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Saturday, 07 November 2026
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37 años después de la caída del Muro, persisten la desconfianza y las heridas entre alemanes

En ambos lados de la frontera que separaba las dos Alemanias se celebró la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989. 37 años después, parece persistir una profunda desconfianza mutua.

Tres creadores alemanes que han abordado la historia de la división del país desde perspectivas muy distintas explican cómo perciben esa realidad.

¿Botas de invierno? ¡Mejor golosinas!

La escritora Lea Streisand, nacida en 1979, vivió de primera mano la caída del Muro cuando era niña en Berlín Este. Su biografía como ciudadana de la antigua República Democrática Alemana (RDA) ha sido un tema recurrente en sus libros y textos. Es el caso, por ejemplo, de su novela Hufeland Ecke Bötzow (Ullstein, 2019), donde narra el periodo de la reunificación desde la mirada infantil.

"El 9 de noviembre de 1989 fue sencillamente maravilloso", comenta a DW. Todos los ciudadanos de Alemania Oriental recibieron 100 marcos de bienvenida que su madre gastó en unas prácticas botas de invierno. Un amigo de sus padres la compensó después permitiéndole comprar tantas golosinas en el supermercado, que estas le duraron hasta Navidad.

"El regusto amargo llegó después, con todo lo que ocurrió a lo largo del año siguiente", rememora Streisand. "De repente, a una velocidad increíble, desapareció todo un sistema y se construyó otro nuevo, como diciendo: 'Ahí lo tienen'. Creo que para la gente fue demasiado rápido".

La población de la RDA había impulsado el cambio mediante un movimiento por los derechos civiles y numerosas manifestaciones. Pero había mucha gente que no necesariamente deseaba que el Estado desapareciera.

Una de esas personas fue Anke Feuchtenberger, nacida en 1963. Llegó al mundo en Berlín Este, creció allí y en Pomerania Occidental, donde hoy vuelve a residir y donde dice sentirse "muy en casa". Feuchtenberger está considerada la dibujante de cómics más influyente del país y también ha alcanzado reconocimiento internacional.

"Nosotras, como artistas, intentamos entonces impulsar un cambio de rumbo con carteles y panfletos. Queríamos más libertad, pero no necesariamente abolir el socialismo", explica. La caída del Muro despertó en ella sentimientos encontrados. "Comprendí muy pronto que el impulso creativo y revolucionario de nuestro movimiento quedó rápidamente sepultado por el consumo. También afloraron con fuerza tendencias nacionalistas que ya se percibían antes", recuerda. "Eso me dio miedo".

Por su parte, el fotógrafo y artista visual Simon Menner, nacido en 1978 en Emmendingen, Baden-Wurtemberg, vivió la caída del Muro de manera mucho más distante. Era un niño y, según cuenta, todo aquello le resultaba "más bien abstracto". Berlín quedaba muy lejos, aunque hoy reside allí. La imagen de la Alemania Oriental transmitida por las películas y documentales sobre la reunificación le parecía excesivamente sombría. "Y eso que el oeste en los años ochenta también era gris y bastante conservador".

El tesoro fotográfico de la Stasi

Buena parte del trabajo de Menner gira en torno a la vigilancia y sus mecanismos. En los archivos del Ministerio para la Seguridad del Estado, hoy integrados en el Archivo Federal y accesibles al público, encontró una inmensa colección fotográfica que le fascinó tanto como le inquietó.

Su libro fotográfico Top Secret (Hatje Cantz, 2012) reúne una selección de imágenes que ofrecen una visión única del funcionamiento interno de la Stasi. Algunas resultan inquietantes; otras, extrañas e incluso absurdas. Menner también quiso acceder al archivo fotográfico del servicio secreto de Alemania Occidental. No lo consiguió.

La literatura como puente

Para Lea Streisand, la literatura puede desempeñar un papel importante en la comprensión mutua. "La literatura transmite experiencias que otros no han vivido", afirma. "Permite sumergirse en el universo mental de alguien que ha tenido vivencias diferentes y entender mejor qué ocurrió".

En 2023, Anke Feuchtenberger publicó la novela gráfica Genossin Kuckuck ("Camarada Cuco"), un volumen de casi 500 páginas editado por Reprodukt. La obra recorre varias décadas, desde la infancia de su protagonista en el ficticio pueblo oriental de Pritchitanov, durante los años sesenta de la RDA, hasta el periodo posterior a la reunificación.

Durante las presentaciones públicas suele surgir con frecuencia un tema concreto: la protagonista, Kerstin, apenas ve a sus padres porque ambos trabajan a tiempo completo. En la RDA el empleo era un derecho garantizado para todos, pero también una obligación cívica. Quizá, reflexiona Feuchtenberger, el interés que esto suscita en Alemania Occidental tenga que ver con que durante mucho tiempo allí fue menos habitual que ambos progenitores trabajaran a jornada completa.

¿Cómo será el futuro?

Al mirar hacia el futuro común, las dos mujeres procedentes del este se muestran más optimistas que el alemán occidental. "En Berlín muchas veces ya ni siquiera noto si estoy en el este o en el oeste", dice Simon Menner. Aun así, cree que los responsables políticos deberían escuchar mucho más tanto a los mayores como a los jóvenes. De lo contrario, advierte, el panorama podría complicarse en los próximos años, en alusión a los recientes éxitos electorales del partido político de ultraderecha AfD.

"Es muy importante mirar más allá de nuestras propias fronteras mentales, porque la gente tiene problemas en todas partes del mundo", sostiene Anke Feuchtenberger. "Seguir fijándose únicamente en el abismo que se ha abierto entre alemanes del este y del oeste no ayuda a avanzar".

Para ella, la noción misma de frontera ha perdido gran parte de su significado personal. Lo atribuye en parte a los numerosos viajes que ha realizado por distintos lugares del mundo. También hace hincapié en que observa, desde su localidad cercana a la frontera polaca, cómo los animales, ignorando por completo esas divisiones, van y vienen como quieren.

"Todo este asunto de este y oeste ya no interesará en absoluto a nuestros hijos", asegura Lea Streisand. "A los jóvenes les da igual de dónde procedan sus padres. Lo que les preocupa es si podrán conseguir un trabajo con el que mantener a una familia o si tendrán que ir a la guerra. Ahora mismo hay otras cosas mucho más importantes".

(ms/cp)

Originally reported by DW.com.