España tiene un problema con su arsenal: estas son las 5 armas que necesita para la próxima guerra
Millones. Millones. Y más millones. La necesaria modernización de las Fuerzas Armadas va llegando y está siendo bien acogida por los profesionales que captan por fin un cambio de aires en el Ministerio de Defensa. Sin embargo, la nueva era de rearme no debe hacer perder de vista que otros países también están expandiendo su inversión, y que hace falta pensar en sistemas que sean realmente disruptivos en un teórico enfrentamiento de alta intensidad.
España tiene un problema con su arsenal y necesita un plan de choque para comprar sistemas que la pongan por delante de cualquier rival cercano. Estas son cinco apuestas que España necesita para estar preparada y evitar la próxima guerra.
Un avión director de orquesta
El Ejército del Aire y del Espacio ha emprendido la modernización de su red de radares de vigilancia aérea con la tecnología española de los radares Indra Lanza LRR. Pero por muy densa que sea esa red, con Escuadrones de Vigilancia Aérea (EVA) instalados en las montañas del sur peninsular y Canarias, la curvatura de la Tierra establece el límite de hasta dónde es capaz de llegar el radar. Por tanto, contar con radares de alerta temprana en aviones que no se topan con los límites terrestres y que prolongan el horizonte es necesario
España participa en el programa OTAN de adquisición de 10 aparatos del sistema Globaleye, un radar sueco Saab Erieye montado en un avión de transporte ejecutivo canadiense Bombardier. La participación española le da derecho a disfrutar de un número de horas al año de los aparatos, compartido con otros países de la alianza. Pero España necesitaría aviones propios que, en caso de crisis en el sur, vuelen largas patrullas sobre los cielos de Andalucía vigilando el espacio aéreo del Mediterráneo. Algo permite imaginar un modelo ficticio español adaptando un Airbus A321.
Estos aviones, capaces de detectar amenazas que vuelan a baja altura a más de 400 kilómetros, permitirían a España anticiparse a los movimientos de la aviación marroquí, incluidos los despegues desde bases como Kenitra o Mequinez. Además, también serían útiles como puestos de mando aerotransportados desde los que dirigir y coordinar al resto de la flota (Airborne Early Warning & Control). En estos momentos, sólo un puñado de países tienen tal capacidad en el mar Mediterráneo y todos son aliados de la OTAN. Que España se sume a un club tan selecto le daría una ventaja crucial en materia de poder aéreo.
Una fuerza de asalto anfibio creíble
Todos los escenarios hipotéticos de crisis y conflicto armado a los que se enfrenta España implican el auxilio a nuestros aliados en frentes de batalla alejados o la defensa del terreno soberano español en el eje Baleares-Estrecho-Canarias. Lo que significa que la defensa inmediata la tienen que llevar a cabo las unidades actualmente encuadradas en el Mando de Canarias (MCANA), un cuartel general dirigido por un teniente general que se desdobla como comandante del Mando Operativo Terrestre y que tiene a su cargo a todas las unidades del Ejército de Tierra de Canarias, Ceuta, Melilla y las islas Baleares.
En caso de conflicto, España pondría todas sus esperanzas en que las unidades del MCANA resistieran a toda costa mientras la Armada y el Ejército del Aire y del Espacio pelearían para mantener abiertas las comunicaciones aéreas y marítimas.
Sin embargo, el Jefe del Estado Mayor de la Defensa debería tener en su mesa todas las opciones abiertas, siendo capaz de golpear en cualquier ubicación de la costa enemiga con una fuerza de combate creíble que se abriera paso para caer sobre los flancos del enemigo, destruir objetivos vitales o crear dilemas estratégicos al comandante rival.Y eso sólo es posible con una brigada de Infantería de Marina capaz de lanzar operaciones anfibias en cualquier costa con los medios, personal y formación necesarias.
La brigada de Infantería de Marina ha languidecido en los últimos años, perdiendo medios mecanizados, estando a la cola de misiones internacionales y sufriendo escasez de personal. Una unidad que sería la punta de lanza de cualquier contraataque español debe estar en la lista prioritaria de capacidades a potenciar del Ministerio de Defensa.
Producción sin descanso
Tras años de documentos oficiales y programas de adquisición de armas cada vez más capaces, precisas y, sobre todo, caras, las guerras de Ucrania y del Golfo Pérsico han mostrado la importancia de contar con una base industrial propia capaz de producir rápidamente grandes cantidades de sistemas de armas relativamente sencillos y de bajo coste. España recibió entre 2008 y 2010 43 ejemplares del misil de crucero Taurus KEPD 350, disparados desde los aviones F-18 y Eurofighter. En 2018, una noticia sobre el programa de modernización del misil señalaba que España contaba con 39 ejemplares. Esas cifras son equivalentes al consumo de misiles crucero rusos en apenas una o dos noches.
En un supuesto conflicto que dure semanas, España necesitaría ser capaz de disparar salvas de misiles de crucero de bajo coste o drones kamikazes de largo alcance. El camino abierto por Irán, que desarrolló el dron Shahed 136 cuyo diseño compró Moscú y ‘plagió’ Estados Unidos, se ha convertido en el ejemplo a seguir por gran diversidad de países. España no debería ser menos.
Reponer los arsenales con una gran cantidad de drones kamikaze de bajo coste similares al Shahed 136 –o sus modelos más avanzados que ya entran en la definición de misil de crucero, como el Geran 5 ruso—requiere de una capacidad industrial para producirlos sin descanso.
¿Quiere drones? Pues dos tazas (y sistemas antidrones)
Los drones han sido tratados como un arma experimental que se entrega a unidades concretas para su prueba y evaluación. La velocidad a la que avanza la transformación de la tecnología y cómo está siendo incorporada por otras fuerzas armadas nos enseña que tenemos que asumir ya que los drones son un elemento más como las ametralladoras o las radios.
No son un invento prodigioso que debe estar manejado por especialistas formados y encuadrados aparte, sino que deben integrarse en secciones, compañías y batallones en función de sus características, peso y alcance. Y así, de la misma forma que hay radios tácticas y ametralladoras ligeras que carga un soldado mientras existen sistemas de comunicación satélite y ametralladoras pesadas que se llevan en vehículos, las fuerzas armadas españolas deben contar tanto con drones de ataque que se cargan en una mochila como con drones que se lanzan desde una rampa instalada en un camión.
La proliferación de los drones kamikaze de reducido tamaño y precio, y de otros que son una mezcla entre aviones de tamaño reducido como el Shahed, implica no sólo la urgencia de que España los incorpore sino la necesidad de crear un paraguas defensivo construido por diferentes apas que vaya de simples escopetas de perdigones a sistemas de guerra electrónica y drones interceptores.
Y la urgencia con la que se deben incorporar los sistemas de defensa contra drones no sólo la imprime la velocidad con la que están siendo incorporados por países de nuestro entorno, sino su presencia en los campos de batalla más diversos, desde las selvas de Colombia hasta las sabanas del Sahel. Cualquier misión de paz y estabilización en el futuro debe considerar la presencia de drones en manos de fuerzas irregulares.
Cazas de 5.ª generación
Las dudas y discrepancias entre los socios del Eurofighter provocaron que Europa llegara tarde al diseño y construcción de un avión de combate de nueva generación. No es un problema exclusivo del continente. Japón, Rusia, Turquía, Corea del Sur e India también han impulsado proyectos que han avanzado lentamente o han dependido de tecnología extranjera, lejos de los planes iniciales de independencia tecnológica. A día de hoy, en Occidente solo hay un caza de quinta generación disponible en el mercado y va camino de convertirse, si repasamos su lista de usuarios, en el auténtico avión de combate europeo: el F-35 estadounidense.
El Ejército del Aire y del Espacio ha contado tradicionalmente con una pareja de modelos de cazas avanzados para evitar dependencias tecnológicas: uno europeo y otro estadounidense. Pero esa salvaguarda se enfrenta ahora a un problema. Donald Trump, decidido a humillar y perjudicar a Europa en cada ocasión, ha hecho casi inimaginable confiar en la tecnología estadounidense. Sin embargo, los plazos de compra y entrada en servicio de estos aviones obligan a mirar más allá de los dos años que le quedan en la Casa Blanca. También debemos pensar en el mundo posterior al magnate republicano y en la posibilidad de utilizar su adquisición como una palanca para acceder a los círculos de poder de Washington. España necesita tanto un caza de quinta generación como la industria estadounidense demostrar que es un socio fiable para Europa.
Al mismo tiempo, nuestro país debe también lanzar un mensaje a Francia y Alemania de que la nueva política de “comprar europeo” no es un cheque en blanco, especialmente cuando vemos a la propia Alemania comprar aviones F-35 y P-8 a EEUU.
La compra de F-35 para el Ejército del Aire y del Espacio no debe plantearse como una sustitución de un avión por otro, reemplazando los 72 F-18 del programa FACA por otros tantos F-35. Los cazas de quinta generación han demostrado ser multiplicadores de fuerza. Un puñado de ellos puede abrir brechas en las defensas antiaéreas enemigas y compartir grandes cantidades de información con el resto de aeronaves, contribuyendo a decantar el resultado de una batalla aérea.
Una adquisición que debería acompañarse con la compra de un escuadrón de F-35B para la Flotilla de Aeronaves de la Armada, de modo que el poder aeronaval español sea verdaderamente resolutivo.
El futuro campo de batalla tras el plan de choque
Un plan de choque como el aquí expuesto nos permite imaginar un conflicto armado de alta intensidad en que el espacio aéreo en torno a España es vigilado por aviones de alerta temprana que coordinan las operaciones aéreas. Cazabombarderos de quinta generación F-35A abren brechas en las defensas aéreas enemigas con su armamento inteligente de largo alcance y comparten información con aviones modernizados de generaciones anteriores como los Eurofighter del programa Halcón. Los objetivos más importantes son destruidos con armamento inteligente de largo alcance, pero hay toda una serie de blancos ‘blandos’, desde depósitos de combustible hasta antenas de comunicación, golpeados por misiles de crucero de bajo coste y drones kamikaze producidos en España.
Las fuerzas que defienden el territorio español realizan un considerable esfuerzo sometidas a los ataques enemigos, pero España puede lanzar contraataques anfibios, destruyendo objetivos en la costa enemiga, causando dilemas estratégicos a un enemigo que tiene que atender una amenaza inesperada y sobre todo, afectando al esfuerzo principal del enemigo. Todo esto es el resultado de un puñado de planes de compra que tienen un solo objetivo: que las fuerzas armadas sean más letales y prevalezcan en el campo de batalla actual.
Millones. Millones. Y más millones. La necesaria modernización de las Fuerzas Armadas va llegando y está siendo bien acogida por los profesionales que captan por fin un cambio de aires en el Ministerio de Defensa. Sin embargo, la nueva era de rearme no debe hacer perder de vista que otros países también están expandiendo su inversión, y que hace falta pensar en sistemas que sean realmente disruptivos en un teórico enfrentamiento de alta intensidad.
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