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Tuesday, 03 November 2026
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Una psicóloga bilbaína crea una terapia alternativa para la gestión del trauma | El Correo

Santi (nombre ficticio), 45 años, empleado de banca, siente una opresión en el pecho que le asfixia. No puede ir al cine, le aterra entrar ... en sitios cerrados, sufre ataques de pánico. El accidente de coche que sufrió y en el que tuvieron que excarcelarle los bomberos fue uno de los detonantes, pero ha pasado un año ya y la ansiedad no cede. Llega a la consulta de Nuria Montejo, psicóloga bilbaína de 55 años, sin respuestas. Ella le hace pocas preguntas. No quiere que Santi hable, quiere que lo haga su cuerpo.

Es uno de los pacientes que ha probado el método NUR –que en árabe significa luz –, un enfoque psicoterapéutico desarrollado por Montejo para trabajar con el trauma y el malestar psicológico, incluidos problemas de ansiedad, depresión y somatización. La experta presentó su método en el 31º Congreso Internacional de Psicología Aplicada (ICAP 2026), celebrado en Florencia. «La terapia cognitivo-conductual es la más validada, la que nos enseñan en la universidad», explica la experta. Sin embargo, en su experiencia, cuando se trabaja con determinadas experiencias traumáticas, «hablar de lo ocurrido y comprenderlo racionalmente puede no ser suficiente para abordar todo el malestar que sigue presente».

«La persona puede entender que ya no existe un peligro, pero continuar experimentando miedo o angustia ante situaciones que le recuerdan, de forma consciente o no, a experiencias anteriores. Porque algunas vivencias difíciles pueden dejar una huella que influye en la persona incluso cuando no recuerda lo sucedido». Desde su perspectiva, «el trauma no se limita a acontecimientos como el abuso sexual durante la infancia. También puede relacionarse con experiencias de humillación, rechazo o falta de validación emocional que hayan tenido un impacto importante en el desarrollo de una persona».

No es hipnosis

Ese trauma, sostiene, «el cerebro lo encapsula pero el cuerpo lo grita». Como le sucedía a Santi. No se acordaba del episodio que se lo causó, llegó a él a través de las sensaciones corporales –la psicóloga pide a veces al paciente que identifique dónde siente la angustia: en los hombros, en el abdomen, en la 'zona del vacío' situada en la parte central del pecho... –. «No se trata de hipnosis, sino de favorecer un estado de focalización de la atención en el que la persona pueda observar sus sensaciones».

¿Con qué objetivo? «Hacer ver al cerebro que no está en peligro y llegar al trauma a través de una especie de puerta de atrás, ya que nuestro cerebro no quiere que regresemos a lo que nos provoca dolor». Mediante este proceso, durante el cual pueden aparecer sensaciones, imágenes, recuerdos y asociaciones que el paciente deberá «explorar sin imponer de antemano una explicación sobre su significado», el cuerpo llega a revivir «el momento original, el que generó el trauma que no ha disuelto».

En el caso de Santi, la exploración de las sensaciones corporales – junto con las siete estrategias terapéuticas del método– le permitió conectar con una experiencia de su infancia que, hasta entonces, no había relacionado con su ansiedad. Le guió la psicóloga con ese lenguaje evocador, como de sueño: «Expande hacia atrás, esa sensación como si fueses en un tren y cada parada fuera un momento de tu vida, olieras a ello y te vieras con la ropa. Vete a las primeras veces que sentías así… Deja que venga lo que necesite venir». Y vino.

"'Activar' al Santi adulto"

«Santi tenía 7 años cuando su padre le encerró en un armario como castigo. El episodio, que en su familia había quedado reducido a una mera anécdota, había adquirido para él un significado que no había reconocido hasta entonces. Santi pudo relacionar aquella vivencia con el miedo que experimentaba de adulto ante espacios cerrados. El cuerpo quería contarlo, de ahí las pesadillas, la claustrofobia, la ansiedad..., pero el cerebro no porque eso supondría revivir el dolor».

Pero encontrar una posible conexión con el pasado no constituye, por sí solo, el final del trabajo. En el método NUR, una de las propuestas consiste en ayudar a la persona adulta a acercarse a la parte de sí misma vinculada a aquella experiencia y ofrecerle una respuesta diferente. «En el caso de Santi, esto implicaba reconocer que el encierro había sucedido cuando era niño y que, en el presente, ya no se encontraba en aquella situación». Es decir, «trabajar con la sensación de peligro que seguía asociada a la experiencia, 'activar' al Santi adulto para que calmara al niño al que se le quedó encapsulado ese trauma porque el cerebro emocional no distingue entre pasado, presente y futuro. Para su cerebro sigue sucediendo».

Humillaciones a los 6 años

En su método, Montejo propone un recorrido de diez sesiones. Finalizadas, «Santi experimentó una mejoría de la ansiedad». También otros pacientes. «Recuerdo a una mujer que relacionó su trastorno de la conducta alimentaria con recuerdos de abuso sexual por parte de su abuelo. Y el de una chica joven que, durante una reunión de trabajo, se quedó repentinamente sin poder hablar y que en el transcurso de la terapia conectó la angustia que experimentaba en aquellas situaciones con las humillaciones vividas a los 6 años, cuando una profesora la ridiculizaba delante de sus compañeros».

Y es que, sostiene la psicóloga, «a veces, comprender racionalmente lo que nos ocurre es solo una parte del camino. La persona sabe, pero no sabe que sabe. La clave es encontrar otro lenguaje de acceso que impida que la mente proteja la información dolorosa».

Originally reported by El Correo.