MADRID / OCRTVE: Un comienzo de temporada con el listón bien alto - Scherzo
MADRID / OCRTVE: Un comienzo de temporada con el listón bien alto
Madrid. Teatro Monumental. 09-X-2026. Orquesta y Coro RTVE; Elena Sancho-Pèreg, soprano; Carol García, mezzosoprano; Alexandre Bloch, director. Obras de Brahms, Lewandowski y Mahler.
Una de las verdades más incontrovertibles e indefectibles del ser humano desde el momento en que nace es la muerte. Podremos crecer más o menos, reproducirnos o no, plantar o no un árbol, escribir o no escribir un libro, vivir en la abundancia o en la miseria… pero lo que es seguro es que moriremos. ¿Cuándo? Esa es una incógnita —quizá la gran incógnita— en la ecuación de la vida. Y vivimos la mayor parte de nuestras vidas sin despejarla. ¿Quién quiere conocer su valor, saber cuándo, dónde y cómo? Moriremos. ¿Y después, qué? Las religiones han dado su respuesta a esa pregunta, pero la duda es obstinada: ¿existe la vida eterna?, ¿subimos al cielo, bajamos al infierno?,¿resucitamos? Religión, filosofía, metafísica, creencias…
La música también da sus respuestas. Y si hay un compositor que explícitamente ha respondido a esa última pregunta —¿resucitamos?—, ese es Gustav Mahler. Su Segunda sinfonía, Resurrección, es el paradigma de la vida más allá de la muerte, independientemente de que uno sea creyente o no. Hay sinfonías que toda persona debiera escuchar y ver en directo al menos una vez en la vida: la Segunda y la Octava de Mahler, la Novena de Beethoven, la Primera de Vaughan Williams, la Decimotercera de Shostakovich o la Gótica de Havergal Brian.
Octubre es el mes del comienzo de las temporadas de la mayoría de orquestas sinfónicas en España y, coincidencia o no, unas cuantas de ellas optaron por interpretar la Sinfonía n. 2 en Do menor de Mahler. La Orquesta y Coro de RTVE (OCRTVE) ha sido una de ellas. El primer concierto de abono de la temporada Monumental 2026/2027 tenía esta sinfonía como obra principal en el programa, un programa que, a priori, estaba integrado por Im Herbst de Johannes Brahms —dura entre cinco y seis minutos— y la Segunda de Mahler. Era la carta de presentación del nuevo director titular de la OCRTVE, el maestro francés Alexandre Bloch, quien no solo no defraudó, sino que dejó el listón bien alto. Quien suscribe esta reseña acudió a los dos conciertos —la OCRTVE toca semanalmente los jueves y viernes—, y no fue por capricho. El concierto del jueves fue tan grandioso y memorable que le hizo a uno repetir el viernes. Esta reseña se refiere principalmente al concierto del viernes, el que se retransmitirá el sábado 31 de octubre de 2026 a las ocho de la mañana en Los conciertos de La 2 de RTVE. La diferencia fundamental entre uno y otro concierto —jueves y viernes— fue el mayor número de recursos técnicos empleados en el segundo. Musicalmente, ambos fueron igual de emocionantes y extraordinarios, verdaderamente conmovedores.
El recital comenzó con unas palabras del maestro Bloch para agradecer a todos los anteriores directores y músicos de la OCRTVE así como a los equipos directivos su labor durante los 61 años —el coro ha cumplido ya 76— de historia. También explicó un cambio en el programa que, a posteriori, lo integraron la ya mencionada Im Herbst de Brahms, Enosch del compositor polaco-alemán Louis Lewandowski (1821–1894) y la Segunda de Mahler. Las dos primeras obras se interpretaron sin solución de continuidad, de tal guisa que se convirtieron en una espléndida introducción a la sinfonía de Mahler, que se atacó inmediatamente después del último acorde de Enosch —obra que dura unos cuatro minutos—. Eso fue un acierto. El recital comenzó a capella con la obra de Brahms —la voz humana, el instrumento musical por excelencia bellamente representado por el coro RTVE—, prosiguió con la orquesta y el coro en Enosch —armoniosa combinación de instrumentos y voces—para desembocar en el vibrante trémolo de las cuerdas agudas y el enérgico canto fúnebre de los violonchelos y contrabajos en el primer movimiento de la sinfonía. Un viaje musical que resultó muy natural y perfectamente engarzado, no ya solo musicalmente, sino textualmente. Im Herbst, basado en el poema homónimo del poeta alemán Klaus Groth (1819-1899) nos lleva con el brote de una lágrima emocionada hacia la tumba; Enosch ahonda en lo efímero de la vida humana: El hombre dura lo que la hierba, como flor silvestre florece: el viento la roza y ya no existe… (Salmos 103:15). Hemos llegado a la muerte. ¿Qué hay después? Después está Mahler, que nos recoge en la muerte para transportarnos a la más excelsa y grandiosa resurrección a lo largo de la casi hora y media que dura esta sinfonía.
A quien suscribe le resulta imposible expresar con palabras la experiencia musical que se vivió en el Teatro Monumental. El maestro Bloch condujo a la orquesta y al público hacia la sublimación de un sentimiento de plenitud que culminó en la majestuosidad del quinto y último movimiento de la sinfonía con el coro, las solistas —la soprano Elena Sancho-Pèreg y la mezzosoprano Carol García— y el órgano. En todo ese viaje hubo momentos emocionantes, conmovedores, en los que se hacía muy difícil contener esa lágrima que brota cuando las cosas están hechas de modo tan hermoso y bello. Fue espectacular ver tocar a la sección de percusión compuesta por los profesores Raúl Benavent, Rafael Mas, José Luis González y Roberto Fernández y los aumentos Alberto Román —percusionista de la Orquesta Nacional de España— y Ferrán Navarro Ivars. ¡Qué impecable coordinación! Daba gusto verles disfrutar en los momentos clave en los que la sinfonía de Mahler no sería lo que es sin la percusión. Las cuerdas estuvieron muy bien a lo largo de toda la obra, destacando especialmente en el segundo movimiento. Uno de los momentos más conmovedores fue la intervención de la mezzo Carol García en el cuarto movimiento Urlicht, luz prístina: ¡Oh, pequeña rosa…! La voz de Carol García estaba muy bien proyectada, con el justo vibrato y la potencia adecuada. Una voz penetrante, hermosa, que corrió por el teatro —imposible que a quien escuchara no se le empañasen los ojos con tanta primorosidad— tocando, sí, las almas —o lo que quiera que sea eso que nos tocan— de quienes estábamos allí presentes. Solemne, conmovedora y majestuosa también la intervención de los trombones —Ximo Vicedo, Alejandro Cantos, Baltasar Perelló y Stephane Loyer— en el quinto movimiento. ¿Y las trompas? Sobresalientes: José Chanza tiene algo especial cuando hace sonar su trompa. Caben destacar también las intervenciones de Mónica Raga a la flauta y Eva Álvarez al flautín. ¿Y el coro? Después de haber estado en silencio durante la mayor parte de la sinfonía —recordemos que el recital comenzó con el coro a capella—, emocionó al público cuando comenzó a cantar ese tan sutil comienzo del texto que da título a la sinfonía: «Auferstehn, ja auferstehn wirst du, mein Staub, nach kurzer Ruhn’!» (¡Resucitarás, si resucitarás, polvo mío, tras breve descanso!). Incluso ahora que uno escribe estas líneas, resulta muy difícil no emocionarse al recordar ese canto coral al que luego se une la soprano —Elena Sancho-Pèreg cantó magníficamente, pero al ser su papel mucho más breve que el de la mezzosoprano, pareció quedar en segundo plano— y que más tarde se transforma en una apoteosis con toda la orquesta a pleno pulmón. Magnífica también la disposición de distintas fanfarrias y percusiones ocultas a los laterales del teatro y a ambos lados del anfiteatro así como detrás. El público miraba en busca de los instrumentos que sonaban en la distancia. ¡Coordinación impecable!
El maestro Bloch logró eso que solo se logra con una buena labor en los ensayos. Cuando el sonido de la orquesta se apagó en el apoteósico y largo acorde final, solo quedaba la ovación que fue larga —tanto el jueves como el viernes—, con parte del público en pie. Mejor no se pudo empezar. El listón quedó bien alto, ya lo dijimos más arriba, ahora queda en manos del director y de los músicos mantener ese nivel a lo largo de toda la temporada. Todo un desafío… ¡y nada fácil! La temporada es larga y la vida breve.
Michael Thallium