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Friday, 06 November 2026
Science

Frío como el Mango Loco, por Màrius Carol

El aristócrata francés Charles de Martens publicó la Guía diplomática, en 1854, donde calificaba la diplomacia como la ciencia de las relaciones entre estados y el arte de conciliar intereses de los pueblos. En cualquier caso, habrá que convenir que no se trata de una ciencia exacta, ni siempre merece ser considerada una de las bellas artes.

Que se lo digan a Javier Milei, que ha tenido que esperar 1.061 días para poder dar la mano a Pedro Sánchez y a Felipe VI, a pesar de haber visitado ocho veces España. Ha sido con ocasión de la Cumbre Iberoamericana, que se celebra en Madrid. De todos modos, ha hecho méritos para que no lo reciban en la Moncloa ni en la Zarzuela, pues el hombre de la motosierra ha vomitado insultos al presidente del Gobierno, en cada una de sus estancias. ¿Cómo lo ha calificado? Apunten: ladrón, ladronzuelo, bandido, delincuente, corrupto, dictador, hazmerreír de Europa, arrogante, cobarde, calaña, impresentable y más sucio que una papa. Milei tampoco tuvo ningún pudor en referirse a la esposa de Sánchez como “mujer corrupta”, cuando no ha sido condenada por la justicia. Debió de faltar a clase el día que en la Universidad de Belgrano, donde estudió, hablaron de la dignidad de las personas.

Sánchez y Milei han tardado 1.061 días en darse la mano sin apenas mirarse

La distancia entre Milei y Sánchez ha marcado las relaciones entre Argentina y España en los últimos tres años. No solo son antagónicas sus soluciones políticas, sino que también sus personalidades resultan antitéticas. En favor de Sánchez, hay que decir que no se ha dedicado a replicar insultos, ni a tomar represalias.

El saludo de Sánchez fue frío como la bebida energizante de Milei, llamada Mango Loco. Apenas se miraron, pero se vieron. El mejor desprecio es no hacer aprecio. Antes, en la línea de saludo, figuraba el Rey, con quien el presidente argentino quiso parecer amable. En cualquier caso, la noche anterior estuvo desconsiderado con Felipe VI, al no asistir a la cena oficial ofrecida por el Monarca. Adujo problemas de agenda. No tenía hora con el médico, sino con Santiago Abascal, líder de Vox, que en las puertas de la campaña intenta que se le vea lo mínimo posible con un personaje que le resta más que le suma. Su encuentro pareció eso que el tango llama “saludo de ocasión”.

Originally reported by La Vanguardia.