Del cajón de sastre a la oncología de precisión y la recuperación física y emocional: así ha cambiado el abordaje del cáncer de mama
VALÈNCIA. Hubo un tiempo no tan lejano en que el cáncer de mama se trataba como una entidad única, un ‘cajón de sastre’ con un tratamiento genérico y un mismo pronóstico para todas las pacientes. Hoy sabemos que no existe un único cáncer de mama, sino múltiples enfermedades con comportamientos biológicos diferentes, lo que permite adaptar el tratamiento a cada paciente y alcanzar tasas de supervivencia superiores al 90% a diez años en determinados subtipos.
Y en esa mejora de la supervivencia y de la calidad de vida de las pacientes han sido claves los ensayos clínicos, tal y como resalta el Dr. Joaquín Gavilá, jefe del Servicio de Oncología Médica del Instituto Valenciano de Oncología (IVO), en el quinto capítulo de la serie de Plaza Podcast IVO, 50 años en cuerpo y alma contra el cáncer: “Esa idea del conejillo de Indias que puede existir todavía ha de borrarse, porque cuando a un paciente paciente se le propone participar en un ensayo clínico es porque consideramos que puede ser la mejor alternativa terapéutica disponible para su situación concreta.”
Por ejemplo, esa investigación ha permitido que la decisión terapéutica ya no responda a un esquema rígido, sino que se tienen en cuenta todas las variables a la hora de decidir qué tratamiento necesita una paciente y en qué orden: la edad del paciente y sus comorbilidades, el tamaño del tumor, la afectación ganglionar, su grado de agresividad, si es hormonal o si tiene una proteína alterada… “Con toda esa información de cada paciente presentamos el caso en un comité multidisciplinar, formado por el conjunto de especialistas que nos dedicamos a tratar el cáncer de de mama, donde evaluamos toda esta información y damos una recomendación en cuanto qué tipo de tratamiento le aconsejamos. Porque siempre es la paciente la que tiene la última palabra”, explica el jefe del Servicio de Oncología Médica del IVO.
Desescalada de la quimioterapia como tratamiento habitual
Respecto al tratamiento, un aspecto que ha influido en ese cambio de paradigma es que ahora, al poner ‘apellido’ del tumor —el cual indica como es de agresivo—, se opta por una opción terapéutica u otra. Eso, unido a la investigación y los avances en nuevas terapias, ha permitido que se produzca una desescalada de la quimioterapia como tratamiento habitual. No es que no se siga utilizando, “lo que hacemos es no darla porque sí, sino que podemos seleccionar mucho mejor quién se va a beneficiar de la quimioterapia y quién no”, explica el Dr. Joaquín Gavilá.
Así, en los tumores hormonales, que son los más frecuente (representa el 70% de los cánceres de mama), históricamente ocho de cada diez pacientes recibían quimioterapia, pero con la llegada de plataformas genómicas —herramientas que analizan la expresión de genes vinculados a la proliferación celular— ese porcentaje se ha reducido casi a la mitad. Por lo que respecta a los tumores triples negativos, que representan el 15% del total, suelen combinar la quimioterapia con inmunoterapia. Y en el resto de tumores de mama, los HER2 positivos, actualmente se combina la quimioterapia con terapias dirigidas contra la proteína HER2, aunque “la evidencia apunta a un futuro donde tratamientos de tipo inmunoterápico o vacunas puedan ser suficientes”.
La importancia del autocuidado y de la prevención
El doctor Gavilá también quiere poner el foco en el papel que ha jugado la prevención a la hora de abordar el cáncer de mama en estos cincuenta años que han pasado desde que el IVO abrió sus puertas. Tanto la primaria, todo aquello que hacemos para cuidar nuestros hábitos de vida y así reducir la probabilidad de tener un cáncer, como la secundaria, las medidas que tomamos para diagnosticar el cáncer lo más pequeño posible, lo que aumenta las tasas de curación y evita cirugías agresivas.
Por ello, el jefe del Servicio de Oncología Médica del IVO recalca la importancia del autocuidado y el conocimiento de la propia anatomía para identificar signos que requieren consulta inmediata: cambio en la forma de la mama, ya sea una retracción o un tipo de secreción por el pezón, un nódulo que hasta ahora no conocían; adenopatías (afectación de los ganglios), inflamaciones en la zona axilar, o mastitis o inflamaciones mamarias que no responden favorablemente al tratamiento antibiótico y antiinflamatorio convencional, las cuales podrían enmascarar un tumor inflamatorio.
Sin embargo, y a pesar de los avances, todavía queda mucho por hacer, por ejemplo, en los casos en los que el cáncer de mama se extiende a otros órganos. En España, menos del 10% de las pacientes debuta con enfermedad metastásica de inicio, si bien entre un 20% y un 30% de los casos localizados puede sufrir una recaída a lo largo de los años. De ahí que las investigaciones se dirijan a conocer más la biología del tumor, para saber por qué hay tumores que después de unos años vuelven a aparecer, y a identificar biomarcadores o mutaciones a través de la biopsia líquida, una técnica poco invasiva que permite analizar ADN tumoral circulante mediante una muestra de sangre e identificar alteraciones moleculares que ayudan a personalizar el tratamiento. “Cada vez son más dirigidos y con fármacos que son muy eficaces y a la vez menos tóxicos y con los que buscamos aumentar la supervivencia y que sus efectos secundarios impacten lo menos posible en la calidad de vida de nuestros pacientes”.
El apoyo de la Unidad de Bienestar Oncológico del IVO
Precisamente, la calidad de vida, la dimensión personal y los proyectos de cada persona ocupan un lugar central en las decisiones médicas, “hay que tener siempre presente que estas decisiones tienen consecuencias en la vida personal, en los proyectos y en cómo se encuentra cada paciente”, asegura el doctor Gavilá, que pone como ejemplo el de una mujer joven que quiere ser madre después del tratamiento: “El deseo de gestación de una mujer siempre se tiene en cuenta y nosotros aquí podemos estar orgullosos de los circuitos tan ágiles que tenemos. Cuando una mujer joven tiene un cáncer de mama intentamos preservar la fertilidad previamente a iniciar cualquier tipo de tratamiento, ya sea mediante la preservación de la corteza ovárica o la congelación de ovocitos”.
No solo eso, sino que además esa mujer va a contar con el apoyo de la Unidad de Bienestar Oncológico del IVO, un servicio innovador que integra salud mental, fisioterapia, actividad física y nutrición en coordinación con los profesionales que tratan a cada paciente, “ha sido un antes y un después para los pacientes y también para nosotros”, destaca el jefe del Servicio de Oncología Médica del IVO. ¿Por qué? Primero porque cuando detectan que una paciente necesita una intervención de salud mental, nutrición, fisioterapia o de ejercicio físico se le remite directamente a la unidad. Y segundo porque cuenta con programas para pacientes que ya están en tratamiento y que pueden ayudar a mejorar su calidad de vida y reducir los efectos secundarios.
De hecho el doctor Gavilá señala que visto el beneficio que está aportando esa unidad están desarrollando estudios para evaluar de forma objetiva el impacto que estos programas tienen sobre la adherencia y la calidad de vida: “Entre los efectos secundarios de algunos fármacos se encuentran los dolores articulares y a través de un programa de ejercicio hemos conseguido reducir la incidencia y la intensidad de estos dolores articulares, lo que permite que la paciente tenga mejor calidad de vida y por tanto no abandone el tratamiento, que es un fenómeno que puede ocurrir hasta en una de cada tres pacientes”. Además, esa Unidad de Bienestar Oncológico del IVO realiza un acompañamiento a largo plazo, más allá de la fase aguda del tratamiento, con el abordaje de secuelas crónicas como la pérdida de movilidad en el brazo, la fatiga persistente o el miedo a la recaída.
Y es que entender la oncología moderna implica ir más allá de la respuesta tumoral. Así, conocer cómo vive cada mujer ese proceso, con el apoyo que necesita para su recuperación física y emocional, unido a la detección precoz, el mejor conocimiento de cada tumor y la personalización del tratamiento son los ejes que han marcado la evolución del IVO en estos cincuenta años.