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Monday, 12 October 2026
Entertainment

Desde el chelo y sin sobresaltos

La OSG invitó a Nicolas Alstaedt en su doble condición de chelista y director para conducir un programa con obras de Schumann y Dvorak

12 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Peculiar propuesta del segundo concierto de abono de la OSG, que invitó al excelente chelista Nicolas Alstaedt en su doble faceta de solista y director para un programa con el Concierto para chelo de Schumann y la Séptima de Dvorak.

Cada vez hay más ejemplos de músicos que se desdoblan como solistas y directores, pero es infrecuente que sea un chelista, por las dimensiones del instrumento mismo y su situación en escena, dando la espalda a los músicos. Dirigir y tocar el chelo implica, además, cargar con él en una mano en los momentos en los que solo se está dirigiendo, sin poder dar indicaciones con ella. La lectura de Alstaedt puso al chelo en el centro de la versión, aportando sonido bello, amplio, cálido y expresivo (precioso el Langsam central), pero resultó parca en gestos de dirección (difícil que fuese de otro modo), dando la impresión de que la orquesta era un mero acompañamiento de un solista que se lució. Bastó, por la calidad de la interpretación de Alstaedt; pero faltó un plus de profundidad en la concepción como director. El sábado, dos propinas: el adagio cantábile de la Sinfonía número 13 de Haydn ?con las cuerdas acompañando a un Alstaedt en estado de gracia, probablemente lo mejor de la noche- y un movimiento de sonata para dos chelos de Jean-Baptiste Barrière, que Alstaedt interpretó al alimón con un estupendo Raúl Mirás, hacia el que se deshizo en elogios.

Ya en el podio, Alstaedt ofreció la Séptima de Dvorak en una versión tranquila, ordenada, canónica y sin sobresaltos, apoyada en el buen sonido de la orquesta. Destacó la redondez de maderas y trompas en el primer movimiento; lo valseable y amable que sonó el scherzo central, en el que subrayó en especial la línea de los chelos como parte de una cuerda sedosa o un movimiento final ordenado, pero quizá poco explosivo; con una coda final que —y quizá este sea el aporte más reseñable desde la batuta— sonó más bachiana que nunca. No se puede negar ni el buen sonido de la OSG ni lo agradable de la escucha, pero Dvorak tiene más capas de las que Alstaedt mostró.

Originally reported by La Voz de Galicia.