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Wednesday, 21 October 2026
Science

Descubren la identidad de un misterioso esqueleto encontrado hace 150 años en un sarcófago romano… y no era romano

Aparte de su imponente arquitectura, la Abadía de Westminster nos ofrece un misterio. En 1820, unos obreros desenterraron por accidente un sarcófago. Y tan accidental fue el desenterramiento que partieron la tapa de piedra en seis fragmentos. Puede que te preguntes cómo notificar la destrucción accidental de un bien de valor histórico como este. Probablemente ellos también se lo preguntaran y decidieron resolverlo a su manera: callando. El ataúd permaneció allí y no fue oficialmente descubierto hasta 49 años después. Y aquí viene el misterio porque, al estudiar el sarcófago con la intención de datarlo, los investigadores repararon en que mostraba en su superficie una inscripción de Valerius Amandinus.

Y si el nombre te suena romano es porque lo era. Un británico adinerado que pudo haber vivido entre el 300 y el 400 d.C. Pero… la abadía es un edificio gótico que no empezó a construirse hasta el siglo XIII. Si nos remontamos a la iglesia y el monasterio benedictino que ocupaban antes ese mismo lugar, no podemos remontarnos antes del siglo X. Incluso si nos ponemos legendarios, la tradición habla de una iglesia anterior levantada en torno al siglo VII, pero sigue habiendo una diferencia de 200 o 300 años y transportar una pieza así en aquella época no era baladí. ¿La construyeron alrededor del sarcófago? ¿Quién era la misteriosa persona allí enterrada? Ahora, un estudio del Scottish Universities Environmental Research Centre parece tener la respuesta.

¿Y quién es él?

Parte de la clave estaba en la tapa del sarcófago. En ella hay una cruz latina que ya había sido datada de los siglos X u XI y sugería, por lo tanto, que el cuerpo allí encontrado podía ser muy posterior a la creación del resto del sarcófago. Pero la roca no puede decirnos mucho más y, durante mucho tiempo, los expertos creyeron que el sarcófago estaba vacío. Nadie lo había comprobado hasta que, en un estudio de conservación del 2016, un estudio de la empresa Pre-Construct Archaeology, abrió el sarcófago y se encontraron al inquilino: un esqueleto casi completo en su interior.

El nuevo estudio que acaba de publicar la Journal of the British Archaeological Association los autores han hecho el análisis más detallado hasta la fecha de los restos humanos allí encontrados y, tras jugar al “Quién es quién”, parecen haber reducido las sospechas a dos individuos. "Tenemos dos contendientes viables para el ocupante del sarcófago", dice el profesor Rodwell, arqueólogo consultor de la Abadía de Westminster.

Las dos opciones

Una opción es que estemos ante los restos mortales de Aelfwig, abad del monasterio benedictino que antecedió a la abadía de Westminster hasta su muerte en torno al año 1020. De hecho, es el candidato que el propio Rodwell considera más probable. "El hecho de que Aelfwig ya fuera monje de Westminster podría favorecerlo” añade el autor del estudio. Si asumimos que fue nombrado abad con poco más de veinte años y murió cerca de los cincuenta, su edad encajaría con la estimada para el esqueleto (entre 35 y 49 años). Su muerte, además, coincide con el período sajón tardío que confirma la datación por carbono de su esqueleto (entre el 987 y el 1052 d.C.).

Wulnoth es el otro sospechoso. Fue el sucesor de Aelfwig al frente de la abadía y murió en 1049. Se presume que fue enterrado en Westminster, igual que su predecesor, y su fecha de defunción también encaja dentro del intervalo de la datación por carbono. Sin embargo, Rodwell reconoce que "No sabemos la fecha de nacimiento de ninguno de los dos. Pero cualquiera de los dos encajaría igual de bien si asumimos que el abad tenía poco más de veinte años cuando fue nombrado y cerca de cincuenta cuando murió” ¿Pero ¿cómo conciliamos esto con la datación del propio sarcófago? La respuesta de Rodwell es sencilla: "Esto confirma que la reutilización del sarcófago, y la remodelación asociada de su tapa, ocurrieron en el período sajón tardío".

Pero hay otro detalle a la reconstrucción de los hechos. En su interior encontraron cal, que refuerza la idea de un enterramiento cristiano. Esto ya se sabía en 2016, pero los investigadores de este estudio reparan en que el contorno del residuo parece marcar un contorno más o menos rectangular. "Aunque no quedaban rastros físicos de esa estructura, solo pudo haber sido un ataúd de madera que se ha descompuesto completamente en el transcurso de los siete siglos que el sarcófago estuvo enterrado en el patio de la sacristía”, concluye Rodwell. Así que, a falta de decantar las apuestas entre Aelfwig y Wulnoth, el misterio parece bastante resuelto. Sarcófagos reciclados y abades ahorradores.

QUE NO TE LA CUELEN:

- Aunque la primera acepción de “misterio” que da la RAE habla de una cosa “arcana o muy recóndita, que no se puede comprender o explicar”, no todos los misterios han de ser inefables. El uso que le damos a la palabra ha ido cambiando y lo inefable ha sido sustituido, simplemente, por la incógnita. La misma RAE así lo recoge en su segunda acepción, donde habla de “Negocio muy reservado”, como sinónimo de “secreto”.

REFERENCIAS (MLA):

- Rodwell, Warwick. "Westminster Abbey's Roman Sarcophagus and Its Afterlife." Journal of the British Archaeological Association, vol. 179, no. 1, 2026, p. 2675788. Taylor & Francis, doi:10.1080/00681288.2026.2675788.

Originally reported by La Razón.