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Wednesday, 28 October 2026
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Stubb, el europeo al que escucha Trump, abre línea telefónica con Putin

El teléfono del Kremlin vuelve a sonar y esta vez son países europeos los que están al otro lado de la línea. El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, llamaron ayer martes a Vladimir Putin para abordar el fin de la guerra de Ucrania y preparar las próximas negociaciones de paz. Los dos dirigentes, que participaron desde Helsinki, reclamaron una desescalada y trataron también la seguridad del Báltico y el norte de Europa. Fuentes diplomáticas conocedoras de los términos de la conversación explican a este periódico que Putin reiteró las posiciones ya conocidas de Rusia, pero también expresó su disposición a debatir todas las cuestiones importantes en noviembre en Abu Dhabi, con especial atención a la seguridad y el territorio. Los tres dirigentes acordaron, además, mantener el diálogo en el futuro.

La iniciativa fue consultada previamente con Kiev y ambos informaron después a Volodimir Zelenski. En las versiones públicas no consta que Stubb o Støre le hayan exigido mayor flexibilidad negociadora ni que suspenda unilateralmente los ataques contra refinerías rusas, como se ha exigido desde la Casa Blanca. Zelenski agradeció su apoyo y explicó que habían reclamado a Putin medidas concretas para frenar los ataques contra las instalaciones energéticas y otras infraestructuras ucranianas.

Una silla para Europa

Stubb emerge ahora como candidato a dar voz a Europa ante Putin, aunque todavía sin un mandato común, con dos ventajas: el acceso personal a Trump, cultivado también en el campo de golf, y la experiencia histórica de Finlandia, que combatió a la Unión Soviética y después aprendió a negociar con Moscú para preservar su independencia bajo fuertes restricciones. La carta finlandesa puede ofrecer un perfil más aceptable para Kiev que el de Gerhard Schröder, amigo de Putin y vinculado a los negocios energéticos rusos; y menos condicionado que el de Angela Merkel por el balance de sus anteriores intentos de meter a Rusia por el carril de la legalidad internacional.

Con Macron en el tramo final de su Presidencia y Merz debilitado por las tensiones de su coalición y los reveses electorales, el presidente finlandés encuentra espacio para una diplomacia que intenta devolver a los europeos capacidad de decisión sobre su propia seguridad. Europa busca quién puede representarla en una negociación incierta, dirigida por Washington y Moscú, en la que hasta ahora ha tenido más obligaciones como sostén de Ucrania que influencia sobre las condiciones de la paz.

En la charla Putin se ciñó a su argumentario habitual: responsabilizó a la UE y a la OTAN de prolongar las hostilidades y condicionó una paz duradera a que los intereses rusos sean atendidos plena e incondicionalmente. La versión del Kremlin no recogió ninguna concesión.

El ministro ucraniano de Exteriores, Andrii Sibiha, fijó el límite: "No daremos pasos unilaterales". Europa sigue bajo presión, con ataques híbridos rusos y amenazas periódicas. "Tenemos que estar preparados para un escenario en el que el Reino Unido y la OTAN se encuentren en guerra con Rusia", advirtió Wes Streeting, ministro de Defensa británico.

Europa todavía está buscando su sitio ante la siguiente prueba diplomática: las conversaciones entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos previstas para el 4 de noviembre en Abu Dhabi. El primer ministro polaco, Donald Tusk, confirmó que había sido consultado sobre la llamada y que Stubb le transmitió después una impresión de optimismo muy contenido sobre la posibilidad de avanzar. Varsovia respaldó la búsqueda de un alto el fuego antes del invierno y reafirmó su posición: "Apoyo pleno a Ucrania, aquí no cambia nada". Tusk mantuvo también la exigencia de garantías de seguridad para Kiev y pidió extremar la cautela ante unos objetivos rusos que siguen claramente definidos.

Desde Singapur, el canciller alemán, Friedrich Merz, defendió que cualquier negociación debe incluir a Ucrania y a los europeos, y rechazó que Washington y Moscú puedan resolver la guerra prescindiendo de Kiev. "Mientras Putin no quiera poner fin a la guerra, seguiremos apoyando a Ucrania", aseguró. Para Berlín, ese respaldo protege tanto la integridad territorial ucraniana como el orden político europeo.

La llamada telefónica que mantuvieron el presidente de Finlandia y el primer ministro de Noruega con Vladimir Putin no ha gustado en absoluto en Dinamarca, país que también ha sufrido las provocaciones de Rusia y que tiene un peso relevante en el apoyo a Ucrania así como en la oposición al régimen ruso. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, criticó, primero, que la conversación no se hubiera coordinado con otros aliados europeos.

"La verdad es que no sé qué creen esos dos países que pueden conseguir con esto. En el pasado, el resto de Europa ya hemos dejado muy claro, cuando otros han actuado por su cuenta y, por ejemplo, han viajado a Moscú, que es importante que los europeos permanezcamos unidos. Y eso es algo por lo que muchos de nosotros hemos luchado durante todos estos años en los que hemos sufrido los ataques de Rusia en Ucrania, pero también ahora con la guerra híbrida", subrayó.

Y prosiguió en declaraciones realizadas a la prensa danesa: "Todos queremos la paz. Muchos de nosotros también creíamos que la paz había llegado a Europa, pero está claro que Rusia no la quiere. Por eso, creo que hay que ser muy prudentes a la hora de ofrecer a Putin una oportunidad que no tenía hasta hace apenas unas horas". Sus declaraciones reflejan desconfianza hacia las intenciones de Putin y el temor a que este tipo de conversaciones debiliten y dividan a Europa. Støre respondió a esas críticas asegurando que todos los socios y aliados habían sido informados antes de la llamada y habían recibido después un informe detallado sobre su contenido.

El finlandés Alexander Stubb, en cambio, señaló en un comunicado que "la conversación fue franca y sustancial". El dirigente defendió el diálogo directo con Moscú y explicó que la llamada daba continuidad a las conversaciones de Oslo del 20 de octubre y se había preparado en coordinación con Ucrania. El noruego Jonas Gahr Støre, por su parte, expuso que durante la llamada se subrayó "la importancia de la desescalada". Ambos líderes dejaron claro que no hablaron en ningún caso en nombre de Europa.

El invierno

Ucrania se aproxima a un invierno crítico, con su sistema energético triturado por los bombardeos y muchas dificultades para reponer los misiles que necesita para defenderlo. Durante la madrugada, Rusia lanzó 16 misiles balísticos y más de 280 drones, según las autoridades ucranianas, contra instalaciones energéticas, infraestructuras logísticas y zonas civiles.

Los ataques coincidieron con la entrada en vigor, a las tres de la madrugada, de la tregua localizada en Oleshki, ciudad de la región de Jersón ocupada por Rusia. La pausa debería permitir una operación humanitaria para llevar médicos, medicamentos, alimentos y agua antes de abrir vías de evacuación. Hasta 2.000 habitantes permanecen allí con graves problemas de abastecimiento y movimientos restringidos por los drones y las minas. Melania Trump anunció que la tregua se había ampliado a otras zonas de la región para permitir el paso seguro de los convoyes humanitarios. La suspensión de las hostilidades tiene un alcance local, mientras los bombardeos continúan en otras ciudades ucranianas y afectan a infraestructuras y zonas civiles.

Originally reported by El Mundo.