Los acampados de Sol se blindan ante las miradas de los curiosos y dicen que se quedarán: "La acampada sigue, no hay retirada"
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La acampada por la vivienda de la Puerta del Sol continúa. Al menos, eso es lo que sostienen sus integrantes, que han salido al paso de las informaciones que apuntaban a una retirada de la protesta con un mensaje publicado en su cuenta oficial de Instagram: «La acampada sigue, no hay retirada».
La imagen que ofrece este lunes la plaza, sin embargo, es distinta a la de las jornadas previas. Las tiendas han perdido extensión, se han reorganizado y ahora forman una estructura compacta que dificulta observar qué sucede en su interior.
Las lonas azuladas dibujan una especie de cúpula irregular que recuerda a una testudo, la formación defensiva que empleaban las legiones romanas para protegerse. La estructura se ha cerrado sobre sí misma hasta hacer prácticamente imposible la visibilidad desde el perímetro exterior y los edificios aledaños.
Los accesos permanecen vigilados por activistas sentados en sillas de camping. A los pies de la estructura de lona, los manteros continúan vendiendo camisetas, mientras los participantes mantienen su actividad en el interior tras una reorganización que, según sostienen, ha permitido reubicar dentro del perímetro a personas que hasta ahora se encontraban en las calles aledañas.
La reducción del número de tiendas es visible, pero no implica por sí sola que la protesta haya terminado. Frente a las informaciones difundidas durante el fin de semana sobre una posible retirada, los acampados defienden que se trata de una reorganización. «Se han retirado algunas tiendas, pero hay rotación de personas como desde el primer día. Retirar tiendas no es levantar la acampada», afirman en su comunicado. «Hay reorganización, no retirada», añaden.
Sin embargo, según informó GRAN MADRID, la posibilidad de levantar la acampada, lleva alrededor de dos semanas sobre la mesa de las asambleas, aunque hasta ahora no se ha traducido en un anuncio oficial de desmantelamiento. La convocatoria de la huelga general del 11 de noviembre es otro de los asuntos que condicionan la organización de la protesta. Sus integrantes niegan que preparar esa movilización sea incompatible con permanecer en Sol.
Más allá de la organización física, la acampada ha desarrollado una estructura interna que emula funciones policiales y judiciales: gestionar conflictos, atender a quienes denuncian agresiones y aplicar medidas disciplinarias. Estas tareas se reparten entre dos grupos, las autodenominadas comisiones de Cuidados y Mediación, que cuentan con protocolos propios y participan en la organización de la vigilancia.
Cuidados se ocupa, según sus documentos, de prestar apoyo sanitario y psicosocial y de atender a quienes comunican una agresión. Su protocolo establece que «la persona agredida nunca tiene que educar al agresor, para mediar está Cuidados».
Paralelamente, Mediación hace las veces de juez ante quienes incumplen las normas internas y tramitan posibles expulsiones. El protocolo establece distintos niveles de sanciones: El amarillo para el primer aviso; el naranja, la fase previa a la expulsión, y el rojo implica la expulsión.
Las actas de las asambleas muestran, además, que las funciones de Mediación van más allá de intervenir en disputas. Entre sus tareas figuran la organización de turnos en las entradas y la formación de cordones. En una de las reuniones, la comisión advirtió de que no podía seguir cubriendo por sí sola las guardias de los accesos y pidió que más acampados se implicaran en ellas. En otra intervención, resumió el criterio que, según sus integrantes, debe guiar su actuación con una consigna: «Desescalar conflictos, no crearlos».