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Saturday, 24 October 2026
Health

Cuando Harvard habla de longevidad: una medicina que gana espacio en los grandes hospitales

Durante años, hablar de medicina de la longevidad en según qué foros médicos era exponerse a una sonrisa condescendiente. Se asociaba a promesas de eterna juventud, a multimillonarios tecnológicos y a suplementos milagro. Por eso resulta significativo lo ocurrido en los últimos años: algunas de las instituciones más prestigiosas de la medicina mundial han decidido tomarse en serio la pregunta de cómo vivir más años con buena salud. Y lo han hecho con los mismos conceptos que llevamos tiempo defendiendo en este espacio de divulgación.

Harvard entra en escena

En mayo de 2026, Harvard Health Publishing, el área divulgativa de la Facultad de Medicina de Harvard, presentó Pathways to Longevity: Science and strategies in pursuit of a longer, healthier life. Es un informe de 50 páginas dirigido al público general, cuyo editor médico es el Dr. David Barzilai, profesor de la propia facultad. Su contenido no sorprenderá a quien siga estos temas, pero lo relevante es quién lo firma.

El informe parte de un dato llamativo: según una encuesta del Pew Research Center, el 76% de los adultos estadounidenses quiere llegar al menos a los 80 años, y casi tres de cada diez aspiran a los 100. Hoy, los centenarios apenas suponen el 0,03% de su población. Entre el deseo y la realidad hay un abismo, y la medicina de la longevidad aspira precisamente a estrecharlo.

Para explicar por qué envejecemos, Harvard recurre a las doce marcas del envejecimiento (hallmarks of aging) descritas por el equipo de Carlos López-Otín, de las que ya hemos hablado en este espacio. Dedica un apartado a cada una, junto a conceptos como la edad biológica, el inflammaging o la diferencia entre esperanza de vida (lifespan) y años de vida en salud (healthspan).

Lo que Harvard valida… y lo que matiza

El fundamento, según el informe, es el estilo de vida: alimentación, ejercicio y sueño, a los que suma el manejo del estrés, las relaciones sociales y el propósito vital. En un estudio con más de 700.000 veteranos estadounidenses, adoptar ocho hábitos saludables a los 40 años se asoció con hasta 24 años más de esperanza de vida. La capacidad cardiorrespiratoria aparece como quizá el mejor predictor aislado de longevidad, dando una ventaja de supervivencia unas cinco veces mayor a aquellas personas que están más en forma que los que no lo están.

Pero tampoco se queda en los hábitos. Aconseja consultar con el médico los cambios hormonales asociados a la edad (menopausia, testosterona, tiroides…) y menciona herramientas de detección más precisas, como la puntuación de calcio coronario. Y, frente a quien se suplementa a ciegas, propone medir mediante analíticas antes de decidir. Es exactamente la lógica de una consulta de longevidad bien hecha.

Fármacos contra el envejecimiento: dónde estamos

El informe revisa también los llamados geroprotectores. La rapamicina alargó un 14% la vida de ratones hembra y un 9% la de machos en un estudio publicado en Nature en 2009. La canagliflozina, un inhibidor de SGLT2, prolongó un 14% la vida media de ratones macho. La semaglutida, un análogo de GLP-1, redujo en torno a un 20% los eventos cardiovasculares graves en el ensayo SELECT. Y la metformina espera el ensayo TAME, con 3.000 personas de 65 a 79 años, que aún buscaba financiación cuando se imprimió el informe.

Con todo, el informe es claro: hoy ninguna intervención farmacológica ha demostrado frenar, detener o revertir el envejecimiento humano, y cualquier terapia futura complementará los buenos hábitos, no los sustituirá. Con los suplementos es aún más prudente: titula su capítulo con un comprador, cuidado y recuerda que ninguno ha demostrado alargar la vida humana, aunque algunos pueden ser útiles en grupos concretos. Lejos de restar valor al mensaje, esa cautela marca la frontera entre la medicina de la longevidad y el marketing de la longevidad.

Del informe a la planta del hospital

Si el informe de Harvard es la teoría, la práctica ya ha llegado a los hospitales. En agosto de 2023, el sistema sanitario universitario de Singapur (NUHS) abrió una Clínica de Longevidad Saludable en el Hospital Alexandra, un centro público. La dirige la profesora Andrea Maier, y su objetivo declarado es sumar tres años de vida en salud a la población del país en una década.

Casi a la vez, el Centro Médico Sheba, el mayor hospital público de Israel, puso en marcha su Centro de Longevidad. Atiende a personas a partir de 40 años y empezó por cuatro áreas: cognición, sueño, fragilidad y menopausia.

La Clínica Mayo, referente mundial de la medicina académica, tiene su propia Clínica de Longevidad Saludable en Rochester y un Centro de Longevidad en Florida, y ha programado para 2027 un curso de formación para médicos sobre medicina de la longevidad.

Lo interesante es que estos tres centros han trabajado juntos. En 2024 publicaron en la revista GeroScience un artículo conjunto sobre cómo crear clínicas de longevidad en hospitales públicos y académicos. Su descripción de las intervenciones es reveladora: cambios en el estilo de vida, suplementos, fármacos reutilizados e intervenciones sociales y ambientales. Es decir, el mismo abanico que se aplica en una consulta de longevidad, ahora defendido desde el corazón de la medicina académica.

Entre la ciencia y el negocio

En Estados Unidos, el fenómeno se ha extendido a Northwestern Medicine, Weill Cornell o Cedars-Sinai. No todo son aplausos: un reportaje de STAT publicado en octubre de 2026 cuestiona que hospitales sin ánimo de lucro cobren paquetes anuales de 5.500 dólares o más por pruebas cuyo beneficio aún no está demostrado.

Es una crítica legítima, y el propio informe de Harvard ofrece una guía para separar el grano de la paja. Un programa serio está dirigido por médicos, se apoya en el estilo de vida, prioriza la reducción de riesgo y la detección precoz. Conviene desconfiar de quien promete curar muchas dolencias a la vez o presenta como "probado" algo que no lo está.

Los reguladores empiezan a mover ficha

Hace unos años contábamos en este espacio que la FDA y la Agencia Europea del Medicamento no reconocen el envejecimiento como una enfermedad tratable, y que eso frenaba los ensayos clínicos. Algo está cambiando. El 1 de octubre de 2026, en el congreso ARDD de Boston, altos cargos de la FDA anunciaron que el envejecimiento y la longevidad figurarán entre sus áreas prioritarias en temas regulatorios.

Una de las vías que plantearon para aprobar un tratamiento contra el envejecimiento es demostrar que frena el deterioro de la capacidad intrínseca, el mismo concepto que la OMS incorporó a la CIE-11. Se trata del conjunto de capacidades físicas y mentales de una persona, y buena parte de ellas ya se mide en consulta con pruebas sencillas: la fuerza de prensión de la mano, la velocidad de la marcha o una evaluación cognitiva. En paralelo, la agencia estadounidense ARPA-H destina hasta 144 millones de dólares a su programa PROSPR, que busca hacer posibles los primeros ensayos clínicos dirigidos directamente contra el envejecimiento.

¿Y en España?

En nuestro país el movimiento es más tímido. Si bien la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL) ha celebrado recientemente su XXIV congreso internacional y nuestro país acoge numerosos eventos como el Longevity World Forum o el International Longevity Summit, hay muy pocas clínicas que aborden la medicina de la longevidad saludable sobre los postulados del informe de Harvard y seguimos lejos de tener unidades específicas en hospitales públicos.

Una especialidad que se hace mayor

El propio Barzilai lo resumía en declaraciones a Lifespan.io: la medicina de la longevidad entra en una fase más madura, en la que la pregunta ya no es qué promete una intervención, sino qué mejora la función, qué retrasa la enfermedad y qué evidencia la respalda. Es el paso de una medicina reactiva, que espera a la enfermedad, a una medicina preventiva y de precisión, que actúa cuando todavía hay margen.

Para el lector, el mensaje es doble. Por un lado, los pilares que hoy respaldan Harvard o la Clínica Mayo están a su alcance: moverse, dormir, comer bien, cuidar sus relaciones y medir antes de actuar. Por otro lado, conviene desconfiar de quien prometa rejuvenecer con una cápsula. Que las grandes instituciones hablen de longevidad no significa que todo valga. Significa, más bien, que ha llegado el momento de hacerlo bien.

La doctora Mariana Sada Echevarría es médico de familia en la Clínica Neleva.

Durante años, hablar de medicina de la longevidad en según qué foros médicos era exponerse a una sonrisa condescendiente. Se asociaba a promesas de eterna juventud, a multimillonarios tecnológicos y a suplementos milagro. Por eso resulta significativo lo ocurrido en los últimos años: algunas de las instituciones más prestigiosas de la medicina mundial han decidido tomarse en serio la pregunta de cómo vivir más años con buena salud. Y lo han hecho con los mismos conceptos que llevamos tiempo defendiendo en este espacio de divulgación.

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Originally reported by El Confidencial.