¿Por qué algunos supervivientes de cáncer desarrollan insuficiencia cardíaca?
Algunos tratamientos contra el cáncer pueden afectar al corazón décadas después de haber terminado la terapia. Averiguar por qué ocurre es el objetivo de un proyecto liderado por Borja Ibáñez, del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), en Madrid, que busca detectar ese riesgo antes de que aparezcan las complicaciones.
La investigación se centra en las antraciclinas, una familia de fármacos utilizados contra leucemias, linfomas y tumores como los de mama o los sarcomas. “Son tratamientos extraordinariamente eficaces desde el punto de vista oncológico, pero tienen un potencial cardiotóxico importante”, explica Ibáñez a La Vanguardia.
Aunque sus efectos perjudiciales sobre el corazón a corto plazo son conocidos, el proyecto aborda las posibles consecuencias tardías. “Estamos hablando de complicaciones que pueden aparecer más de 5 o 10 años después de haber superado el cáncer y de haber recibido las antraciclinas”, señala el investigador. Según explica, estos supervivientes tienen más del doble de probabilidad de sufrir una complicación cardiovascular a largo plazo que personas de características similares que no han recibido estos fármacos.
Para comprender ese riesgo, el equipo investiga qué ocurre en la médula ósea, el tejido del interior de los huesos donde se producen las células sanguíneas, incluidas las del sistema inmunitario. Su hipótesis es que las antraciclinas pueden modificar de forma duradera estas células y alterar su respuesta ante problemas que surjan años después. Así, cuando aparece un factor como la hipertensión arterial, las células modificadas responderían de manera exagerada y contribuirían a dañar el corazón. Los medicamentos podrían dejar “una especie de huella biológica persistente en la médula ósea”, resume Ibáñez.
El equipo comprobará esta posibilidad mediante estudios de laboratorio, modelos animales y trabajos con supervivientes del cáncer. Combinará técnicas avanzadas de imagen y análisis genéticos para seguir los cambios a lo largo del tiempo y determinar si ciertas mutaciones hacen que algunas personas sean más vulnerables.
Si se confirma el mecanismo, el primer objetivo sería identificar a los pacientes que presentan esas alteraciones para ofrecerles un seguimiento cardiovascular más estrecho y controlar factores como la hipertensión. Identificar las primeras señales de daño ayudaría a diseñar estrategias preventivas y, en el futuro, nuevos tratamientos.
En el proyecto participan también Felipe Cortés, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, y Teresa López, de la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Universitario La Paz, ambos en Madrid.
Declaración de transparencia: Esta investigación está financiada por la Fundación “la Caixa”, entidad que apoya el canal de información científica Big Vang.