De Buenos Aires a Madrid con los tesoros de Borges en la maleta: "Ni se nos ocurrió facturar. Podíamos perder cualquier cosa menos esto"
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Mariana y María Victoria podrían haber hecho el viaje nerviosas, pero no, han llegado muy tranquilas. Y eso que era importante no perder el equipaje. Ni arrugarlo ni mancharlo ni mojarlo, porque el martes una parte de lo que han traído esta semana desde Buenos Aires se va a quedar depositado en el Instituto Cervantes.
Cuarenta años después de que el gran Jorge Luis Borges muriese en Suiza (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986) ellas dos, sobrinas y herederas de María Kodama, su esposa, son las administradoras de su legado. Hoy enseñan en primicia a GRAN MADRID un aperitivo de los objetos que han traído para que la sede madrileña del Cervantes tenga un recuerdo eterno de la pareja Borges-Kodama.
Hace ya días que el aire de Madrid tiene aroma porteño. Y al fin y al cabo, pasear por la Gran Vía recuerda a pasear por Buenos Aires, y viceversa. Este es el cuarto año de la celebración del festival Buenos Aires en Madrid, pero es además el año de Borges. En el aniversario de su muerte, los actos se centran en él, y hay todo un Madrid borgiano por descubrir.
Si quisiéramos homenajear sus cuentos, esta reunión con las hermanas Kodama se podría haber montado en la pulpería de un arrabal, o en la quinta abandonada de Triste-Le-Roy, donde se perpetró un brillante asesinato. Pero lo cierto es que el hotel Palace también es perfecto para quedar (y mucho más cómodo), y también era donde se hospedaba siempre la pareja en la capital.
Allí pasaban horas y días y semanas, cuando la gente todavía se quedaba a vivir en hoteles durante meses. Bajo la cúpula del Palace, un día Kodama presentó a Borges a Mick Jagger, que se le había acercado para mostrarle lo que admiraba sus libros. Borges, ya ciego, al parecer solo acertó a decir algo como: «Ah sí, María me ha hablado de ustedes...».
«Ella escuchaba siempre a los Rolling», recuerda una de las sobrinas Kodama bajo esta misma cúpula.
Pero bueno, ¿y los objetos, qué? Ante todo, no los facturaron, ¿verdad?: «Ni se nos ocurrió facturarlos. Vienen con nosotras, podíamos perder cualquier cosa menos eso», explican las hermanas.
En la valija traían un poco de todo, elegido con mimo para Madrid, pero hay un objeto especialmente entrañable, de una coincidencia muy borgiana: una llave de habitación del Palace. «Es que él tenía muchísimas llaves de hotel, sobre todo de hoteles de Europa. Algunas se las llevaba de recuerdo, y otras las compraba porque se vendían como souvenir, así que nos pareció bonito traer esta», cuenta María Victoria, mientras por lo que sea aparece en la mente el zahir, la moneda mágica.
Y continuando las casualidades, el camarero que trae los cafés resulta que conoció a Borges y Kodama como huéspedes (y a tantísimos otros; lleva toda una vida aquí). Otro de los objetos es una corbata verde, fabricada en España, que llevaba el escritor cuando le otorgaron el Premio Cervantes en 1980. Un galardón que siempre agradeció, ya que el Nobel no llegó nunca.
Una pequeña colección de fotos de la pareja por España, como la que se ve junto a estas líneas (en Toledo), son otros tesoros traídos por las hermanas. Y hasta una camarita de turista, una Kodak Pocket Instamatic, con la que Kodama tomó algunas de esas fotos.
Además, claro, traen libros (con un guiño al director del Cervantes), tanto de ella como de él, puesto que se van a llenar sendas Cajas de las Letras para que el homenaje sea doble, y también para individualizar a Kodama como se debe, ya que fue muchísimo más que la mujer de Borges.
El doctor en Literatura y coordinador académico de la Fundación Borges, Lucas Adur, explica por qué el autor nunca pasa de moda: «Fundamentalmente sigue vigente por su calidad estética; es deslumbrante, clásica. Además, hay muchas lecturas de Borges, y que se lo siga investigando lo mantiene vivo. Y es muy importante que no solo le leen académicos, sino también artistas, como el cineasta Christopher Nolan o autores de cómic como Alan Moore. Hay referencias a Borges en cómics de Batman o La Liga de la Justicia, no solo en productos de la elite... Umberto Eco o Stanislaw Lem lo leen y rescriben. Está muy presente en la cultura de masas. El tercer elemento de su vigencia tiene mucho de borgiano: uno de sus grandes temas es la inestabilidad de las fronteras entre realidad y ficción. Cuentos que acaban siendo fantásticos, reseñas de libros que no existen... Tiene mucho que ver con las fake news, la indistinción entre realidad y ficción».
El día central de los actos será este martes 20, porque se inaugura a las 10.00 la exposición Borges: el otro, el mismo, con fotografías y objetos suyos en la Fundación Ortega-Marañón, (hasta el 6 de noviembre). En ella se expondrán objetos personales recopilados por El Museo del Escritor de Madrid -cuyos propietarios son dos argentinos- y fotografías como la que muestra el lado más teatral de Borges, con traje, máscara de lobo y 84 años.
Ese mismo día se producirá en el Cervantes el acto de guardar los objetos en las cajas, un repaso de lo que implica ese legado, se paseará por la poesía del escritor con la actriz argentina Laura Novoa, y se interpretarán unas Milongas de Borges. La Fundación Ortega también propone un recorrido poético-musical que arranca en Borges pero llega hasta Carlos Gardel o Atahualpa Yupanqui.
Aunque Borges sea el protagonista, este es el mes de la cultura argentina en Madrid, como recuerda a este diario la directora general de Cooperación Cultural Internacional del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, María Victoria Alcaraz: «Cada año acompañamos a artistas argentinos para que salgan al panorama internacional. Aparte llevamos el legado de muchos importantes artistas por el mundo, como este año con Borges. Al planear los actos en Madrid nos pareció que sería muy bueno traer sus objetos al Cervantes».
Hay conciertos, tango, un homenaje a Hector Alterio, sesiones de cine argentino... Casa de América o Casa de Vacas serán escenarios de cultura porteña. Librerías como Parenthesis, Mandolina o La Mistral celebrarán a Borges. Y aunque no conste en el programa, se podría añadir una visita al Ateneo, que le encantaba. O una compra en Dedalus, esa librería de la calle de Los Madrazo fundada por un ex alumno de Borges. Porque para festejarlo, lo mejor es leer cualquier libro suyo y quedarse a vivir dentro.