«Hay un riesgo real de que el centro de Europa se convierta en un desierto ártico» | El Diario Vasco
La circulación meridional de retorno del Atlántico (AMOC por sus siglas en inglés) se ha convertido en uno de los grandes temas de la ciencia ... climática. Hay indicios que apuntan a que puede detenerse, y las consecuencias serían de tal magnitud que la preocupación ha trascendido ya de la esfera científica a la política en muchos países, especialmente de Escandinavia. Antonio Turiel, investigador del Instituto del Mar del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dedicó a este asunto la ponencia que abrió este jueves en Ficoba el Congreso de Cambio Climático y Litoral (Uhinak).
– ¿Qué es esto del AMOC?
– Es el brazo atlántico de una corriente oceánica que circula de norte a sur por el planeta. Es fundamental para el equilibrio térmico y la causa de que el clima europeo sea más templado y más húmedo de lo que debería por su latitud. Madrid y Nueva York están prácticamente a la misma latitud, París está a la altura de Vancouver y Europa central, en las latitudes de Canadá y la parte meridional de Siberia. Pero el AMOC lleva calor y humedad desde los trópicos y lo desprende hacia Europa.
– ¿Qué ocurriría si se para?
– Resumiendo mucho, el clima en Europa cambiaría de forma tan radical que la mayor parte se volvería inhabitable. La Península Ibérica y las regiones mediterráneas no, pero de Montpellier para arriba sería una tundra o, directamente, un desierto ártico.
– ¿Y en el resto del planeta?
– Cosas igual de malas o peores. El ecuador meteorológico, donde conectan los hemisferios atmosféricos, es la línea del planeta en la que se registran las mayores lluvias. Se iría 400 o 500 kilómetros hacia el sur. Eso quiere decir que dejaría de llover en el Amazonas, en la selva del Congo y en las fuentes del Nilo; que dejaría de caer el monzón sobre India... Hemos estimado que unos 3.000 millones de personas, un tercio de la población mundial, tendrían que dejar de vivir donde viven.
– ¿Qué ha llevado a la comunidad científica a pensar que el AMOC puede pararse?
– Hay que empezar por entender que hablamos de una corriente de agua que desplaza más agua que todos los ríos del mundo juntos y que se mueve aproximadamente a un milímetro por segundo y tarda mil años en hacer todo el recorrido. No es posible hacer mediciones directas de su movimiento que sean fiables. Sólo podemos utilizar modelos numéricos, pero no son muy fiables porque hay muchas incertidumbres en algunos parámetros; mediciones por satélite, pero funcionan a escalas muy grandes y los datos llevan mucho ruido, y la observación de los efectos derivados. En todos los casos se están viendo indicios de que se puede estar ralentizando si es que no se ha parado ya.
Paralización del AMOC
«No hay certezas pero sí indicios; dejaría de llover en el Amazonas y un siglo después 3.000 millones de personas no podrían vivir donde ahora»
– ¿Podría haberse parado?
– Nadie lo sabe, nadie tiene la certeza. Pero se está hablando de esto porque el riesgo es muy real y las consecuencias catastrófricas. En Escandinavia o en Irlanda están desarrollando iniciativas parlamentarias.
– ¿Cuánto tardarían en hacerse indiscutibles los efectos una vez que se pare?
– En unos veinte años empezarían a notarse los efectos muy claramente, y en un siglo estarían desarrollados en plenitud. Pero claro, una vez que veamos que las temperaturas en el norte de Noruega caen hasta los 40º bajo cero ya será tarde. Una vez que se para, para que la circulación se vuelva a reactivar hacen falta unos mil años. La última vez que se paró fue hace 13.000 años y tardó 1.300 en volver a funcionar con normalidad.
– Cuando se trata de un fenómeno de esa magnitud tan enorme y con inercias tan potentes, ¿hay algo que la acción humana pueda hacer para frenarlo?
– Si redujéramos de inmediato el uso de combustibles fósiles en dos tercios, por ejemplo, pues quizá podría servir. Aunque si ya se ha parado... Bueno, en cualquier caso, siempre digo que es mejor hacer un esfuerzo por no empeorar la situación, porque también está lo que está pasando con El Niño.
– Dicen que se está generando un Niño como pocos...
– Como ninguno que hayamos visto, en realidad. Hay un punto en el Pacífico en el que se controla la temperatura y sirve para estimar cómo va El Niño. La temperatura máxima se registró con el Niño de 2015-2016, que fue terrible, y fue de 2,9 grados por encima de la media. El punto máximo llega entre noviembre y enero, normalmente hacia finales de diciembre, y a pesar de eso, en ese punto del Pacífico ya se han medido 3,2 grados más. Puede acabar en entre 3,5º y 4,5º. Eso quiere decir que la temperatura media del planeta el año que viene estará unos 1,8º, quizá incluso 2º, por encima de la temperatura preindustrial. ¿Te acuerdas de cuando decíamos aquello de no superar el +1,5 grados? Pues el año que viene podemos ver los efectos de superar los dos grados. Será como un aperitivo, porque lo normal es que después de El Niño las temperaturas bajen, aunque últimamente esa bajada es muy escasa. Está siendo, prácticamente, un plano en la gráfica.
– ¿Qué podemos ver el año que viene con este Niño tan potente?
– Varios científicos y algunos ciudadanos concienciados hemos creado alertaelnino.com porque las consecuencias (temperaturas extremas, olas de calor, sequías, tormentas, inundaciones...) van a ser enormes y vemos con preocupación que las administraciones no están avisando a la población ni están tomando las medidas oportunas. Vamos a iniciar próximamente una campaña de envío de cartas a comunidades autónomas y ayuntamientos para que tomen medidas. Quedan ocho meses, sé que para la administración es poco margen, pero se pueden hacer muchas cosas y hay que actuar de urgencia.
– En esta edición de Uhinak se han escuchado voces llamando a la comunidad científica a la movilización política...
– Los científicos somos técnicos y hemos actuado como tales, trasladando el conocimiento que generamos a las administraciones, que son las que nos pagan. El problema es que no está habiendo una reacción a la altura de la gravedad de lo que estamos advirtiendo porque hay más problemas que el climático, porque hay cruces de intereses, porque no se alinean las voluntades políticas y, sobre todo, porque las medidas efectivas para luchar contra el cambio climático requieren asumir que no podemos pensar en un crecimiento infinito estando en un planeta finito. Así que quizá tengamos que empezar a informar directamente a la ciudadanía que, en última instancia, es quien nos paga el sueldo.