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Sunday, 18 October 2026
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¿Por qué seguimos fascinados por los tiranos?

"La historia nos demuestra que un gobernante puede tener una legitimidad de origen en las urnas y, sin embargo, comportarse de forma tiránica"En efecto, no hay que olvidar la estrecha relación entre la tiranía y el miedo. No nos referimos tanto al miedo que despierta el tirano entre sus súbditos, sino al miedo en el que vive el propio tirano, que puede llevarle a la paranoia. Según Ben Gazur, "los tiranos disfrutan de sus palacios mientras el pueblo sufre", pero a la vez los tiranos sufren porque no saben el tiempo que les queda por delante. El libro está lleno de toda clase de ejemplos, aunque pocos hay que sean tan expresivos como el de la espada de Damocles. Damocles era un cortesano que admiraba la riqueza y el poder del tirano Dionisio de Siracusa. Dionisio le permitió ocupar su lugar en un banquete, pero su alegría se transformó en miedo cuando vio una espada suspendida sobre su cabeza por un único pelo de caballo. Aprendió entonces que el tirano vive bajo un peligro permanente.

"Ni 1945 ni 1989 fueron los años en que desaparecieron de una vez los dictadores y los líderes supremos"Además, estamos ante una antología de la crueldad. Desfilan en estas páginas los tiranos contemporáneos de Asia y África: Pol Pot, Ferdinand Marcos, Kim Jong-il, Sadam Huseín, Gadafi, Bokassa, Macías, Idi Amin, Hastings Banda… La ideología que pudieran tener es algo secundario en comparación con las atrocidades que les han acompañado. En los casos de los tiranos de las Américas, el cine y la literatura los han hecho más cercanos a nosotros. Dos ejemplos han sido Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana y François Duvalier en Haití. El anticomunismo que decían profesar sirvió para "justificarlos" durante la Guerra Fría, pero escritores como Graham Greene supieron mostrar la auténtica realidad, en el caso de Duvalier, con la novela Los comediantes.

"Los tiranos suelen ser personas muy intuitivas porque siempre están calculando el momento más oportuno para acceder a los resortes del poder y ganarse el favor del pueblo"Otra certera conclusión del libro es que la gente elige muchas veces lo que no le conviene. A menudo se le presentan dos opciones: llevar una vida tranquila, aunque parezca gris y anodina, o ejercer algún tipo de poder, aunque sea a costa de oprimir a otros. De ahí que Ben Gazur haga esta definición de la tiranía: es la culminación del deseo humano de dominar a otros. Pese a todo, no cae en el recurso fácil de deshumanizar a los tiranos. Nos recuerda que eran personas como nosotros. Tenían su familia y sus amistades, y algunas de sus ambiciones no eran muy diferentes de las nuestras.

Originally reported by Agenda Pública.