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Saturday, 07 November 2026
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El asedio hutí en una ciudad de Yemen desata una catástrofe humanitaria

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Hace un mes que Taiz, la tercera ciudad más grande de Yemen, está cercada por los hutíes, que han cerrado las principales vías de acceso, impidiendo la entrada de mercancías, gasolina y medicinas. La urbe se ha convertido en la última contienda del grupo rebelde, que ahoga a miles de civiles para forzar concesiones por parte de Arabia Saudí -que respalda al gobierno yemení- en unos choques que han puesto en jaque el comercio marítimo en el mar Rojo, en medio de las tensiones en Oriente Próximo derivadas de la guerra de Gaza e Irán. Los hutíes -apoyados por Teherán- ya dominaban los accesos de la ciudad por el norte, este y sur casi desde 2015, pero con la reciente toma de la zona occidental de la provincia han completado su cerco, pese a ser un bastión del apoyo al gobierno yemení. Dentro viven 1,5 millones de personas, a las que se suman unos 180.000 desplazados por los choques entre las fuerzas gubernamentales y los hutíes. Naciones Unidas ha advertido de la catástrofe humanitaria que se desarrolla en el interior de la ciudad, donde escasean cada vez más los alimentos y los medicamentos.

La investigadora de Human Rights Watch, Niku Jafarnia, denunció que los hutíes han cortado el acceso a combustible, agua y suministros médicos, dejando al límite a los enfermos crónicos. El gobierno local ha registrado más de 5.000 casos de enfermedades infecciosas y respiratorias en octubre, con cuadros febriles ligados a la basura que se amontona en calles, barrios y canales de drenaje. El vicegobernador, Ailan Abdel Haq, acusa a los rebeldes de impedir el paso de los camiones de recogida y de desplazar a miles de familias, lo que ha saturado unos servicios ya muy debilitados tras una década de guerra civil que arrasó el país.

Bombardeos

Al Masirah, la televisión controlada por los hutíes, informó este viernes que tres ataques aéreos saudíes golpearon el mercado central de Taiz, causando más de 30 muertos y decenas de heridos. Ese mismo medio denunció intensos bombardeos en el distrito de Hamdan, en Saná, que alcanzaron dos pozos de agua, y en Majz, en la provincia de Saada, además de artillería contra otros distritos fronterizos con Arabia Saudí.

Al otro lado de la frontera, el reino saudí informó de que sus fuerzas interceptaron y destruyeron un dron en la región de La Meca, en el segundo ataque contra la ciudad sagrada en lo que va de semana. En el sureste del país, las fuerzas saudíes derribaron dos misiles balísticos, que causaron daños en la ciudad fronteriza de Najran. Mientras, continúa la contraofensiva de las fuerzas aliadas al gobierno de Yemen, que han pasado de frenar el empuje inicial de los rebeldes en zonas cercanas al mar Rojo, a lanzar ofensivas directas para recuperar territorio, aunque la situación exacta del frente sigue sin estar clara y los hutíes conservan capacidad para amenazar el tráfico marítimo.

Detrás de la escalada hay una cadena de movimientos calculados por el grupo rebelde que se desarrollan desde julio. Los hutíes aprovecharon una ventana de oportunidad abierta por Riad cuando el reino intentó impedir que la Guardia Revolucionaria iraní desembarcara en Saná, bombardeando el aeropuerto de la ciudad porque un avión había aterrizado sin su permiso. Los rebeldes empezaron entonces con un bloqueo del transporte marítimo saudí y rápidamente ampliaron su ofensiva, atacando infraestructuras críticas del reino, como instalaciones petroleras y aeropuertos, lo que llegó a interrumpir de forma temporal su capacidad de exportar crudo. En paralelo, lanzaron una ofensiva terrestre para tomar Taiz y la costa del mar Rojo, que de salir bien les serviría de base para futuras campañas y reforzar su capacidad de golpear los buques saudíes.

Fuentes al tanto de las negociaciones indirectas entre los hutíes y Riad dijeron al Wall Street Journal que poco después de iniciar su ofensiva en la costa del mar Rojo, el grupo rebelde exigió al reino que reconociera su soberanía sobre todo Yemen como parte de un acuerdo para acabar con la guerra. Algunos expertos creen que esa postura maximalista puede ser una táctica para negociar después otras demandas más moderadas, como mayor control sobre los recursos energéticos del país o compensaciones de guerra. Sus exigencias actuales incluyen el levantamiento del llamado bloqueo saudí a la navegación y el control del petróleo y el gas yemeníes. En los últimos meses han rechazado varias propuestas de alto el fuego del reino, que al parecer contemplaban retirar las restricciones a los puertos y aeropuertos bajo su control por motivos humanitarios y pagar 1.000 millones de dólares en concepto de reparaciones.

Originally reported by El Mundo.