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Thursday, 15 October 2026
Technology

¿Dónde trabajan y cuánto cobran los primeros graduados vascos en IA? | El Correo

«La Inteligencia Artificial es la nueva electricidad. Así como la electricidad transformó casi todo hace 100 años, hoy en día me resulta difícil pensar ... en una industria que la IA no vaya a transformar en los próximos años». El pronóstico que lanzó el experto en la materia Andrew Ng en 2017 cada vez está más cerca de cumplirse. En un momento en el que esta tecnología avanza a pasos agigantados y cada vez más analistas coinciden en que reconfigurará de arriba abajo el mercado laboral y la sociedad, los especialistas en IA se han hecho un hueco entre los perfiles más codiciados por empresas de todos los sectores: desde la banca, la consultoría y el comercio hasta la industria pesada, la salud o la informática.

Las instituciones educativas vascas supieron anticipar que esta tecnología se convertiría tarde o temprano en un motor clave de desarrollo económico e innovación. Tanto la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) como la Universidad de Deusto fueron pioneras en España al poner en marcha los primeros grados centrados en esta disciplina en el curso 2020/2021. Mientras la universidad pública apostó por lanzar un grado específicamente centrado en IA, el campus privado diseñó itinerarios combinados para unir la IA con la Ciencia de Datos o la Ingeniería Informática. Tras aquel hito académico, las primeras remesas de graduados vascos en IA ya se encuentran inmersos en el tejido productivo.

Pero la irrupción de este talento no está exenta de matices. Junto al atractivo de rozar el pleno empleo inmediato y el abanico de opciones de especialización, estos jóvenes también se enfrentan a salarios heterogéneos dependiendo del sector o a los cuellos de botella por falta de experiencia previa.

En este escenario, EL CORREO analiza a través de este reportaje la radiografía real de estas promociones históricas, a través del relato de sus protagonistas, quienes detallan su aterrizaje al mercado laboral y reflexionan acerca del alcance y las posibilidades que puede ofrecer esta disruptiva tecnología, así como sobre el futuro de la misma.

Elaia Artabe Amorebieta, 24 años

«Toda la clase tenía trabajo incluso antes de terminar la carrera»

En 2020, cuando el mundo se encontraba bajo cuarentena y la Inteligencia Artificial todavía sonaba a ciencia ficción, Elaia Artabe tomó una decisión tan valiente como arriesgada. Esta zornotzarra de 24 años nunca había tenido muy claro lo que quería hacer y por eso en bachillerato tocó todos los palos, «desde biología y economía hasta la tecnología». Finalmente, y tras sopesar meterse en la carrera de robótica, decidió matricularse en la primera promoción de IA y Ciencia de Datos en la Universidad de Deusto. «Tanto mi familia como mi orientador me animaron a ello y aunque era una opción un poco arriesgada, me decían que si lo de la IA terminaba siendo un 'pluf', aún así aprendería sobre programación e informática y que tendría futuro».

Años después, el diagnóstico se ha cumplido al milímetro. Elaia forma parte de la primera remesa de graduados vascos en IA, que ha salido al mercado con el título caliente bajo el brazo y sin haber experimentado un día de paro. «Incluso antes de acabar la carrera toda la promoción tenía trabajo y ya sabía lo que iba a hacer. La banca y la consultoría están absorbiendo estos perfiles masivamente, pero también el sector público, por ejemplo», señala.

Tras pasar diez meses de prácticas en el centro tecnológico Vicomtech en la rama de videovigilancia, en la actualidad trabaja en la consultora Management Solutions, donde lleva desde septiembre de 2024. Su día a día consiste en recopilar, limpiar y transformar bases de datos en información útil para ayudar a las empresas a tomar decisiones operativas. Respecto a la remuneración, señala que «entre los compañeros de carrera, el primer año el salario anual podría rondar entre los 23.000 y 32.000 euros, aunque con tres o cuatro años de experiencia hay empresas que superan los 50.000 euros y algunas que pagan barbaridades, aunque depende del sector».

En los últimos tiempos, los discursos alarmistas han revoloteado alrededor de la IA (incluso con advertencias de extinción), pero Elaia apela a la historia y cree que esta tecnología, más que destruir empleos de manera masiva, «será como la revolución industrial, porque las máquinas empezaron a hacer lo que hacía una persona manualmente, y esa persona tenía que aprender a gestionar esa máquina. Creo que ahora va a ser lo mismo. La IA está resolviendo problemas complejos que hasta ahora requerían miles de horas de trabajo. La clave es el buen uso que se le dé a la tecnología». Estando convencida de que la IA es una tecnología «totalmente revolucionaria, de la que solo estamos llegando a ver la punta del 'iceberg' de lo que puede llegar a ser», le gustaría realizar su carrera profesional aquí. «Hay compañeros que se han ido a Madrid, Holanda e incluso Malta, pero a mí me encanta Euskadi. Aunque sí que me gustaría hacer algún viaje de trabajo para aprender de lo que están haciendo en otros países y así nutrirme más».

Sergio Camarena Barakaldo, 24 años

«A muchos graduados les ofrecen salarios de salida de 20.000 euros»

A Sergio Camarena la pasión por la tecnología y la informática le viene de cuna. «Siempre había querido estudiar algo relacionado con la informática porque mi padre ha trabajado toda la vida de ello y yo siempre he estado trasteando con ordenadores, soy un friki de las estadísticas», cuenta este baracaldés de 24 años. En plena búsqueda de orientación universitaria, en unas jornadas de puertas abiertas organizadas por la Universidad de Deusto, y acompañado por su padre, descubrió el grado en IA. «Me dijo que es una cosa muy interesante que las empresas están pidiendo de cara a los próximos años, y yo me dije que esta era la mía».

Cuando entró en la carrera, admite, había más dudas que certezas sobre el alcance de la IA. Sin embargo, hubo un hecho que lo cambió todo: «Entre segundo y tercero de carrera salió ChatGPT, que fue toda una revolución incluso dentro de nuestra propia carrera. Ahí todos nos dimos cuenta de que esto era una realidad y fue un alivio». A su juicio, llegar al mercado como los primeros graduados representa una ventaja. «Hay muy poca gente formada en este campo; a poco que tengas las bases, ya tienes algo más que el resto», señala.

Sergio ha encaminado su perfil hacia el desarrollo técnico y la programación de modelos predictivos y agentes conversacionales en el área de IA de IDOM, un departamento «relativamente nuevo» para el que fue contratado específicamente, tras un paso previo por la consultora Seidor. En los últimos tiempos la propia IA ha resultado ser una opción muy eficaz para programar, «pero siempre necesita de alguien detrás que sepa cómo utilizarla, porque es muy tramposa: a veces te dice que sabe algunas cosas y luego es mentira».

Su testimonio aporta una dosis de realismo sobre las condiciones de acceso que afronta hoy en día un joven en Euskadi, aunque la empleabilidad del grado sea prácticamente total. «A muchos les ofrecen salarios de salida desde los 20.000 euros, que es insuficiente para cualquier persona. Si vives con tus padres pues bueno, pero si no… Hasta que no cumples los tres años de experiencia en consultoría es difícil pasar de los 30.000 euros».

Pese a trabajar en la frontera tecnológica, fija con claridad las líneas rojas de la automatización. Mientras defiende que haya robots que asuman las tareas más exigentes en las fábricas para mejorar la calidad de vida de los operarios, sostiene que el factor humano es insustituible: «Es imposible que la IA te quite el puesto si tu trabajo requiere algo de amor, como pueden ser los artistas o los propios periodistas».

Fuera de las oficinas, tiene una fórmula para escapar del algoritmo: «Voy al gimnasio y los fines de semana soy monitor de tiempo libre de niños y jóvenes, ya desde hace siete años». Respecto al futuro, «con el nivel al que está evolucionando la IA, en quince años me veo en una casa en el campo con robots haciendo de todo», bromea. «Pero siendo realistas, me gustaría formar una familia y quedarme en Euskadi».

Nagore Bravo San Sebastián, 24 años

«Hay ofertas de empleo que piden requisitos impensables»

Nagore Bravo no llegó al grado de IA por vocación. De hecho, «ni siquiera sabía qué era la programación, pero siempre me han gustado las matemáticas y el razonamiento lógico y no quería cerrarme puertas». De esta forma, en 2020 se matriculó en el Grado de IA que la Universidad del País Vasco (EHU) inauguró ese mismo año en el campus de su San Sebastián natal, en una clase que apenas tenía unos 25 alumnos. Tras graduarse, decidió seguir formándose y cursar el Máster en Análisis y Procesamiento del Lenguaje de la EHU, un subcampo de la IA que permite a los ordenadores leer, interpretar, comprender y generar el lenguaje humano.

Tras unas prácticas en Tecnalia y un año de experiencia en el centro de investigación HiTZ de la propia universidad (especializado en IA aplicada a las tecnologías del lenguaje y del habla), actualmente trabaja en Euskorpora, donde participa en el desarrollo y evaluación de tecnologías de IA para el euskera y sus dialectos, además de coordinar proyectos de I+D+i relacionados con el procesamiento del lenguaje y del habla. «El inglés o el castellano disponen de cantidades enormes de contenido digital y el euskera es una lengua con menos recursos. Si queremos que los sistemas de IA entiendan bien el euskera, necesitamos datos suficientes y que sean de calidad». Explica la importancia de esto: «Si los modelos aprenden contenido inglés y después simplemente lo traducimos al euskera, existe el riesgo de que acabemos trasladando progresivamente al euskera las estructuras, expresiones y tendencias de otras lenguas. Hay estudios que dicen que cada vez hablamos más como la IA».

Admite que la inserción laboral «no es complicada», aunque ironiza sobre las exigencias del mercado en algunos casos: «De repente parece que todo tiene que llevar la palabra 'IA' y he llegado a ver ofertas de empleo que pedían más de diez años de experiencia en 'Large Language Models', que nacieron antes de ayer. A veces te piden cosas impensables». Por otra parte, rebaja la euforia salarial. «El punto de partida de alguien que acaba de entrar al mercado es muy similar al de otras carreras, aunque existe muchísima variabilidad dependiendo de la empresa, del sector y la especialización», afirma. Y aunque «existe una diferencia salarial importante respecto a otros mercados internacionales, ahora se puede vivir en Euskadi y trabajar para una empresa de otro país». En cualquier caso, a Nagore le gusta la presencialidad, y «pese a que el salario importa, no lo es todo: también valoramos muchísimo cuestiones como la flexibilidad, el teletrabajo, el proyecto o las posibilidades de aprendizaje».

De cara al futuro, tiene claro que quiere quedarse en San Sebastián, «si el precio de la vivienda me permite independizarme», y de trabajar en algún otro subsector, le gustaría que fuese el de la salud, «porque lo que más me gusta de la IA es que pueda ayudar a las personas».

Originally reported by El Correo.