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Thursday, 29 October 2026
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Enrique Vila-Matas, Premio Nacional de las Letras Españolas 2026: "Existe el riesgo de que cada vez se lea menos literatura y de que se pierdan el pensamiento y la razón. Mi propuesta sería volver a la Ilustración, pero, tal y como está el mundo, parece una utopía total"

Con una creación "profundamente filosófica, poética y libérrima", que combina novela, ensayo y reflexión literaria con un original tono irónico, Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) se ha convertido en uno de los narradores españoles contemporáneos más reconocidos dentro y fuera de nuestras fronteras.

El apodado como "maestro del quiebro y especialista en abrir nuevos frentes", con una obra traducida a una treintena de idiomas, ha sido distinguido por el Ministerio de Cultura con el Premio Nacional de las Letras Españolas 2026, un galardón dotado con 50.000 euros.

El reconocimiento distingue una trayectoria literaria marcada por la experimentación y la renovación de las formas narrativas, y en la que el jurado ha destacado "su influencia decisiva en la narrativa contemporánea, su aportación a la tradición borgiana en lengua española, así como una originalidad formal y fidelidad al espíritu metaficcional de Cervantes desde una dilatada y ejemplar trayectoria".

Su manera de escribir consiste en hacer literatura sobre literatura sin convertirla en un discurso académico: retorcer historias, entrelazar digresiones y recuerdos, y dar voz a narradores que dudan de lo que cuentan y se ríen incluso de sus propias palabras. ¿Cómo contar la realidad si, en cuanto la convertimos en palabras, ya la estamos transformando?

Ficción para buscar verdad

"Después de tantos cambios de estilo, de tantas reformas, yo sigo siendo el mismo. En realidad, no me he movido de sitio. Siempre estuve ahí, donde estoy hoy". Así valoraba Enrique Vila-Matas su propia trayectoria en una reciente entrevista con RNE, con motivo de la concesión del galardón.

Autor de obras como Bartleby y compañía (2000), El mal de Montano (2002) y París no se acaba nunca (2003), Vila-Matas cuestiona las etiquetas de metaliteratura y autoficción que suelen acompañar a su obra. Desde su perspectiva, la reflexión sobre la literatura forma parte de la propia creación literaria y no necesita constituirse en una categoría aparte.

"Para mí, la no ficción no existe. Cuando empiezas a escribir, eres consciente de que te conviertes en otro y de que deformarás lo ocurrido", reflexionaba el autor catalán. Un recuerdo no llega al papel intacto: al seleccionarlo, ordenarlo y expresarlo mediante el lenguaje, el escritor ya lo está transformando. La narración no reproduce simplemente la realidad, sino que construye una versión de ella. Pero esto no significa que Vila-Matas renuncie a buscar la verdad. Al contrario: "Busco mucho la verdad dentro de la ficción", declaraba.

Borges y Cervantes

En el mar de referencias literarias de Vila-Matas destacan dos nombres propios fundamentales de la historia de la literatura: Jorge Luis Borges, del que llegó a decir que, sin él, "hablaríamos en inglés", y Miguel de Cervantes, figura esencial de la tradición literaria en lengua española.

Del primero, aunque confiesa que hace cuarenta años que no lo lee y que ya no lo tiene tan presente cuando escribe, reconoce una afinidad en la manera de entender la ficción como una red de libros, autores e infinitas referencias. Un universo en el que la literatura dialoga consigo misma y en el que las preguntas, más que ofrecer respuestas definitivas, abren nuevos interrogantes.

Más allá de la tradición borgiana, el espíritu metaficcional de Cervantes también está presente en su obra: el juego con la autoría, los narradores poco fiables y la posibilidad de que una ficción cuestione sus propias convenciones. No se trata únicamente de contar una historia, sino de explorar qué significa contarla y hasta qué punto podemos confiar en quien la narra.

El humor y la ironía

Pese a la densidad de las reflexiones que atraviesan sus libros, Vila-Matas se vale de un recurso que le permite esquivar la solemnidad y que imprime a su obra un estilo propio y reconocible: el humor, o, más concretamente, la ironía.

"El humor es algo innato, aunque con el tiempo se ha ido perfeccionando. Cuando escribo, soy irónico conmigo mismo. Comento lo que he escrito como si tuviera que responderme a mí mismo", comentaba. Vila-Matas se ríe de los escritores, de sus ambiciones, de la importancia que atribuyen a sus libros y de la propia idea de que la literatura pueda resolver los grandes interrogantes de la existencia. Y sí, también se ríe de sí mismo.

La ironía cumple, por tanto, una función intelectual: le permite tomar distancia de sus propias ideas, cuestionar sus certezas y trascender la anécdota para abordar asuntos como la identidad, el fracaso, la muerte o el sentido mismo de la escritura. Todo ello, naturalmente, sin caer en ofrecer verdades absolutas.

Aún podemos esperar más de Vila-Matas. El escritor confesaba en la entrevista que está trabajando en un nuevo libro, una mezcla de ficción y ensayo narrativo. Lo hace porque, para él, "la vida y la literatura van unidas", aunque no en el sentido romántico del término, sino como parte de su actividad cotidiana. "Para no aburrirme, construyo las situaciones como si tuviera que escribirlas", explicaba.

En esas nuevas páginas quizá encontremos también reflexiones sobre el futuro de la literatura, una de sus preocupaciones actuales. "Existe el riesgo de que cada vez se lea menos literatura y de que se pierdan el pensamiento y la razón. Mi propuesta sería volver a la Ilustración, pero, tal y como está el mundo, parece una utopía total".

Originally reported by Historia National Geographic.