Oliver Ryder, biólogo: “¿Resucitar dinosaurios? Me da miedo lo que podemos lograr”
Clonar mamuts, ¿para qué?
Lo logrado por Ryder al clonar un caballo de Przewalski a partir de células vivas extraídas hace más de cuatro décadas abre horizontes que eran inimaginables cuando fue pionero en conservarlas en el zoo de San Diego. Tras la oveja Dolly en 1996, el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta, varios países iniciaron programas de clonación para salvar especies, como el hurón de patas negras en EE.UU., y aumentar su diversidad genética. El siguiente paso sería extraer ADN de mamuts congelados en el permafrost siberiano y, por ese camino, quién sabe... Habrán oído hablar de la criogenización. Pero cuando especulo al respecto, Ryder se pone serio: “¿Clonar mamuts? Emocionante. Me da miedo lo que podemos lograr, pero mi primera respuesta sería: ¿para qué?”.
¿Cómo se le ocurrió clonar especies en extinción?
Desde niño me fascinó la trastienda de la vida. Y aluciné el día que vi una célula en el microscopio y cuando el profe nos habló de la molécula de la vida.
¿El ADN?
Decidí dedicar mi vida a estudiarlo. Me doctoré en Biología Molecular y volví a emocionarme al ver cómo replican el ADN las bacterias.
¿Transforman energía en información para que la especie se adapte al medio?
Y es maravilloso ver en la molécula la estructura que lo hace posible de generación en generación. Lo investigué en la Universidad de California en San Diego. Vivía en el campo y me preguntaba: ¿qué pájaro es ese? ¿Por qué se parece sin ser igual a ese otro? ¿Y por qué se extingue?
¿Y lo estudió en el laboratorio?
El mejor laboratorio del planeta es el planeta: me hice zoólogo y me obsesioné con la extinción de los cóndores de California. Entonces conocí a un profesor de la facultad de Medicina, Kurt Benirschke...
¿Un zoólogo en Medicina?
Si no formábamos equipo, no progresaríamos. El estudio de la vida nos unió. Él investigaba los cromosomas en animales y, cuando le hablé de mi obsesión por conservar especies en peligro, me entendió.
Bien.
Y me integró en su equipo. Obtuve becas, conseguí financiación y un día me llamó para decirme que lo habían nombrado director de investigación del zoo de San Diego y me quería con él.
Una gran institución internacional.
Fue fabuloso cultivar allí células animales con todo el zoo para investigar.
¿Mejor que animales salvajes?
Esos no los puedes estudiar día a día ni tomar muestras recurrentes. En el zoo pude tomar muestras de piel y hacer biopsias; congelar células vivas, y observar su división una y otra vez. Aquello nos abrió posibilidades inmensas.
¿Así creó su banco de células vivas?
Un progreso enorme. Y un día el doctor Benirschke me llamó para contarme que iba a Europa a estudiar los caballos de Przewalski...
¿Son caballos normales?
Son fascinantes. Tienen 66 cromosomas, y los demás caballos, 64...
¿Entonces no son caballos?
¡Es lo fascinante! ¿El resto de caballos descienden de los Przewalski o los Przewalski descienden del resto de caballos?
¿Son esos équidos mongoles bajitos?
Son más bajitos y provienen de Mongolia, pero lo esencial es que se están extinguiendo y decidimos salvarlos.
¿Cómo?
Aprendiendo de ellos y de su pedigrí. A principios del siglo XX se capturaron medio centenar de potros de Przewalski, y los que quedan hoy descienden de solo una docena de aquellos ejemplares.
¿No peligra la especie por endogamia?
En efecto, están en un cuello de botella genético al perder diversidad. Así que reuní a todos los zoos con Przewalski de América y formamos una cooperativa.
¿Para qué?
Acordamos que cada vez que un Przewalski muriera me enviarían una biopsia de la piel. Yo la congelaba, y así iniciamos el primer zoo genético congelado del planeta. Animamos a fundar otros en Europa y, en 1982, en la Unión Soviética. Así que fui a Askania Nova, en Ucrania, la mayor reserva mundial de caballos salvajes.
¿Le ayudaron?
Todos nos ayudamos en aquella red mundial. Por eso hoy el zoo de San Diego conserva muestras congeladas vivas de 12.000 ejemplares.
¿Cuántas especies salvadas así?
En nuestro biobanco tenemos más de 1.300 especies animales preservadas.
¿Pueden lograr que se reproduzcan?
Un día supe de la oveja escocesa Dolly.
El primer mamífero clonado a partir de una célula adulta.
Leímos el experimento en Nature y escribimos otro artículo sobre cómo usar la clonación para salvar al Przewalski y al hurón de patas negras. Y nos llevó a colaborar con la oenegé Revive & Restore y con ViaGen, que clonaba caballos de polo.
¿También se extinguen?
Hemos desarrollado métodos para mejorar la diversidad genética de especies con pocos ejemplares. Y al fin clonamos a nuestro primer Przewalski, Kurt, en el 2020, a partir de células de un formidable semental congeladas en 1980.
Da vértigo pensarlo.
Y a un segundo clon lo llamaron Ollie en mi honor. Kurt está creciendo para convertirse en jefe de la manada. Y ya produce buen esperma.