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Tuesday, 27 October 2026
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Xavier Barcons, físico y astrónomo: «Encontraremos un planeta habitable antes de veinte años»

Xavier Barcons, físico y astrónomo: «Encontraremos un planeta habitable antes de veinte años»

El investigador español deja la dirección del Observatorio Europeo Austral (ESO) después de casi una década en la que ha dado impulso a la construcción del mayor telescopio terrestre del mundo

Después de casi una década al frente del Observatorio Europeo Austral (ESO), una organización astronómica intergubernamental de la que España es miembro desde 2006, a Xavier Barcons (L'Hospitalet de Llobregat, 1959) le llegó el día de jubilarse el 31 de agosto. No lo lamenta. ... En el momento de la entrevista se encuentra en Tenerife, en el festival de astronomía y música Starmus, para hacer lo que a partir de ahora planea hacer: divulgar sobre ciencia. «Es una de esas cosas que siempre me han gustado», dice durante una videoconferencia este físico y astrónomo, que comenzó estudiando los agujeros negros y acabó en los más altos puestos de gestión científica. En el organismo europeo con base en Garching, Alemania, donde ha trabajado veinte años, ha gestionado como director general un presupuesto anual de unos 400 millones de euros y algunos de los telescopios terrestres más avanzados del mundo, situados en el desierto de Atacama, en Chile. Además, durante su mandato, impulsó allí la construcción del ELT, el Telescopio Extremadamente Grande, diseñado para convertirse en el mayor del mundo para observar luz visible e infrarroja. Antes de todo eso, fue el primer director del Instituto de Física de Cantabria, fundador y coordinador de la Red Española de Astronomía y miembro del equipo ministerial que negoció la entrada de nuestro país en ESO. Tanta gestión le ha impedido dedicarse a la investigación. «Es lo que tocaba y no me arrepiento en absoluto, porque me he dedicado a posibilitar que otros sí lo hicieran», afirma.

—¿Qué nos va a aportar el ELT que no tengamos ya?

—La generación actual de grandes telescopios de 8 o 10 metros de diámetro ha hecho muchos descubrimientos en los últimos 30 años. Por ejemplo, en 1995 se descubrió el primer exoplaneta, el primer planeta orbitando alrededor de otra estrella. Ahora tenemos 8.000, de los cuales siete u ocho podrían ser habitables. Si queremos buscar nuevas tierras alrededor de otras estrellas y averiguar si alguna podría ser habitable, necesitamos examinar su atmósfera. Para eso, hace falta un telescopio más grande y preciso [El ELT tendrá un espejo de 39 metros de diámetro]. También para observar las primeras galaxias del universo, observar la física de los agujeros negros... Tendrá un impacto enorme.

—¿Encontrará un planeta habitable?

—Es posible, dentro de diez a veinte años. No estamos tan lejos. De hecho, el Telescopio Espacial James Webb ha descubierto dióxido de carbono en un exoplaneta. Eso no indica que haya vida, pero sí que vamos en el buen camino. Al analizar la atmósfera de los planetas con el ELT, podrían detectarse biomarcadores, lo que indicaría que hay o ha habido alguna clase de actividad biológica. Eso es apasionante.

—¿Pero no llevamos desde principios de los 2000 escuchando que encontraremos vida en diez años y no llega?

—No, no, esto no es como la fusión nuclear. Avanzamos. Ya hemos encontrado planetas terrestres. Tienen la masa de la Tierra, pero son muy distintos porque la estrella en torno a la que orbitan es mucho más pequeña, más fría... y orbitan muy cerca. Alfa Centauri, la estrella más próxima al Sol, a menos de cuatro años luz, tiene por lo menos dos planetas a su alrededor que podrían ser habitables si tuvieran agua líquida en su superficie. Aunque probablemente no sea así, porque esa estrella emite toda clase de radiaciones.

Todos los riesgos

—La construcción del ELT no ha sido un camino de rosas, ¿se cumplirán los plazos?

—Verá su primera luz en 2029. Hemos tenido todo un catálogo de retos. Cualquier riesgo que uno pudiera imaginar se ha materializado y muchos que no habíamos imaginado también. Hubo una pandemia que nos retrasó la obra civil casi un año y medio. Después, una guerra en Europa que todavía sigue y que, además de incrementar los precios de una manera brutal, retrasó la cadena de provisión. También tenemos retos técnicos. El más grande creo que estamos a punto de resolverlo: uno de los cinco espejos, el de estabilización de campo, tiene que oscilar un montón de veces por segundo. Entonces, debe ser extraordinariamente ligero, por lo que se ha construido con carburo de silicio, que es un material muy delicado y complicado.

Si queremos buscar nuevas tierras y averiguar si alguna podría ser habitable, necesitamos examinar su atmósfera. Para eso, hace falta un telescopio más grande y preciso

—Se enfrentaron a un proyecto industrial que amenazaba las condiciones de observación.

—Ese proyecto, una planta de hidrógeno verde, supuso un período extremadamente tenso con muchísimo trabajo legal, de comunicación pública, política... Se movilizó la comunidad científica internacional. Al final, se retiró. No estoy seguro de que lo consiguiéramos nosotros. Fue una combinación de presiones políticas y de que, posiblemente, el plan de negocio no estaba muy maduro. Pero va a haber más, no me cabe ninguna duda. Y el tema de la contaminación lumínica sigue ahí. Primero, por la actividad humana sobre la superficie terrestre y, segundo, por las megaconstelaciones de satélites que están en planificación.

—¿Le preocupan?

—Muchísimo. En el año 2019, había 3.500 satélites en la órbita baja, de los cuales unos 2.000 eran de defensa. Hoy en día, rondamos los 15.000. Hay planes bastante creíbles de llegar a los 100.000, pero es que ya están pensando en un millón o dos millones. Según mis colegas, los 100.000 se podrían sortear, pero un millón arruinarían totalmente la astronomía desde tierra. Y no solo eso: esa población de satélites acabaría colisionando, generando basura espacial y causando una catástrofe que anularía toda la órbita baja de la Tierra.

Me preocupan muchísimo las grandes constelaciones de satélites. Van a arruinar la astronomía terrestre

—¿Crear grandes infraestructuras científicas será cada vez más difícil en un mundo tan dividido?

—Algunas aventuras de grandes instalaciones científicas poco sólidas se romperán, lo van a pasar feo, de eso estoy seguro, con esta deriva que tenemos hacia la defensa, que no digo yo que no haya que hacerlo. Prefiero no poner ejemplos. Pero un organismo intergubernamental como es ESO tiene una estructura muy robusta y seguirá adelante.

El hito europeo

—¿Europa está sacando partido del retroceso en ciencia de Estados Unidos?

—Aparte del ELT europeo, hay otros dos proyectos ELT liderados por universidades norteamericanas con socios internacionales. El europeo va 10 años por delante, pero no por la administración Trump -que tampoco lo va a hacer mejor, al contrario-, sino por decisiones anteriores. En Europa nos costó más arrancar, algo muy típico nuestro: hubo que poner de acuerdo a 14 estados miembros de la ESO, pero se consiguió en 2014. Y vamos como un cohete todo lo rápido que se puede ir en un proyecto tan innovador, con unos retos tecnológicos brutales. Pero no hemos tenido que parar por falta de financiación. El hecho de que Europa se coloque por primera vez por delante de Estados Unidos en la astronomía desde tierra es un hito que demuestra nuestras fortalezas. Tenemos un método que funciona.

Creo que el Telescopio de Treinta Metros (TMT) corre un grave riesgo de no poderse hacer. En Hawái van a seguir teniendo problemas

—La Palma ha perdido el Telescopio de Treinta Metros (TMT) a pesar de la gran oferta de financiación de España. ¿Qué ha pasado?

—Es realmente una lástima, la oferta española fue muy generosa y creo que se hizo muy bien. La gestión fue niquelada. Yo no lo habría hecho mejor. Sinceramente, creo que el TMT corre un grave riesgo de no poderse hacer, porque en Hawái, que era la ubicación original, van a seguir teniendo el mismo problema. [La población local rechaza su construcción al considerar el emplazamiento un lugar sagrado]. Con todo, los astrónomos de Canarias van a tener acceso al ELT, que va a ser mayor y va a estar en funcionamiento diez años antes. O sea, que el TMT, siendo un valor científico añadido, no era tan imprescindible.

—El ELT tiene un presupuesto de unos 1.450 millones de euros. ¿Cómo se convence a un ciudadano de que un telescopio va a mejorar su vida?

—Pues no es una labor fácil porque involucra hacer números y dejar a un lado ideas preconcebidas. Invertir en una gran infraestructura científica genera una actividad económica más allá de lo que es la inversión inicial. Son estos famosos multiplicadores de la economía, que generan conocimiento en las empresas y que después tienen aplicación a otros campos.

—¿Cuál ha sido el descubrimiento astronómico de ESO que más le ha sorprendido de todos estos años?

—El equipo del instrumento Gravity, instalado en Paranal, consiguió trazar en mayo de 2018, durante un montón de noches seguidas, la órbita de una estrella alrededor del agujero negro que hay en el centro de nuestra galaxia y midió por primera vez unas predicciones que había hecho Albert Einstein en 1915. Yo esto lo explicaba en la universidad cuando daba clases y no pensaba que se podría medir nunca... Otro avance espectacular fue la primera imagen de un agujero negro en el año 2019. Era como siempre lo había imaginado.

—La IA está revolucionando el campo de las matemáticas, ¿y la astronomía?

—Ya tiene un impacto en la manera como diseñamos y operamos nuestros telescopios. Por poner un ejemplo, los ingenieros ya no escriben códigos, sino algoritmos, para después verificar el resultado. Por otro lado, ayuda a predecir las condiciones de observación y permite optimizar su planificación. Los sistemas que se usan para operar instalaciones complejas vendrán asistidos por la IA, automatizando procesos y, en casos más críticos, sugiriendo a los operadores qué decisiones tomar. Ahora bien, la IA no va a inventar de la nada modelos físicos de los astros que puedan describir observaciones.

Un eclipse es una demostración del método científico innegable. No he escuchado decir nada a ningún terraplanista

—El eclipse de agosto despertó el interés por la astronomía en la ciudadanía. ¿Nos va a dejar huella?

—Sí, estoy seguro. En el año 2019, un eclipse total pasó por encima de uno de nuestros observatorios en La Silla y fue una experiencia absolutamente brutal. Generó una gran comprensión y simpatía en la población por nuestro trabajo, tanto que cuando se proyectó la planta de hidrógeno cerca del observatorio de Paranal, mucha gente lo consideró una locura: cómo se iba a destruir el observatorio más potente y mejor del mundo. Estoy seguro de que esa conciencia también va a permanecer en España.

Pero para mí, el mensaje más importante de los eclipses es corroborar que el método científico funciona, que la ciencia es capaz de predecir fenómenos cósmicos con décadas de anticipación. Es algo tan tangible que nadie lo puede ignorar. Yo no he escuchado a ningún terraplanista argumentar nada sobre el eclipse. Y hay una cosa adicional: yo no pude ver el eclipse de agosto en España por motivos de trabajo, pero vi el de 2019 junto con el ministro de Ciencia de Chile y con la secretaria de Estado de Asuntos Exteriores... y lloramos los tres como tres Magdalenas. Es una experiencia humana brutal.

Originally reported by ABC.