Daily Times
Monday, 12 October 2026
Entertainment

MADRID / Beatrice Rana: Virtuosismo deslumbrante para una expresividad incompleta - Scherzo

MADRID / Beatrice Rana: Virtuosismo deslumbrante para una expresividad incompleta

Madrid. Auditorio Nacional. 9 de octubre de 2026. Ciclo Grandes Intérpretes-Fundación SCHERZO. Beatrice Rana, piano. Obras de Bach, Debussy y Chopin

Poco a poco van inaugurándose todas las temporadas de cada ciclo y este pasado viernes 1 de octubre le ha tocado el turno al de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo de la mano -de las manos, más bien- de Beatrice Rana. Es la italiana una pianista de muchos quilates, de técnica asombrosa, miradas personales sobre las partituras y expresividad intensa pero nada excesiva. No puedo sino destacar e insistir en estas cualidades que ya pude apreciar en su anterior visita al ciclo en 2023, pero en cambio esta vez no salí del Auditorio Nacional con la misma sensación de plenitud.

Abrió el concierto con la Suite francesa n. 2 en Do menor BWV 813 de Johann Sebastian Bach. Desde la Allemande inicial, Rana dejó clara su aproximación totalmente pianística, sin miedo a imprimir matices diferentes y a utilizar casi todo el tiempo medios pedales que cambiaba continuamente. Un fraseo muy bien perfilado terminó de plantear un estupendo movimiento inicial. Para la Courante decidió algo que se repetiría a lo lo largo de toda la velada en varias obras y fue que la mano izquierda quedara no ya en un segundo plano, sino en un tercero o cuarto. En este caso, el diseño de melodía armónica de la mano derecha, articulado de principio a fin con una pulsación prácticamente staccato -un poco excesiva a mi gusto- anegó a esa mano izquierda que sí, es acompañamiento, pero que tiene una mayor importancia que la que le otorgó, como ese grado napolitano nada más empezar o las diferentes articulaciones con las que se puede abordar y que no se apreciaron. Sólo en el momento de la imitación -obviamente- decidió “cantarla”. Muy interesante su manera de destacar la escala ascendente presente en medio de esa melodía de intervalos quebrados en la mano derecha en la segunda parte y que, hecha así, viene a contrariar el impenitente y estable ternario. En la Sarabande eché de menos un poco más de cantabile en la melodía que siguiera la estela interpretativa de la Allemande y de nuevo se me quedó corta de presencia esa mano izquierda que, además en esta ocasión es polifónica y da oportunidad de aportar algo más. Su interpretación pareció más centrada en la gama de matices piano y pianissimo que quizá pretendían traducir una cierta intimidad. Un casi fulgurante Air de pulsación muy corta al modo de la Courante disfrutó de una segunda voz más presente, lo cual nos hizo disfrutar de un contrapunto más claro y decantado. Quizá fue el Menuet el movimiento más interesante: alternancia contrastante de matices, diferentes articulaciones y claridad de ideas llevada nítidamente a la ejecución. La Gigue final en cambio fue quizá lo menos afortunado de la Suite. A pesar del tempo giusto y de su concepción extremadamente enérgica, resultó pesante, quizá porque el carácter danzante fue sustituido por uno casi trágico y porque las dinámicas en forte predominaron y prácticamente homogeneizaron la primera parte principalmente.

Siguió el Primer libro de los Doce estudios de Debussy (es decir, los seis primeros), obra escrita en 1915 durante los últimos años de su vida ya aquejado y muy doliente de ese cáncer de estómago que lo llevaría a la tumba en 1918; y por eso mismo resulta aún más sorprendente toda esa carga de humor que atesora. La versión que nos ofreció Rana fue deslumbrante en lo técnico y en la tímbrica, pero estuvo falta de claridad en las articulaciones y respecto a las mil indicaciones que Debussy marca en su partitura: si uno se empeña en ir a una velocidad excesiva, por bien que toque, será imposible hacer inteligibles muchas de las cosas escritas con primor por el autor. Es exactamente lo que sucedió en el primer estudio Pour les cinq doigts: los constantes rubatos (cédez-a tempo, tempo meno mosso, etc.) claramente marcados fueron apreciables. Eso sí, Beatrice Rana encontró un timbre perfectamente adecuado. Algo parecido sucedió con el segundo Pour les tierces, donde pareció más interesada en mostrar su impecable técnica que en decantar ese lirismo -sí, lirismo- que destila la obra. Impresionantes sus terceras, pero el espíritu no estaba allí, para empezar por una excesiva velocidad (Moderato ma non troppo). Es preciso insistir en que Debussy es mucho más diáfano de lo que se pretende y que para dar esa impresión de fluidez y flexibilidad es necesario ser extremadamente riguroso. En cuanto al tercero, Pour les quartes, de nuevo pudimos apreciar un sonido y una tímbrica generales realmente seductoras y casi lunares, donde contrastaron aspectos muy expresionistas con otros inscritos en ese impresionismo de orden acuático. Aun así, hubo varios momentos en los que la definición de ciertos pasos del forte al piano fueron imposibles de discernir, no sé si por decisión estética puesto que se repitió en no pocas ocasiones durante el concierto, por falta de tiempo al probar la sala o por el propio piano, que ya sabemos todos que no está en las condiciones que debiera (esto sí que merecería un artículo). En el cuarto, Pour les sixtes, interpretado de forma muy “romántica”, realmente se deleitó más en todas esas opciones que proporciona el autor para un tira y afloja constante en el tempo. En este caso, casi exageró el pianissimo, que estiró mucho más allá de donde se solicita. Estupendo como en todo el resto el aspecto de la calidad sonora y la búsqueda tímbrica. Aun así, un tempo más moroso se habría agradecido para cantar con más intensidad ciertas cosas: Lento pide Debussy. En cuanto al quinto Pour les octaves, Rana, que lo interpretó de forma muy exaltada, aprovechó ese librement rythmé para convertirlo prácticamente en un Prokofiev, pero en este caso ¿por qué no? Sobre todo siendo poseedora de semejante técnica. Dicho lo cual fue el momento en el que ese constante partir de un matiz para crecer y volver súbitamente resultó más confuso a pesar de un sección central en pianissimo muy hermosa. La serie terminó con esa ráfaga tremenda que es Pour les huit doigts interpretado en este caso sin duda de la forma más ajustada a la estética debussysta y a las propias exigencias del texto y en el que, una vez más, la de Lecce demostró su virtuosismo apabullante.

La segunda parte estuvo íntegramente consagrada a Chopin con cuatro de sus obras, la primera de las cuales fue el Nocturno en Do menor op. 48 n.1. Rana fraseó bien la melodía inicial, sincopada y de efecto ligeramente jadeante, aunque quizá con cierta superficialidad, una vez más debido a un tempo de una ligereza agógica un tanto excesiva. A esto se sumó una pulsación poco profunda en los bajos de toda la primera sección que, sin duda, y más aún teniendo en cuenta las premisas de la primera parte del concierto, se trata de una decisión estética personal que personalmente no me satisface. Muy bien cantada la sección de acordes aunque, de nuevo, faltó un poco de sosiego. Llevó a cabo con estupenda gradación ese crescendo hasta las octavas en las que, por supuesto, descolló. Pero a mi juicio erró completamente en el carácter que imprimió a la reexposición con el acompañamiento en acordes repetidos. Para que me entiendan, pareció haberla poseído Rachmaninov. De acuerdo que hay algo heroico, pero esa dinámica entre forte y fortissimo en dichos acordes durante toda la sección resultó absolutamente desmesurada.

Siguió la Balada n. 2 en Fa mayor op. 38 a la que imprimió, según la costumbre de todo el concierto, un tempo relativamente ligero que no contraría el Andantino prescrito pero quizá sí dificulta el cantabile necesario en esa especie de barcarola de modo que no resulte monótono el matiz constantemente piano y pianissimo. La sección Presto con fuoco fue realmente fulgurante y realizada con la misma facilidad que intensidad. Sin duda, lo mejor de la Balada tanto la primera vez como en su reaparición. Impresionante toda la sección final Agitato con esas repeticiones de dos en dos de diferentes intervalos simultáneos en la mano derecha y donde, esta vez sí, pudimos escuchar una mano izquierda poderosa y expresiva. Fantásticos los ocho compases finales de vuelta al Tempo primo, como exhaustos y abandonados en el aire.

El segundo Nocturno del op. 48, en Fa sostenido menor, fue la tercera obra interpretada y, una vez más, no pude sino lamentar la falta de presencia de esa mano izquierda en tresillos que, como siempre en Chopin, esconde mil sutilezas armónicas. Pasó un poco por encima de la sección central, de carácter tan “schumanniano”, sin aportar nada especial. En cambio su forma de pedalizar en toda la parte final, con fragmentos como sumergidos en la bruma en medio de los que destacaban algunas notas, fue verdaderamente un acierto.

Terminó Beatrice Rana su programa con el Scherzo n. 3 en Do sostenido menor op. 39, a cuya sección primera aportó una visión completamente lisztiana. Estuvo realmente admirable en todas esas cataratas de notas que van haciendo un diseño descendente en piano leggierissimo, pero una vez más me desconcertó completamente con su criterio sobre la mano izquierda, casi desaparecida en algunos momentos y en cambio fantásticamente presente en otros. El final fue realmente impresionante, con un poderío sonoro total y un virtuosismo absoluto pero sin alardes.

Ante la satisfacción y el aplauso del público, la italiana nos regaló dos propinas. En primer lugar la Romanza sin palabras op. 67 n.º 2 en Fa sostenido menor de Mendelssohn, a la que aportó una original visión que nos la emparentó con alguna de las piezas cortas de los últimos opus de Brahms y en la que utilizó magistralmente el pedal. Por último, la transcripción de Pletnev de la Marcha de la suite del Cascanueces de Chaikovski, tocada a una velocidad de vértigo y con una demostración de medios realmente bárbara. Una grandísima pianista que, sin embargo, no redondeó interpretativa y expresivamente lo que podía haber sido un recital para el recuerdo.

Ana García Urcola

Foto: Samuel Mejía

Originally reported by Scherzo.