Tu cintura cambia, tienes más hambre o estás más irritable: cinco señales de la perimenopausia
En el Día Mundial de la Menopausia, que se celebra este domingo, Marta Serrano, doctora en Ciencia y Tecnología de Alimentos, explica que la transición a este momento empieza muchos años antes.
Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
Coincidiendo con el Día Mundial de la Menopausia, este domingo, Marta Serrano, doctora en Ciencias y Tecnología de los Alimentos y experta en nutrición y salud hormonal femenina, pone el foco en las cinco señales que alertan de que el cuerpo ya está cambiando: "La menopausia solo dura un día, pero la transición a ella, mucho más".
El proceso empieza años antes, explica: "Se confirma cuando llevamos doce meses consecutivos sin menstruación. Como un cumpleaños, marca una fecha, aunque el viaje hasta llegar a ella puede haber comenzado muchos años antes". Para estar preparada para asumir este fase vital, Marta Serrano ayuda a reconocer la perimenopausia y a llegar en buen estado físico a la menopausia en su perfil de Instagram @youbymartaserrano o en su web www.youbymartaserrano.
Ese viaje, resume, se llama perimenopausia "y supone una transformación hormonal y metabólica que va mucho más allá de los sofocos". Precisamente, una reciente revisión científica publicada en agosto en Climacteric pone el foco en esta etapa como una ventana de especial vulnerabilidad metabólica, en la que los cambios hormonales pueden favorecer la acumulación de grasa visceral, la pérdida muscular y la resistencia a la insulina, incluso sin grandes variaciones de peso.
"Tu cintura aumenta, aunque tu peso apenas cambie"
Estas son cinco señales que pueden ayudar a reconocer la perimenopausia.
1. Tu cintura aumenta, aunque tu peso apenas cambie
Los estrógenos participan en la distribución de nuestra grasa corporal. Su descenso favorece la acumulación de grasa visceral, alrededor de los órganos abdominales. ¿La consecuencia? Más perímetro de cintura y mayor riesgo de inflamación de bajo grado, alteraciones del colesterol y problemas cardiovasculares.
2. Pierdes fuerza y sientes que te falta energía.
A partir de los 30 o 35 años podemos comenzar a perder masa muscular progresivamente. Los estrógenos participan en su mantenimiento y reparación, por lo que su descenso puede agravar este deterioro. Además de regular el metabolismo de la glucosa, unos músculos fuertes ayudan a proteger nuestros huesos, estabilizar las articulaciones y reducir determinadas molestias musculoesqueléticas. Preservarlos es fundamental para mantener nuestra movilidad, independencia y calidad de vida.
3. Tu intestino parece más sensible.
Lo que antes tolerabas ahora puede provocarte hinchazón, gases o digestiones pesadas. Los estrógenos mantienen una relación bidireccional con nuestra microbiota a través del estroboloma, el conjunto de microorganismos y funciones bacterianas implicados en su metabolismo. Las investigaciones más recientes estudian cómo las fluctuaciones hormonales, junto con el estrés, pueden modificar la microbiota, la motilidad y la permeabilidad intestinal, aumentando la sensibilidad digestiva.
4. El estrés te desborda y estás más irritable.
Las responsabilidades laborales, familiares y sociales pueden someternos a una elevada carga de estrés. Esto activa la liberación de cortisol, una hormona necesaria para responder a situaciones exigentes.
Sin embargo, cuando el estrés es intenso o persistente, puede interferir en el eje hormonal que regula la función ovárica, alterando la ovulación y la producción de progesterona. Si añadimos las fluctuaciones hormonales propias de la perimenopausia, esta combinación puede agravar la irritabilidad, las alteraciones del sueño y el agotamiento. Además, el cortisol y otros mediadores del estrés influyen en el eje intestino-cerebro y pueden intensificar las molestias digestivas.
5. Tienes más hambre y aparecen antojos.
Puede ser una consecuencia de varios de los cambios anteriores. La pérdida muscular y el aumento de grasa visceral favorecen una menor sensibilidad a la insulina, dificultando la regulación de la glucosa. Si además dormimos peor y acumulamos estrés, pueden alterarse las señales de hambre y saciedad.
En este escenario, Marta Serrano propone tres decisiones para llegar mejor a la menopausia.
Entrena fuerza. Estimula tus músculos, protege tus huesos y articulaciones y mejora tu salud metabólica. Tu músculo es una inversión en autonomía futura.
Alimenta tu cuerpo como necesita. Asegura suficiente proteína, calcio, fibra y diversidad vegetal. Una alimentación de patrón mediterráneo ayuda a preservar la masa muscular, cuidar los huesos y favorecer una microbiota saludable.
Invierte en prevención. Muévete diariamente, cuida tu descanso, gestiona el estrés y revisa periódicamente tu tensión arterial, glucosa y colesterol.
La menopausia puede aumentar la vulnerabilidad a enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y alteraciones metabólicas, pero no estamos condenadas a desarrollarlas.
"Cuanto mejor cuidemos nuestra salud durante la perimenopausia, en mejores condiciones llegaremos a la menopausia y mayores posibilidades tendremos de disfrutar de las décadas posteriores con fuerza, energía y calidad de vida", explica esta doctora en Tecnología de Alimentos: "Porque no se trata solamente de vivir más años, sino de vivirlos mejor".