Cambio de hora: quién gana y quién pierde con el horario de invierno
Niños, adolescentes, adultos, mayores y mascotas no viven igual el retraso del reloj. La ciencia encuentra ventajas en la hora extra de sueño, pero también dificultades para quienes tienen horarios rígidos o un reloj biológico menos flexible. Este domingo 25, a las tres de la madrugada volverán a ser las dos en la Península. España recuperará el horario de invierno y, sobre el papel, todos ganaremos una hora.
Pero el reloj –el que llevamos en la muñeca, el del salón o el de la tele– no es el único que cuenta: nuestro organismo se guía también por la luz, los horarios de sueño y las rutinas. Y ahí empiezan las diferencias. Una revisión publicada este año en «European Journal of Epidemiology», que analizó 157 estudios de 36 países (incluyendo España) concluye que los cambios horarios no son uniformemente perjudiciales… pero tampoco beneficiosos. El retroceso otoñal puede aumentar el sueño y se ha relacionado con algunos resultados favorables, aunque los efectos dependen de la población y del indicador estudiado.
Empecemos por el principio entonces. Los niños pequeños suelen tener rutinas de sueño relativamente estables, por lo que el cambio de una hora puede notarse en las comidas, el despertar o la hora de acostarse. Sin embargo, no hay pruebas sólidas de que el retroceso otoñal provoque por sí mismo un deterioro generalizado del rendimiento escolar. Un estudio de más de 22.000 alumnos de seis países europeos (Dinamarca, Finlandia, Lituania, Noruega, España y Suecia) no encontró reducciones estadísticamente significativas en los resultados de matemáticas, ciencias o lectura durante la semana posterior al cambio de primavera. Eso no significa que todos los niños se adapten igual, sino que no conviene convertir una alteración horaria breve en un perjuicio universal.
Los adolescentes, en cambio, figuran entre los grupos más vulnerables a los cambios que obligan a madrugar. Durante esta etapa el reloj biológico tiende a retrasarse: muchos jóvenes sienten sueño más tarde y necesitan dormir por la mañana.
En un estudio con alumnos de instituto, el adelanto de la hora en primavera se asoció con una pérdida media de 32 minutos de sueño por noche durante los días lectivos posteriores, además de mayor somnolencia y peores resultados en pruebas de vigilancia. Otro análisis, publicado en «Sleep Medicine», señala que el aumento de la somnolencia podía persistir hasta la tercera semana, especialmente entre los alumnos de mayor edad y los llamados cronotipos vespertinos (más conocidos como búhos), más activos por la tarde y la noche.
En otoño, sin embargo, el balance es diferente: atrasar el reloj permite levantarse una hora más tarde según el horario oficial, sin necesidad de acostarse antes. Eso puede facilitar la adaptación de los adolescentes, aunque no garantiza que duerman más si retrasan también la hora de acostarse o mantienen sus hábitos de fin de semana. Así, la ventaja es potencial, no automática.
Para el tercer grupo, los adultos, la hora adicional puede traducirse en una noche algo más larga. Un análisis de datos de actividad de 11.780 participantes del UK Biobank (información sanitaria de medio millón de británicos), de entre 43 y 78 años, descubrió que el día del cambio otoñal durmieron, de media, 33 minutos más que el domingo anterior y 38 minutos más que el siguiente. Pero el resultado no significa que todos aprovecharan íntegramente la hora ganada: se trata de un promedio poblacional, y la duración del sueño no explica por sí sola su calidad. Nuevamente y, al igual que en el caso de adolescentes, depende de nuestras costumbres.
Finalmente, entre los humanos tenemos a los mayores de 65 años, quienes podrían tener un balance menos favorable de lo que sugiere el reloj. Con la edad, el sueño suele hacerse más ligero y fragmentado, y el ritmo circadiano tiende a adelantarse: algunas personas se acuestan y despiertan antes. En el análisis del UK Biobank, los participantes de más edad y los jubilados durmieron menos durante los días laborables posteriores al cambio otoñal que antes de este. Los autores plantean que adaptarse a la nueva hora de despertar podría resultarles más difícil, aunque reconocen que hacen falta más estudios. Por tanto, no se puede afirmar que todos los mayores salgan perjudicados, pero sí que la hora extra no garantiza un descanso mejor.
En síntesis, a los humanos nos afectará positiva o negativamente dependiendo de nuestras costumbres individuales y no del hecho de formar parte de un grupo de edad o género.
Las mascotas, por otra parte, tienen la ventaja de no consultar el reloj, pero sí aprenden cuándo llega su comida, cuándo se abre la puerta y a qué hora sale su compañero humano de casa. Por eso, el cambio puede alterar sus rutinas, aunque la investigación directa todavía es escasa y se concentra sobre todo en perros.
Mascotas y rutinas
Un estudio publicado en PLOS ONE midió la actividad matutina de 25 perros de trineo y 29 perros de compañía durante el cambio otoñal en Canadá. Los perros de trineo, sujetos a horarios estrictos, estuvieron más activos antes de la llegada de sus cuidadores el primer día y necesitaron aproximadamente una jornada más para adaptarse. En los perros de compañía, por su parte, no se detectaron cambios significativos en la actividad matutina, pese a las variaciones en los horarios humanos. Los autores concluyeron que las rutinas flexibles podrían facilitar la adaptación.
¿Y los gatos? Aquí hay que ser más prudentes: faltan estudios específicos que permitan cuantificar cómo les afecta el cambio de hora. Como otros animales, responden a señales ambientales y a rutinas aprendidas, de modo que modificar de golpe el momento de la comida o de abrirles la puerta puede alterar sus hábitos. Pero no sería riguroso afirmar que sufren necesariamente más que los perros o que necesitan un número concreto de días para adaptarse.
La medida más sensata para ambos animales es desplazar poco a poco los horarios de comida, paseo y juego durante varios días, en lugar de imponer un salto de una hora de golpe. Así, la transición del calendario será menos brusca para quienes comparten nuestra casa.
El balance final no se reduce a una lista de ganadores y perdedores. Los adolescentes que madrugan, los mayores con sueño fragmentado y los animales sujetos a horarios rígidos pueden encontrar más dificultades; sin embargo, otros adultos y mascotas con rutinas flexibles apenas notarán el cambio. La hora extra existe en el reloj, pero aprovecharla depende de algo más complejo: la capacidad de nuestro organismo para acompasar sus ritmos a una decisión humana.