Una bacteria, posible causa del récord de muertes de crías de ballena en la Patagonia argentina
Con la llegada de la primavera al Atlántico Sur, llegan también las ballenas: el área de la Península Valdés, en la Patagonia argentina, es escenario de una celebración anual, un incesante peregrinaje de turistas que quieren ver con sus propios ojos al gran mamífero marino. Este año, sin embargo, la noticia es otra, la inusual cantidad de crías de ballena que aparecen varadas y muertas en las costas.
"Particularmente, durante esta temporada la mortalidad ha sido bastante alta", declaró Mariano Coscarella, investigador del Laboratorio de Mamíferos Marinos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en Puerto Madryn, la principal ciudad del área.
En 2025 se registraron 2.200 ballenas en las aguas del Golfo Nuevo y se encontraron 80 muertas. Este año, sobre 1.200 ballenas francas registradas, ya se han contabilizado más de 350 ballenas muertas en las playas de la Península Valdés.
La hipótesis de los científicos es que una bacteria es la responsable de las muertes. "Hay una bacteria que produce la erisipela, que es una enfermedad que se puede manifestar en los ballenatos de forma cutánea, como lesiones en forma de rombo", explicó Víctor Fratto, licenciado en Gestión Ambiental y un referente en el estudio de ballenas en Argentina.
La bacteria que se está estudiando está en el ambiente marino y asociada a otras especies, añadió Fratto. "Está en la mucosidad que recubre la piel de los peces, crustáceos y moluscos. No sabemos por qué se da este brote este año. Tampoco tenemos claro por qué afecta solo a las crías. Todavía hay muchos interrogantes", admite.
Un estudio publicado en 2016 en Argentina detectó la bacteria erisipela en lesiones asociadas a ataques de gaviotas en dos ballenatos examinados durante la temporada 2013. Esas heridas fueron consideradas una posible vía de ingreso para distintos microorganismos.
"La gaviota cocinera, que permanentemente está picoteando el lomo de las ballenas, es el vector que está introduciendo la bacteria hacia el interior del ballenato", cree Fratto.
Desafortunadamente, no existe un tratamiento sanitario para resolver estos casos en el mar: "Es muy difícil de controlar este tipo de situaciones, porque los ballenatos son picoteados por las gaviotas en cuanto nacen".
El biólogo marino Juan Cruz Martín considera que "hasta el momento no hay pruebas de que la mortandad haya sido causada por factores humanos", aunque "se sigue investigando las muestras tomadas de cada animal para determinar las posibles causas de su muerte", tal y como explicó a este diario.
Las muestras tomadas fueron enviadas a Buenos Aires para ser analizadas en el Instituto Malbrán, el laboratorio de referencia en el país, y los expertos esperan tener más certezas a finales de este mes.
"Podrían seguir apareciendo este tipo de escenas en las costas del país, pero es muy importante que los ciudadanos entiendan que en caso de encontrarse con animales muertos en la playa, deben mantenerse alejados y dar aviso a los representantes de guardafauna del lugar. No se conoce aún la la causa de muerte, y el contacto directo o cercano podría ser peligroso", advierte Cruz.
Fratto, por su parte, destaca que lo que está sucediendo en Argentina no es una novedad: "Cetáceos han muerto por erisipela en distintas partes del mundo. Ha pasado en Reino Unido, en Países Bajos, en la costa de California. Ahora nos está pasando a nosotros aquí".
La aparición de una cantidad tan elevada de ballenas muertas genera preocupación en la zona de Puerto Madryn, reconocida internacionalmente por albergar la mayor agrupación reproductiva de ballenas francas australes del Atlántico sudoccidental. El turismo es la gran fuente de ingresos en la Península Valdés y poblaciones cercanas.