El Liceu sube a escena ‘I Capuleti e i Montecchi’ en versión muy política
El Liceu saca sus galas belcantistas este mes –del 30 de octubre al 11 de noviembre– a cuenta de un título que, si bien el liceísmo lo recordará de hace una década interpretado por Joyce DiDonato (Romeo) y Patrizia Cioffi (Giulietta), vestidas de Christian Lacroix, no es una ópera que se haya hecho en exceso en el teatro de la Rambla. Desde que se estrenó ahí en 1854 ha habido 34 funciones de I Capuleti e i Montecchi. Pero ahora regresa no en el montaje de Vincent Boussard de hace una década, ni tampoco en el de Adrian Noble de la Scala de Milán que estaba anunciado en principio, sino en el del director de escena y escenógrafo brasileño (establecido en Valencia) Allex Aguilera, que ideó la producción para la Ópera de Lieja, con un marco monumental giratorio, con el río –el de Verona– pasando por ahí.
“Yo siempre busco algo simbólico. Y en ese agua todo confluye, lo bueno , lo malo, la guerra, la paz. Es un elemento de fluidez para mí, y yo buscaba fluidez en la narrativa de la ópera”, apunta Aguilera, que no la enmarca ni en el medievo ni en la actualidad, sino en un intermedio. Ya con el aria de apertura, Giulietta evoca a Romeo acariciando el agua. Y también antes de tomar el veneno irá al río. Pero en realidad, en esta versión Romeo la ama más a ella que al revés. “Y es porque ella es política. No está dispuesta a huir por amor, es más reflexiva, no abandonará a su padre, aunque este la desprecie, y está su patria”, añade.
“Va de amor y política: en la Venecia de 1830, el tema de la patria se camuflaba en historias de amor”, dice el maestro Frizza
Ese montaje simbolista –con luz fría y en claroscuro, los gestos, el agua, el fuego de la velas de la cripta donde Romeo halla el cuerpo de Giulietta– quiere subrayar el lado político de la tragedia.
“Bellini ya propone una gran renovación del propio mito convirtiendo el amor en un gesto casi sacrílego en un entorno de violencia y odio –interviene el director artístico del Liceu, Víctor García de Gomar–. El odio es visto como un destino y no como una circunstancia. Es un amor que desafía esas normas y pone en cuestión los valores que sostienen ese honor familiar”.
Una historia antigua
Shakespeare solo la universalizó
El libretista de Bellini, Felice Romani, no recurre a Romeo y Julieta de Shakespeare para escribir I Capuleti e i Montecchi. Lo recuerda el regista en el Liceu. “Va a la fuente, que es más antigua. La historia de la pareja con un amor imposible en la que ella toma un veneno que no lo es ya existía mucho antes en Italia”, dice Allex Aguilera. Capuletos y montescos se enmarcan históricamente en las guerras entre güelfos (apoyaban al Papa) y gibelinos (al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico): las facciones políticas que dividían los estados en la península Itálica durante la baja edad media. “Aquí el contexto cambia: no son unos jovencitos que se conocen en un baile de máscaras y ella sale al balcón. Aunque yo sí homenajeo a Shakespeare pero a la inversa: Romeo está en el balcón, y ella abajo. No se puede obviar que el mundo conoce la historia a través de Shakespeare”.
El maestro Riccardo Frizza, que ya dirigió este clásico en el Liceu hace una década, es capaz de dibujar con su batuta todo el arco dramático de este Bellini pero sin abandonar la ingravidez, la ligereza de esta partitura. “Es de los primeros Bellini que dirigí en mi carrera –recuerda–, le tengo cariño, pero es una ópera que él escribió en tres semanas. Y en la discusión sobre si lo importante es el lado político o el lado del amor y la pureza, yo digo que ambos, especialmente si consideramos que en la década de 1830, cuando fue escrita y presentada en Venecia, estaban allí los austrohúngaros y los temas de la patria se camuflaban en las historias de amor”.
La ligereza con la que trata Bellini la orquesta busca dar protagonismo a la parte vocal, la melodía. “La orquesta ha de dar un color general de ausencia de gravedad”, indica. Y Lisette Oropesa, la soprano que regresa al Liceu –estos años ha pisado más el Teatro Real– solo tiene palabras de elogio para la Orquestra del Liceu, “casi lloro en la italiana [el ensayo] con aquel solo de trompa, o el de arpa, bellísimo”. “He cantado muchos Bellini con Frizza, pero ese es de belleza pura”. Tanto ella como su partenaire, Raffaela Lupinacci, que debuta en el Liceu en ese papel de Romeo, coinciden en que la dificultad de este título es que la línea del canto, la melodía, es ligera, sin tensión, mientras que todo el conflicto dramático ha de ser la cantante quien lo traiga, quien lo sienta.