporal. El dolor de espalda es el más frecuente, con una prevalencia global estimada cercana al 40%, mientras que el dolor facial presenta la menor frecuencia, alrededor del 2%.
Sin embargo, el dolor no sigue una evolución uniforme a lo largo de la vida de la persona. En siete de las 11 regiones anatómicas analizadas, su prevalencia aumenta inicialmente, alcanza un máximo durante la edad adulta y posteriormente disminuye.
Este patrón resulta especialmente evidente en el dolor de cabeza, cuya prevalencia alcanza su máximo aproximadamente a los 34 años, y en el dolor abdominal, alrededor de los 23 años. Por su parte, el dolor de cuello y hombros alcanza sus niveles más elevados en torno a los 62 años y el dolor de codo, alrededor de los 59.
En cambio, las molestias musculoesqueléticas que afectan a la espalda, las caderas y las rodillas muestran incrementos progresivos durante la edad adulta, alcanzando sus mayores prevalencias en edades avanzadas.
El mayor incremento del dolor se produce antes de los 55 años, lo que refuerza la importancia de la prevención temprana.
Otro resultado destacado es que los incrementos más pronunciados del dolor se producen antes de los 55 años en la mayoría de las regiones corporales, lo que cuestiona la idea de que su carga se acumula principalmente durante la vejez.
Aunque la prevalencia de experimentar dolor en alguna parte del cuerpo aumenta desde, aproximadamente, el 30% a los 5 años hasta el 70% a los 100 años o más, las manifestaciones de mayor intensidad siguen una evolución diferente.
En concreto, el dolor de alta intensidad, definido como una puntuación de 7 o más en una escala de 0 a 10, alcanza su máxima prevalencia alrededor de los 50 años, mientras que el dolor generalizado presenta su máximo aproximadamente a los 70 años.
Asimismo, entre quienes experimentan dolor, la intensidad media alcanza un máximo cercano a los 48 años, con puntuaciones estimadas de 5,0 sobre 10 entre las mujeres y 4,6 entre los hombres, antes de disminuir progresivamente.
Según los autores y autoras del estudio, estos hallazgos indican que las estrategias de prevención podrían necesitar desarrollarse en etapas más tempranas de la vida.
Las desigualdades socioeconómicas también condicionan la prevalencia del dolor.
La investigación identifica importantes diferencias en la distribución del dolor según el nivel de desarrollo de los países.
A partir de los 40 años, la prevalencia de dolor corporal, articular y de espalda aumenta más rápidamente en los países con menor índice de desarrollo humano.
Entre las personas de 80 años o más, la diferencia estimada entre países con bajo y alto desarrollo humano alcanza los 30,6 puntos porcentuales en la prevalencia de dolor en alguna parte del cuerpo. En el caso del dolor articular, la diferencia se sitúa en 21 puntos porcentuales y, para el dolor de espalda, en 20,2 puntos.
Además, la prevalencia de dolor lumbar en los países con un índice de desarrollo humano más bajo llega a aproximarse al doble de la registrada en los más desarrollados durante las edades avanzadas.
El equipo investigador plantea que estas desigualdades podrían relacionarse con las condiciones laborales, la exposición a cargas físicas, las dificultades de acceso a tratamientos y rehabilitación o una mayor presencia de determinadas enfermedades, aunque reconocen que sus causas todavía no se conocen suficientemente.
El tabaquismo, la obesidad y los bajos ingresos se asocian con una mayor carga de dolor.
El estudio analiza también tres factores modificables o susceptibles de intervención mediante políticas públicas: el tabaquismo, la obesidad y los bajos ingresos familiares.
El tabaquismo se asocia con una mayor prevalencia de dolor en distintas regiones corporales, principalmente, de dolor facial, cuyo riesgo relativo es un 67% superior entre las personas fumadoras respecto de quienes nunca han fumado.
Por su parte, las personas con obesidad presentan, en comparación con aquellas con normopeso, un riesgo relativo un 91% superior de dolor en pies o tobillos, un 86% superior de dolor de rodilla y un 61% superior de dolor de cadera.
Los bajos ingresos también se relacionan con una mayor prevalencia de dolor. La diferencia más pronunciada se observa en el dolor torácico, cuyo riesgo relativo es 2,09 veces superior entre las personas con menores ingresos respecto de aquellas con mayores recursos económicos.
En conjunto, los investigadores e investigadoras estiman que el 18,3% de la carga mundial del dolor en las regiones anatómicas analizadas es atribuible estadísticamente a estos tres factores, aunque la proporción varía entre el 12,6% en África subsahariana y el 27,1% en Europa oriental.
La importancia de mejorar la prevención y la atención del dolor.
Los autores y autoras destacan que estos resultados evidencian la necesidad de mejorar la evaluación del dolor, considerando las diferencias relacionadas con el género, la edad y las condiciones socioeconómicas, así como de impulsar estrategias preventivas adaptadas a las características de cada población.
No obstante, advierten de algunas limitaciones, entre ellas, el carácter mayoritariamente transversal de los datos, las diferencias entre los instrumentos de evaluación y la desigual representación de determinadas regiones geográficas. Asimismo, las medidas utilizadas reflejan principalmente dolor actual o reciente, no necesariamente dolor crónico.
En conclusión, la investigación pone de manifiesto que el dolor afecta de manera desigual a mujeres y hombres y que una parte importante de su carga se desarrolla antes de la vejez, reforzando la importancia de adoptar medidas preventivas más tempranas y de abordar las desigualdades que condicionan su distribución.
Fuente.
Fillingim, M., Tanguay-Sabourin, C., Neuert, L., Zare, A., Norman, J., Guglietti, G. V., … & Vachon-Presseau, E. (2026). Global and regional reference curves for pain across the lifespan in 6.1 million individuals in 118 countries. Nature Medicine, 1-9. https://doi.org/10.1038/s41591-026-04696-w